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Tiempo de changüí

"...Nadie sabe a ciencia cierta cuanto es el tiempo que dura este estado de gracia, pero el período de prueba seguramente no es lo suficientemente largo como para ver los efectos concretos de las medidas anunciadas. ..."

Sábado 14 de Diciembre de 2019

Hace apenas cinco días que estrenamos Presidente. El olorcito a nuevo siempre reconforta y dan ganas de soñar e imaginar que pueden pasar cosas buenas. El otro no daba para más. Podría haber estado otros cuatro años, pero no, hubo coincidencia y tuvimos que cambiarlo. Acá estamos, mirándolo por todos lados, tratando de escucharle algún ruidito raro, o algo que nos haga sospechar que todo podría fallar otra vez. A algunos (a muchos, en realidad) sigue sin convencerlos. Pero es nuevo y eso da para esperanzarse.

Acabamos de comenzar el período del necesario changüí que se merece el hombre que recién inicia la tarea. Espacio de ventaja que también se le dio al Presidente anterior con la idea de no poner palos en la rueda porque la mayoría había elegido ese camino como destino de la patria. Esta luna de miel y respeto que los ciudadanos les otorgan a los gobiernos entrantes es, en realidad, un acto en defensa propia. Nadie quiere un fracaso prematuro, ni siquiera al inicio del gobierno anterior, cuando se tomaron medidas que anticipaban un derrotero hacia el fracaso.

Nadie sabe a ciencia cierta cuanto es el tiempo que dura este estado de gracia, pero el período de prueba seguramente no es lo suficientemente largo como para ver los efectos concretos de las medidas anunciadas. Por ahora estamos bajo los efectos de un placebo automedicado al que la gran mayoría le tiene mucha fe. Pero en estos temas no se trata de una cuestión de fe. Aquí la que manda es la economía. Algunos hablan de 100 días. Otros de todo un año. Si es para empezar a criticar, la verdad es que importa poco cuanto tiempo se tomen quienes quieran hacerlo.

Los que no tienen tiempo ni changüí para la espera son esos “últimos” a los que Fernández hizo referencia cuando dijo que por allí debería comenzar la recuperación del país.

El tiempo del descargo para comunicar el desastroso estado en que se recibió el país hace cuatro días también tiene fecha de vencimiento. Repetir lo de la “pesada herencia” constantemente no le resultó al Presidente que se fue, y tampoco habrá mucha tolerancia para el nuevo. En este tiempo de mieles todo parece verse con agrado. El presidente de la Nación muestra que es un hombre común, con un perro, un hijo y una novia. Se puede ver a un profesor que, pese al cargo, no deja a sus alumnos y sigue tomando exámenes. Todo esto es algo necesario para estos tiempos donde la gente necesita, después de mucho tiempo, ver cosas positivas en su Presidente. Todo esto es necesario, pero seguro que no será suficiente.

El reloj de la ansiedad corre más rápido que nunca, y mientras se mira con cierta admiración la foto de Alberto y sus alumnos, todos esperan que este hombre aproveche este tiempo para poner en marcha la maquinaria que nos encamine hacia el país que todos queremos.

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