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Un juicio que debe dejarnos un mensaje

":::Esto recién comienza y se espera que la convivencia en el salón se mantenga hasta fin de año. El lugar es muy chico para las más de 80 personas (incluidos los periodistas) que en poco tiempo se consumen el oxígeno. Quizá se reciba la sentencia junto al pan dulce y la sidra...."

Jueves 26 de Septiembre de 2019

El juicio oral y público que comenzó a desarrollarse ante el Tribunal Oral Federal de Paraná, y parece que va a seguir hasta fin de año, comenzó a revelar episodios que evidencian que la narcopolítica en Paraná existe. Mientras los fiscales y defensores buscarán constatar o desestimar los hechos que se intentan esclarecer (una banda organizada que trajo marihuana en una avioneta y otra dedicada al comercio de cocaína financiada por el intendente), se ventilan episodios que pueden ser susceptibles de valoraciones como pruebas, pero en sí mismos ya señalan prácticas políticas muy reprochables.

Además, mientras se van desarrollando las audiencias, se puede observar en las conductas de cada acusado, la situación en la cual está cada uno. Casualmente o no, han sentado en fila, uno atrás de otro, a los tres funcionarios políticos y al acusado de narcotraficante con el cual caminaron juntos en la campaña electoral de 2015 por Cambiemos. Griselda Bordeira, Sergio Varisco, Pablo Hernánez y Daniel Tavi Celis.

La primera ha mantenido una actitud histriónica y parece que en cualquier momento avanzará para dar su explicación a las cosas que declaran los testigos; y lo haría con una verborragia que ya se ha escuchado en los audios explosivos incorporados a la causa. Varisco se ha mantenido en absoluto silencio, apenas con un saludo discreto a su exsecretaria de Seguridad y al concejal. Así ha sido el rol que le imputa la Fiscalía: sus correligionarios como escudos ante los requerimientos de Celis. Hernández tampoco parece expresar nada durante las extensas audiencias: es el ajedrecista que mira cómo se van moviendo las piezas en el debate y él lo hará en el momento y en la dirección indicada; sabe que el reloj recién comenzó la cuenta regresiva.

Daniel Celis es otra cosa: sabe que su futuro está en la cárcel, aunque buscará despegarse de la causa Narcoavioneta y desligar a los políticos en el financiamiento de su banda. Está un poco más distendido, conversa con su pareja y sus hijos, exhibe su personalidad carismática entre las 31 personas juzgadas, tal como lo ha demostrado en el oeste de Paraná. En cambio, su hermano Miguel Ángel se mantiene en su lugar, con su habitual perfil bajo, pasa casi desapercibido, pero quienes lo conocen saben que está concentrado en todo lo que pasa, sin que se le escape ni un detalle.

Hay otros que saben que están comprometidos, como aquellos que fueron detenidos al momento de cargar la camioneta la droga que llegó en la avioneta, o los que fueron sorprendidos en plena transa en la casa de Luciana Lemos. Ellos buscarán, tal vez, una atenuación en la pena por un delito menor al de los principales acusados.

También hay algunos que pasan las horas en el salón con notorio aburrimiento, porque hasta ahora ni siquiera han sido mencionados por los testigos o tienen escasas pruebas que los comprometen en la actividad delictiva y sostienen que no saben por qué están ahí sentados.

La que se parece estar más tensa en el juicio es Luciana Lemos. La ex de Tavi Celis ha declarado en el Juzgado Federal e incriminó a todos en las operaciones de narcotráfico que ella misma ejecutaba. Está solitaria y muy cerca de la custodia de agentes penitenciarios.

El comportamiento adecuado de todos los acusados ha contrastado con algunos episodios surgidos en el salón con cruces ente abogados y el propio Tribunal. Hubo planteos y chicanas de algunas partes que ofuscaron a otras; cuestionamientos a los jueces por la actitud reacia hacia las preguntas de algunos defensores que fueron devueltos con críticas sarcásticas por gesticulaciones durante las declaraciones de testigos; preguntas irónicas a investigadores policiales que han declarado.

Esto recién comienza y se espera que la convivencia en el salón se mantenga hasta fin de año. El lugar es muy chico para las más de 80 personas (incluidos los periodistas) que en poco tiempo se consumen el oxígeno. Quizá se reciba la sentencia junto al pan dulce y la sidra. Se cual fuere el resultado de la misma, se espera que implique un claro mensaje para que la política se aleje para siempre del narcotráfico, ya que política y narco deberían ser conceptos absolutamente opuestos.

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