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Solidaridad, no clientelismo

Dice Pedro Aguer: "Toda escasez puede ser superada mediante la solidaridad. La solidaridad es la base de la economía social"

Jueves 28 de Enero de 2021

El título de esta columna fue tomado de un mensaje de Pedro Aguer. Dice allí el cooperativista de Paraná: “la solidaridad nos va a sacar de la pobreza si la organizamos en la cultura del trabajo”.

Para Aguer, debiéramos organizarnos “hacia la economía social, “con proyectos de posible realización. Los históricos movimientos cooperativo y mutual –sigue el maestro–, cuentan en su haber innumerables ejemplos en el mundo, el país y la provincia, verdaderos testimonios de utopías concretadas. Mérito que fue suficiente para que formen parte del ordenamiento jurídico en niveles constitucionales. Pero ahí están, muchas veces olvidados, por priorizarse los intereses personales”.

“Hay ejemplos contundentes de empresas cooperativas y mutuales acá cerca nomás, pero no son noticia cuando andan bien. Sólo lo son cuando sufren los embates externos del sistema o el deterioro causado por traiciones internas, pues no son perfectas y requieren un proceso educativo que las perfeccione y les permita dar la lucha que las haga resistir las presiones propias de las crisis”.

“La pobreza no se combate con paliativos que bienvenidos son en la emergencia, sino con procesos de fondo, en los que la solidaridad se convierta también en generadora de fuentes de trabajo. Sin trabajo no hay producción y sin producción no hay comercialización ni consumo. El trabajo emancipa y dignifica”, insiste Aguer.

Y luego advierte: “generar trabajo a partir del asistencialismo, no sostener el asistencialismo como perspectiva clientelista para las elecciones, debería ser el propósito de todo gobierno que se precie de popular. Toda escasez puede ser superada mediante la solidaridad. La solidaridad es la base de la economía social”.

“Éste es el camino para la transformación de los subsidios emergentes en fuentes de trabajo, producción, industrialización, comercialización y consumo, con el apoyo financiero adecuado a las propuestas de cada uno de estos procesos económicos. Es posible, pero es un tema que se debe encarar con responsabilidad y continuidad”.

Y bien: Pedro Aguer alertó a los entrerrianos una y otra vez por todos los medios a su alcance de las consecuencias que traerían políticas anti cooperativas, y debieron pasar pocos años para que viéramos con nuestros propios ojos la clausura de Cotapa, Cotagú y Coceramic, por ejemplo.

Si el paranaense tuvo razón tantas veces, si vaticinó la declinación con tanta claridad, ¿por qué seguir ignorando su palabra?

Irene Aguer recuperó días atrás unos papeles amarillos de su abuelo. Veamos lo que publicó la nieta: “Entre 1958-196… el abuelo Pedro (Gumersindo Aguer) fue director de Ganadería y Granja de Entre Ríos. Encontrarme con sus escritos, está siendo muy emocionante y movilizador. Describe una Entre Ríos de antes del modelo sojero, pero donde ya advierte sobre las consecuencias del ‘desmedido afán de lucro – por egoísmo y maldad’; él dice que es característica del “hombre blanco” y no así de los pueblos originarios “amigos de las plantas y animales”.

Irene y Pedro, nieta e hijo de Gumersindo, pertenecen al pueblo Tagüé, que decimos, con 12.000 años de historia en este suelo en las dos costas de los ríos Uruguay, Gualeguay, Paraná, donde las mujeres y los hombres practicaron por milenios la vida solidaria, comunitaria, en estrecha relación con el resto de la biodiversidad. Esa familia de viejos tamberos sabe que hay vida comunitaria en los más distantes pueblos del mundo; y que esa vida comunitaria contrasta con el individualismo actual que saquea los bienes comunes, destruye el ambiente, aleja al ser humano de los árboles y los demás animales, desarraiga y destierra a las familias, pone en riesgo la fertilidad de los suelos con la erosión y el riego con sustancias peligrosas para los embriones, en fin.

El trabajo dignifica, insiste Pedro, y lo refrendamos: en nuestro territorio, por milenios, el trabajo colectivo fue una fiesta y si bien el sistema se esmera en sepultar esa tradición, de tanto en tanto florece, para decirnos que no todo está perdido.

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