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Caso Gabriel Insaurralde

A 10 años del crimen: Un testigo dijo que Insaurralde estaba amenazado

Hubo nuevas medidas y algunas sorpresas en la causa por el homicidio impune del locutor de Paraná. La familia aún espera Justicia por Gabriel

Sábado 19 de Octubre de 2019

Diez años después, la familia de Gabriel Insaurralde intenta convivir con el dolor de la pérdida sumado al de la impunidad. Ayer, en un día tan especial, al cumplirse una década del día en que el locutor de LT 14 desapareció, su hermana María Elena recibió a UNO en su casa. Recordó a su mellizo, el cariño, la amistad y el esfuerzo que le ponía a todo, así como su alegría por haber llegado a la radio donde soñó trabajar. Gracias a ella, la causa judicial por el homicidio ha tenido movimientos en los últimos años. Así lo confirmaron también en el Juzgado de Transición donde se tramita el expediente: “La causa nunca estuvo parada, hubo muchas medidas, sobre todo pedidas por la querella”, informaron en una ventanilla de Tribunales.

El lunes 19 de octubre de 2009, Gabriel fue a trabajar en el turno nocturno que cubría en la emisora estatal, y después no se supo más nada de él. Pasaron siete días, hasta que encontraron sin vida en un aljibe ubicado a 205 metros de distancia de su vivienda de calle Balbín, en la zona este de Paraná. Gabriel tenía 41 años.

Oficialmente hubo desde el inicio de la investigación varias hipótesis y ninguna se pudo corroborar. Los sospechosos que fueron apareciendo quedaban descartados al resultar negativos los cotejos de ADN. Las pistas se agotaban a poco de andar. Se descartó el robo como móvil del crimen, ya que había dinero (unos 5.000 pesos guardados detrás de un cuadro). Pasaron cuatro jueces por la causa: el primero fue Carlos Ríos, luego Mauricio Mayer, le siguió Gabriela Garbarino y ahora está a cargo el juez de Transición Gustavo Maldonado.

Ahora, luego de las nuevas medidas dictadas en los últimos años, también se sabe que hubo errores, algunas impericias que no dejan de generar suspicacias, así como nuevos testigos que podrían darle otra orientación la investigación, ya que apuntaron que la víctima estaba amenazada. Algunos de estos nuevos puntos del expediente que fueron aportados a UNO se detallan a continuación.

Pese a que pasaron 10 años del asesinato de Insaurralde, podría decirse que recién hace dos meses se sabe con mayor rigor cómo murió. Desde el día que hallaron su cuerpo en un aljibe cerca de su vivienda y se informó el resultado de la autopsia, se había afirmado que la causa de la muerte de Gabriel era asfixia por estrangulamiento. Sin embargo, en agosto de este año, uno de los médicos forenses fue citado a declarar y aclaró que tal mecánica pudo existir en el ataque inicial que sufrió la víctima, pero que podría haber muerto por la inmersión en el pozo de agua: en su estómago había los restos de vegetales y barro.

Es decir que habría estado vivo cuando lo tiraron al aljibe, lo cual cambiaría la carátula por agravantes al delito. A su vez, fue citado a dar testimonio otro forense, quien refirió, ante una pregunta puntual, que la víctima presentaba desprendimiento de piel en las muñecas.

Memorias borradas

Una de las primeras medidas que solicitó la querella fue conocer el contenido de la computadora personal de Gabriel, que fue secuestrada. En noviembre de 2009, cuando se peritó, se hallaron 1.400 archivos que fueron grabados en un DVD. Ahora, al revisarlo, resulta que estaba completamente vacío. Entonces, solicitaron que se analice la computadora nuevamente para recuperar los archivos. En enero de este año, desde la Dirección Inteligencia Criminal de la Policía provincial, se informó que el disco rígido se encuentra dañado y que resulta imposible su lectura. Entonces, el material que había en la máquina se perdió para siempre.

También fue secuestrada una cámara de fotos Olympus que tenía Insaurralde en su casa. El contenido de la memoria que hallaron los peritos había sido pasado a un CD-R, pero en 2017, al solicitarse conocer su contenido, este soporte de almacenamiento también apareció vacío.

Más raro fue, según la declaración de un investigador, lo ocurrido con computadoras que debían ser analizadas para encontrar información. Se trata de máquinas a las que Insaurralde tenía acceso frecuente, y cuando la Policía fue a revisar su contenido, este había sido borrado, lo que generó dudas sobre quien dio la orden.

Mails, Facebook y celular

En el análisis inicial de la cuenta de correo electrónico de Gabriel, los investigadores señalaron ocho direcciones de Hotmail con quienes la víctima habría tenido conversaciones por esa vía, que serían de interés para la causa. En diciembre de 2016, se solicitó a la empresa conocer la titularidad de esas ocho cuentas. La respuesta sorprendió: todas fueron eliminadas o no existen.

