Venta de drogas
Sábado 31 de Marzo de 2018

Con balaceras y venta de droga, el barrio 4 de Junio se convirtió en la zona más caliente

Apuntan a un grupo que se estableció en la zona de calle Francia pasando Circunvalación. Vecinos piden solución para volver a vivir tranquilos

Cuando se escuchan corridas, los vecinos ya saben que en cualquier momento le siguen los tiros. Sin importar quién está al lado, los pistoleros entran y salen cargando sus armas para ir a enfrentarse a tiros con sus oponentes del otro lado del barrio. El panorama de impunidad se agrava con la venta de droga al menudeo casi sin disimulo: "Estamos en lo del Narigón", pusieron en un cartel para avisarles a los clientes dónde debían dirigirse para comprar. El barrio 4 de Junio (calle Francia pasando Circunvalación hacia el este) se ha transformado en tierra de nadie desde hace tres meses, según apuntan vecinos que expresaron su indignación y temor, desde que se asentó un grupo que llegó echado de otro sector de la ciudad de Paraná, y a su vez se alió con unos santafesinos, también corridos de la vecina capital, no menos problemáticos.
"No te das una idea de lo que es, acá teníamos otro tipo de vida, desde las Fiestas que están y han hecho desastres", introdujo uno de los vecinos que decidió hablar con UNO, lógicamente en forma anónima, para hacer pública la situación que están viviendo, ya que de otro modo no han tenido una respuesta eficaz.
Dieron sobrados ejemplos: "Pasan cargando un 38 por acá"; "Me levanté a las 5.30 para ir a trabajar y se armó un tiroteo con los de allá"; "Nos pusimos a hacer un asado y se paraban ahí nomás cargando las pistolas, y las prueban en el fondo de la casa".
Afirman que se trata de unos siete u ocho jóvenes de entre 15 y 20 años que fueron expulsados del barrio Santa Lucía, donde habrían ocasionado conflictos, y a su vez se juntaron con otras personas oriundas de Santa Fe, que ya eran problemáticas. Se establecieron al final de un pasillo al que se ingresa por una cortada sin nombre, a unos 50 metros de calle Francia. Están enfrentados con un grupo que vive "del otro lado" del barrio y los motivos de la disputa podrían estar relacionados a la venta de drogas, pero creen que más que nada es por ver "quién es más heavy".
"Siempre están zafando", lamenta un hombre y cuestiona que pese a los llamados al 911, no hay una intervención policial o judicial de fondo para pacificar la zona. Una vez, incluso, los efectivos que intentaron detener a dos de los denunciados en calle Francia, quienes se resistieron les dijeron quién había llamado. Ese vecino vivió amedrentado durante dos semanas.
"Iba a ir a Fiscalía –dijo– pero tengo que dar mis datos... Iría a hacer una denuncia colectiva, pero ¿quién me da un respaldo?".
Hasta salir o volver a casa resulta un problema: "Más de una vez a la noche me da miedo llegar, por una bala perdida de un tiroteo. Van a terminar matando a alguien", comentó otro vecino. También refirieron una agresión a una pareja, donde el hombre terminó baleado y la mujer golpeada en la cabeza.
"Hacía rato que no había quilombo en el barrio, la mayoría de los que ocasionaban los problemas están presos. Esos pibes jamás me molestaron, los choques eran entre ellos", contó, y otro hombre agregó: "El problema es que esto es una bola de nieve, van a matar a un gurí, si no los parás ahora, ¿después cómo hacés?".
La comisión vecinal está acéfala desde que metieron preso al presidente por un hecho ocurrido hace un tiempo. Al parecer, el hombre intercedía y lograba que los violentos no molestaran. Entonces, ya no hay una vía por donde manifestar los reclamos.
La venta de droga ha generado malestar por el movimiento constante de clientes en algunos lugares, que llevó a que vecinos debieran tomar medidas de seguridad por temor. Sobre todo quienes tienen herramientas de trabajo u otros elementos y los dejaban siempre afuera, ahora los deben resguardar. "Este era un lugar tranquilo, no tengo candado, ahora tengo que poner candado, arreglar la cerradura", comentó uno de ellos.
Otra consecuencia de esta situación es que ha afectado a quienes trabajan en el barrio, ya que los clientes lo piensan dos veces antes de entrar. "Se me han cortado un montón de laburos, ya era vidrioso entrar, pero no había problemas. Ahora perdí muchos trabajos", lamentó un vecino.
Si bien las balaceras eran más los fines de semana, en los últimos días cualquier noche se escuchan los tiros. El miércoles, por ejemplo, alrededor de las 23, se sintieron unos 30 disparos.

Pasado y presente
Uno de los primeros hechos que marcaron al barrio 4 de junio como territorio de narcos fue el secuestro de 400 kilos de marihuana (decían que había 500), el 5 de agosto de 2014, que estaban guardados en un precario rancho donde vivía una familia. Se habló de que era un cargamento del Tavi Celis (apellidos y parentescos lo confirmarían tiempo después), lo que llamó la atención ya que se comentaba que esa zona era un territorio dominado por allegados a Petaco Barrientos, su histórico rival.
La disputa comenzaba a notarse y los tiroteos ya estaban a la orden del día. Pocos días después, el 16 de agosto, mataron a balazos a Gabriel Mena, un albañil de 20 años, cuando desde una moto pasaron y abrieron fuego. Los acusados fueron directamente relacionados a la venta de droga y señalados de "podrir" el barrio.
En marzo de 2017, Miguel Chino Vega, quien se había convertido en el hombre fuerte del barrio, le dio un arma a un menor para que matara a balazos a Eduardo Torrilla. Hace poco lo condenaron a 12 años de prisión por ese hecho producido aparentemente por el robo de una tablet. Vega demostró su chapa de bravucón al amenazar de muerte a los fiscales tras la sentencia.
Luego de un tiempo de tranquilidad, la violencia recrudeció. Según fuentes policiales consultadas por UNO, en las balaceras de los últimos meses aparecen nombres conocidos, sucesores de quienes están presos, y otros nuevos.
La polvareda que invade el ambiente por la broza de calle Francia, es solo la presentación de un barrio olvidado, donde las familias que lo habitan, construyen y sostienen a fuerza de trabajo, esperan una intervención del Estado para frenar la violencia, pero también para resolver otras necesidades que están a la vista.

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