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Quiénes instalan la agenda

"... se ha instalado al dólar ilegal como algo que a "la gente" (no a las personas, ni mucho menos al ciudadano) le preocupa..."

Martes 17 de Noviembre de 2020

Quiénes instalan la agenda. En sociedades mediatizadas como la nuestra, las prácticas son transformadas por los medios de comunicación. Así, el público recurre a los temas de relevancia que imponen los medios masivos, de acuerdo a los cuales organizan su propia agenda y decide darles consideración pública. De esta manera, la agenda mediática pugna por instalarse como agenda pública: más precisamente, por transformarse en opinión pública.

Y al hablar de opinión pública, la mayoría de los teóricos de la comunicación se encuentran en un terreno pantanoso: es ambiguo, difícil de delimitar. Pero sí podemos afirmar que la opinión pública se mueve entre ciertos paradigmas como lo son la cultura, las ideas, creencias y valores de una determinada sociedad.

Pero dado lo difuso del concepto, generalmente se termina considerando a la opinión pública como “lo que opina la gente”. “La gente quiere tal o cual cosa, la gente reclama esto, a la gente le preocupa lo otro”. ¿Quién es la gente? Todavía no lo sé, pero lo que está claro es que “gente” no es sinónimo de “personas”, sino todo lo contrario, una fabricación postindustrial con la que se despersonaliza y se impone la masa.

Entonces, volvemos al punto de partida y la bendita agenda mediática, que se transforma en opinión pública, que pretende ser la opinión de una masa amorfa llamada “gente”. ¿Quién está detrás de la agenda? ¿El kiosquero? ¿La peluquera? ¿Un supervillano que maneja los hilos del planeta? Dudo que alguno de ellos sea el responsable del agenda setting.

También dudo que haya un solo responsable; es más probable que se trate de grupos o sectores que tienen intereses y manejan grandes caudales financieros, elucubrando maniobras mediáticas para direccionar los mercados, el consumo e incidir sobre las decisiones gubernamentales a base de presión constante. Ese es el quid de la cuestión: los intereses.

Podemos dar un ejemplo de cómo los intereses de grupos que ocultan sus rostros en las sombras, que estiman el poder que les da el anonimato bajo el que opera el sector financiero, se encargan de instalar preocupaciones en “la gente”. Instalan como prioridad cuestiones que a los ciudadanos de a pie –o en Fiat Duna– no deberían quitarle el sueño: pongamos, a modo ilustrativo, el mentado Dólar Blue y sus constantes disparadas. En primer lugar, hay que decir que es ilegal –ese es el adjetivo que se debería usar. ¿Cuán increíble sería que en los zócalos de los canales televisivos hegemónicos haya un apartado para informar a cuánto cotiza hoy el gramo de cocaína? Sin embargo, se ha instalado al dólar ilegal como algo que a “la gente” (no a las personas, ni mucho menos al ciudadano) le preocupa.

En segundo lugar, todo el mundo se rasga las vestiduras por el dólar ilegal, sin embargo es increíblemente bajo el volumen de las operaciones que se cursan en esa plaza paralela, a la que también deberíamos llamar por su nombre: mercado negro. El mercado del dólar ilegal es pequeñísimo. Para hacer una comparación gráfica, podríamos asimilar las operaciones con dólar blue al tránsito de una localidad como Basavilbaso un sábado a la siesta, mientras que las operaciones con dólar oficial –las importaciones y exportaciones– serían asimilables al tráfico por la autopista Panamericana un lunes a las 18.

Y en tercer lugar, las divisas ilegales tienen un solo fin: la especulación de los operadores cambiarios. Ningún pequeño tenedor ni ahorrista ganará comprando dólar blue, salvo alineación de los planetas. Sin embargo, el comercio minorista remarca sus precios de acuerdo con la vara del mercado ilegal; y los “dolarmenudistas”, alarmados por la fiebre del blue a 190 pesos terminaron perdiendo por seguir ciegamente los mandatos zocaleros.

Así, a través de zócalos y titulares con tipografía catástrofe, la agenda se organiza en noticias originadas en un acontecimiento que llega a través de una fuente y pasa por el tamiz de la novedad, gravedad, espectacularidad, proximidad geográfica y cultural, afectando a una gran cantidad de personas: “El dólar está cerca de alcanzar los 200 pesos”, vociferan los periódicos. Y listo: la agenda está servida.

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