Algo más extraño sucedió con la cuenta de Facebook de Insaurralde. Al poco tiempo del asesinato, según contaron allegados a la víctima, comenzaron a ser borradas muchas fotos que había publicado, misteriosamente, incluso álbumes enteros de fotos. En 2017, la Justicia pidió a Facebook el contenido de la cuenta y el informe que se recibió fue que la misma había sido eliminada.

Respecto de la línea de telefonía celular de Insaurralde también hay cosas que no cierran. Se pidió a la empresa Personal conocer los movimientos de la misma desde un mes antes de la muerte de Gabriel hasta 2016, y la respuesta fue que “no resulta posible brindar tal información”. Se trataba de la línea terminada en 792 de un celular de la víctima que nunca fue encontrado.

Errores y más dudas

Los tejidos extraídos del cuerpo de la víctima en la autopsia no se pudieron analizar para saber si la víctima había ingerido o le habrían suministrado alguna sustancia tóxica. Resulta que el aparato para realizar los análisis toxicológicos (cromatógrafo gaseoso-espectómetro de masa) estaba roto.

Por esto, ante el nuevo impulso que se le estaba dando a la causa, en noviembre de 2017 se pidió un examen de las muestras para la “búsqueda de psicofármacos, drogas de abuso y tóxicos de interés médico legal”. Cuando fueron a buscar esos tejidos para tales estudios, se informó que habían sido destruidos. En una resolución del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, se ordenaba la destrucción de las muestras con antigüedad mayor a dos años, salvo aquellas que se solicite su reserva. Pero, según se informó, al Juzgado que tenía a cargo la causa del homicidio de Gabriel no llegó esta información, por lo que las muestras se perdieron para siempre.

Algo más grave desde el punto de vista de la protección de las pruebas sucedió en torno a unas evidencias claves que podrían haber arrojado información relevante. En septiembre de 2017 un médico forense sugirió que se analice el PSA (antígeno prostático específico) hallado en un pantalón. También, pelos que había en una soga.

Así se dispuso, y la respuesta del laboratorio forense fue que en la soga y en el trozo de tela no se halló material suficiente para obtener un perfil genético, pero aclararon, con mayúsculas, que ambas evidencias llegaron sin la cadena de custodia.

Por otro lado, el año pasado se pidió la búsqueda de rastros en las uñas de la víctima. El forense que tuvo a su cargo tal tarea informó, en agosto de 2018, que las “falanges remitidas por Criminalística se hallan hace nueve años conservadas en formol, lo que hace imposible un estudio de ADN, porque el formol desnaturaliza la cadena de ADN”.

Hace dos años surgió un testimonio en la causa que planteó dudas sobre la versión inicial de que Insaurralde fue asesinado y arrojado al aljibe el mismo 19 de octubre que desapareció, y que su cuerpo permaneció allí hasta el 26, cuando fue hallado. Se trata de un buzo, ya retirado, que trabajó en el rescate del cuerpo. El hombre, con 30 años de experiencia, fue citado a dar testimonio en 2017, y dijo: “Lo que sí puedo decir es que el cuerpo no habría estado mucho tiempo ahí, porque si no tendría que estar mucho más descompuesto”, y planteó que, según su observación, estuvo en el aljibe “tres días como mucho”.

Amenazado

El testimonio que puede abrir una nueva línea en la investigación en la búsqueda de un sospechoso, surgió recién a inicios de 2017. Se trata de un compañero de trabajo de Insaurralde, quien compartió tres años en LT 14, donde ya no trabaja más hace bastante tiempo. El hombre recordó una conversación que mantuvo con Gabriel, poco antes de su muerte. El locutor le contó que era homosexual, a lo cual su compañero le dijo que no tenía que darle ninguna explicación al respecto. Pero el comentario era para contarle que mantenía una relación con un integrante de una fuerza de seguridad, varios años mayor que él. Como este uniformado no iba a dejar a su familia por él, Gabriel inició una nueva relación con Diego, un joven que fue pareja hasta su muerte. Esto habría enfurecido a aquella expareja. Gabriel le dijo que tenía miedo, porque estaba amenazado; que no podía decirle quién era ese hombre ni en qué fuerza trabajaba, y que por eso mismo no quería hacer la denuncia.

El compañero de trabajo también declaró, hace dos años y medio, que un auto negro con vidrios polarizados lo seguía. Algo muy parecido a lo que le contó a una amiga, que dio su testimonio luego de aquel hombre, en 2017: “Vos sabés que hace unos días me está siguiendo un auto negro con vidrios polarizados, se para cerca de mi casa”, recordó la mujer sobre lo que le refirió su amigo.

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