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Victor Soto, el campeón que brinda sin alcohol

Víctor Soto integró el plantel de Patronato que en 2010 conquistó el Argentino A. Retirado del fútbol trabaja como operario en una fábrica de gaseosas.

Domingo 24 de Mayo de 2020

La pelota ya no es una de sus herramientas de trabajo, sino el canal que le permite distenderse en los momentos y espacios de descanso. El fútbol forma parte del pasado y del mejor recuerdo de Víctor Soto, el defensor que llegó a Paraná a mediados de 2009 para sumarse al plantel de Patronato. En barrio Villa Sarmiento es recordado por haber formado parte del plantel que se consagró campeón Torneo Argentino A en la noche del 19 de mayo de 2010, jugó la primera temporada del Rojinegro en la B Nacional.

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Cerró su ciclo en la capital entrerriana para asumir nuevos desafíos en otros destinos. Visitó a su ex equipo con la camisetas de Gimnasia de Jujuy, Douglas Haig de Pergamino y Brown de Adrogué. Cada vez que regresó al Grella recibió el calor del Pueblo Rojinegro. Hasta un grupo de hinchas le realizaron una bandera enviándole un mensaje de agradecimiento por su paso por la entidad.

Soto finalizó su etapa de futbolista a inicios de 2019. “No quise seguir jugando porque las propuestas que recibí fueron del interior y mi señora no me quiso acompañar más. Mi hijo comenzó el colegio y es entendible. El nene se gestó en Jujuy, nació en Pergamino y creció en Adrogué. Al momento de poner en la balanza ciertas cosas tira más la familia”, explicó Soto, en diálogo telefónico con Ovación desde Vicente Casares, una pequeña localidad perteneciente al partido de Cañuelas.

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“Estuve un tiempo parado sin hacer nada y había que cambiar la forma de pensar porque era muy difícil volver a jugar por el hecho que las propuestas eran del interior y por Buenos Aires los colegas me contaban que estaban dos, tres meses abajo. Y la verdad que no quería renegar con ese tema porque sufre mucho la familia. Nosotros entrenamos, nos descargamos, pero cuando llegamos a casa la familia pregunta ‘¿cuándo cobran’. Eso es lo malo”, confió.

Soto despuntó el vicio en un torneo intercountry. Compartió equipos con Agustín Pelletieri, Mariano Campodónico, Sergio Sena, Peter Alfonso (exproductor de Marcelo Tinelli) y dos grandes amigos: Diego Mastronardi y Joaquín Jordán.

Fuera del ámbito rentado, Soto encaró un nuevo reto. Se propuso continuar su vida laboral en otro escenario. Se insertó en un nuevo rubro. Desde hace un año trabaja como operario en la fábrica de una importante gaseosas que ganó terreno y popularidad en la última década. “Hoy en día estoy trabajando en una fábrica de gaseosas. Lo conocí por intermedio de Joaquín Jordán. Fui a hablar de trabajo con Walter Cánido, el dueño. Terminamos hablando 10 minutos de laburo y una hora y media de fútbol de los cuales sacamos conocidos en común, como excompañeros de equipo”, subrayó.

De esa manera se calzó el traje de operario. “Estoy en el sector donde empaquetan las botellas. Se llama horno. La línea comienza en la sopladora que es de donde se hace la botella. Después pasa por la etiquetadora. De la etiquetadora va a llenadora. Después al horno y de ahí sale al depósito para la venta. Estamos con otro compañero encargado del sector, verificando que las cosas salgan bien porque de ahí sale a la venta”, resaltó.

En su nuevo trabajo Soto inició de cero. La camaradería y cooperación de sus compañeros de la fábrica fue determinante para que el ahora exfutbolista se familiarizara con nuevas herramientas laborales. “Cuando elegí cambiar, elegí para bien porque no me costó haberme alejado del fútbol y haber ido hablar con el dueño de la gaseosa a quien agradezco. También le agradezco a Javier Cardozo que es la persona que me enseñó lo que yo sé. Con eso que me enseñó él, hoy me puedo defender. Cada día voy mejorando y aprendiendo cada vez más”, aseveró.

Soto encaró este desafío de la misma manera que inició cada etapa en su ciclo como deportista de alta competencia. “Era un reto para mí. Y lo tomo de esa manera. Fueron 17 años en el fútbol y de un día para otro encontrarme en un mundo distinto como el de la gaseosa Manaos, que ha crecido mucho y cada día crece más y manejando una y supervisando una máquina era de mucha intriga. Lo veía a Javier que manejaba la máquina y quería hacer lo mismo”, contó.

