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Femicidios

A 10 años de los primeros dos femicidios de la década, cuando las leyes eran laxas y ni se hablaba de prevención

El 7 y 13 de enero de 2010 fueron asesinadas Cecilia Prediger y Mariana Steinbrecher. Más de 100 mujeres fueron víctimas en los siguientes 10 años. Las historias.

Sábado 11 de Enero de 2020

La década pasada comenzaba en Entre Ríos con dos femicidios, aunque por entonces pocos llamaban como tal a esos crímenes de género. Las leyes, como sucede siempre, estaban muy por detrás de los acontecimientos y eran leves para los asesinos. Las luchas de las mujeres han cambiado tanto la historia que leer en las noticias de sólo 10 años atrás “un hombre afectado por los celos” y “caso pasional”, se percibe como una falta de respeto hacia las víctimas. Los femicidios de María Cecilia Prediger, de 28 años, y de Mariana Gabriela Steinbrecher, de 40, ocurridos el 7 y 13 de enero de 2010, en Concepción del Uruguay y General Ramírez respectivamente marcaron el inicio de una década que terminaría con más de un centenar de mujeres asesinadas en la provincia (aunque parezca mentira, aún no hay cifras oficiales).

Matías Manuel Alesseff, de 31 años, llamó por teléfono a su expareja María Cecilia Prediger, con quien tenía una hija. Era una calurosa tarde aquel 7 de enero de 2010, cuando se encontraron en una casa del barrio Cantera 25, de Concepción del Uruguay. Luego de lo que ocurrió en ese momento, testigos contarían que el hombre afirmaba que la mujer “si no era para él, no era para nadie”. Se habían separado y ella estaba iniciando una nueva relación. La agredió con una pala en la cabeza y otras partes del cuerpo, y la víctima falleció en el acto.

Alesseff fue llevado a juicio a fines de ese mismo año. Intentó atenuar la imputación y dijo que era víctima de un constante desprecio por parte de su exesposa, como si ese argumento valiera para explicar el ataque. Agregó que cayó en un estado de depresión porque ella no le dejaba ver a la niña y eso también lo desesperaba. “Se burló de mí. No sé qué pasó, se me puso la mente en blanco y cuando volví a reaccionar vi la sangre y a la nena llorando. Me fui a la casa de mi madre, y como no estaba regresé y me entregué a la Policía”, dijo Alesseff.

El 31 de noviembre de 2010, la Cámara del Crimen de Concepción del Uruguay hizo lugar al pedido de la Fiscalía y la querella, y condenó a Alesseff a prisión perpetua, por el delito de Homicidio agravado por el vínculo y alevosía.

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Seis días después del femicidio de Prediger, en General Ramírez, Departamento Diamante, ocurría el segundo homicidio del año, y también una mujer era víctima de la violencia machista extrema.

Omar Waigandt, de 33 años, interceptó en plena vía pública a Mariana Steimbrecher. Minutos antes ambos habían discutido en la casa de calle Cepeda porque hacía poco que se habían separado y el hombre no quería aceptar la decisión de la mujer. Mariana se fue y a las pocas cuadras Waigandt la cruzó, empuñando un cuchillo tipo serrucho. Le asestó seis puñaladas. La víctima quedó tirada en la esquina de Moreno y Berutti, con heridas en el rostro, el cuello, el tórax y el abdomen. Una ambulancia trasladó a Mariana a un sanatorio de Crespo, donde quedó internada con lesiones reservadas, y pocas horas después falleció. El episodio había sido el último de una serie de hechos violentos que configuran la violencia de género, como persecuciones y hostigamientos verbales y psicológicos permanentes, principalmente a raíz de la separación. Las denuncias no habían sido suficientes para evitar este final.

Mariana era docente y secretaria gremial de la filial Ramírez de Agmer. El sindicato la recordó en el congreso realizado un mes después del hecho, “como víctima de la violencia contra la mujer”. Menos de un año antes del femicidio, la mujer había sido entrevistada por la revista Telaraña, donde recordó la relación con su primer esposo, quien se suicidó después de balearla y dejarla por muerta. “Pasé una adolescencia muy ligada a la Iglesia Católica, tenía una mentalidad muy conservadora. Me puse de novia a los 15 y a los 17 años me casé, cumplía todos los mandatos que se me imponían desde la religión. Ahora sé que la violencia se instala en los noviazgos, pero antes pensaba diferente”, relataba Mariana, que tenía cuatro hijos.

Waigandt fue imputado por Homicidio simple. Como no estuvo casado con la víctima, y como aún no existía el agravante del delito por violencia de género ni por relación de pareja, zafó de una condena de prisión perpetua. En un juicio abreviado aceptó cumplir 17 años de prisión, por lo que pronto comenzará a tener salidas socio familiares o laborales.

Nueve meses antes de estos dos femicidios había sido sancionada y promulgada la Ley nacional Nº 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. Y pasaron dos años y medio entre esta y la adhesión a dicha ley en Entre Ríos.

Aunque recién en mayo de 2019 se anunció la reglamentación de la Ley provincial Nº 10.058. Como ocurre habitualmente, entre que se dicta una norma y se instrumenta su cumplimiento, hay un largo trecho. Sucedieron, a lo largo de la década pasada, numerosos casos de violencia de género, denunciados por las mujeres en sedes policiales y judiciales, que no recibieron la respuesta a tiempo. Algunos terminaron en femicidios. La Unidad Fiscal de Violencia de Género y Abuso Sexual, unos años después, permitió aceitar los mecanismos de acción y prevención, al menos en Paraná.

A fines de 2012 se promulgó la Ley nacional Nº 26.791, llamada Ley de Femicidios, que modificó el Código Penal e incluyó en los agravantes del delito de homicidio que merecen la prisión perpetua, la relación de pareja, actual o pasada, y cuando mediare violencia de género, entre otros.

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