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Soto sabía que asumía una responsabilidad enorme. “Pero fui sincero de entrada”, aclaró. “También les agradezco a los supervisores porque cuando me preguntaban si sabía algo de máquina les dije que no sabía nada. A otro encargado también le dije que no. Pero eso no quitaba que podía aprender. Les advertí que le iba a poner las mismas ganas y la misma pasión que en otro trabajo”.

Desarrollar el trabajo como operario en la fábrica fue un gran reto para Víctor. “Quería ver si podía hacer otra cosa fuera del fútbol. Hoy se que puedo y mañana si quiero dirigir o hacer otra cosa se que lo voy a poder hacer. Fuera del fútbol podré hacer otras cosas. Ese era mi reto. Tengo compañeros y amigos que han dejado de jugar y le ha costado mucho. La han pasado mal. Yo decía que, cuando deje de jugar, quería ver si podía hacer algo ajeno al fútbol. No me capacitaron, pero me enseñaron muy bien”, agradeció.

Se adaptó.

Víctor Soto trabaja 12 horas diarias, de lunes a jueves. Sus turnos son rotativos. Dos semanas forma parte del turno matutino. Los siguientes 15 días se desempeña en el nocturno. “Te acostumbrás”, aseguró La Fiera. “Una vez que estás adentro y ves las enormes maquinarias no te importa si es de día o de noche. Lo único que querés es ir prendiendo cada vez más máquina”, añadió.

“Trabajamos de lunes a jueves cuando hay poca producción. En temporada alta trabajamos hasta fin de semana, pero con el rédito de obtener buenos beneficios. Eso es lo importante. Pero más allá de poder ganar o no, como sucedió en el fútbol, no me fijo en la plata porque la plata se termina. Ayuda, pero lo que queda es hacer un buen trabajo para que, en el día de mañana, te sigan considerando como persona y después que vean que sos responsable, que sos capaz y que tenés ganas”, agregó.

Luego acotó: “Lo ideal para mí es ir superándome. Me pasó en el fútbol, donde tuve que entrenar al cien por ciento para jugar tantos partidos, para renovar un contrato. Acá hago lo mismo. Pienso en el día de mañana poder conocer otra máquina, aprender. Sigue siendo un desafío. Por eso cada vez me gusta más. Voy contento, le pongo las mismas ganas que le ponía al fútbol. Entendiendo que es una empresa y no es una cancha”, interpretó.

Víctor emprende viaje desde su casa hacia Virrey del Pino, la localidad del partido de La Matanza donde se encuentra la fábrica. Disfruta su nuevo ejercicio. Transmite felicidad y tranquilidad al recorrer los 30 kilómetros que transita por la ruta nacional número 3. “Como está la situación hoy en día hay que darle para adelante porque hay que brindarle bienestar a la familia. Trabajar, tenía que trabajar. Ahora estoy trabajando para una empresa. Después veré que posibilidades puedan surgir y si está a mi alcance poner una distribuidora o poner otro negocio porque ya cambié de rubro. Antes cambiaba de equipo, ahora puedo cambiar de distintas cosas”.

La Fiera se siente un agradecido al fútbol. Resalta que cumplió sus metas en este ámbito. “Cumplí mi sueño de ser futbolista porque jugué profesionalmente durante 17 años. No me arrepiento de nada. Vine desde Corrientes a Buenos Aires a cumplir el sueño de ser futbolista y no de ser millonario. Por supuesto que si podía ganar buena plata, era bienvenida, pero vine a ser jugador de fútbol y por suerte lo conseguí”, resalta Víctor Soto, uno de los campeones de Patronato.

La Fiera celebra todo lo vivido. No brinda con ninguna bebida alcohólica; prefiere hacerlo con gaseosa

Recuerdos imborrables en barrio Villa Sarmiento

Víctor Soto experimentó momentos inolvidables en su paso por Patronato. No sólo por haber saboreado las mieles del éxito, sino también por edificar grandes amistades. “Los dos mejores planteles que tuve en mi carrera fue en Patronato y en Brown de Adrogué. No fue casualidad que en los dos conseguimos entrar en la historia. Cuando tenés un buen grupo, conformás un buen equipo. Eso te lleva a lograr cosas importantes. Si tenés un mal grupo vas a cosechar cosas malas. Ese grupo de Patronato éramos todos iguales, éramos todos indios, no había ningún cacique”, aseguró. “Me hablo con la mayoría de mis ex compañeros y sería lindo juntarnos después de tanto tiempo y recordar esos momentos. Éramos un equipo que jugaba, corría, metía. Se paraba en cualquier cancha con personalidad. Nadie nos llevaba por delante. Los recuerdos son hermosos, de grupo, la institución, la gente también que nos acompañó a todos lados. Por eso se lograron cosas importantes”, valorizó.

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