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¿Qué te gustaría ser si vivieras?

"...Nuestras hijas serán más libres y tendrán más voluntad que "ajháses", por esas 10 maravillosas "biblias" multicolores con las que les enseñamos a leer..."

Sábado 03 de Octubre de 2020

La descubrí “de reojo” en una parva de revistas polvorientas, apiladas en el armario de un pasillo. Fue una amistad a primera vista que no requería salir a jugar a la vereda. Ella cuestionaba todo y me dejaba enterrada en el fondo de sus hondas reflexiones. Desde allí fue construyendo –despacio y paciente– un edificio cimentado en valores, con ladrillos de derechos humanos, mezcla de paz y democracia y aberturas de tolerancia.

Será porque ambas detestábamos la sopa, la violencia y el calor; porque se nos movían los pies con Los Beatles o no podíamos dormir de ansiedad en vísperas del inicio de clases. Tal vez porque ambas teníamos sed de Justicia, aunque no supiéramos de dónde provenía, a nuestra corta edad. Quizás porque mirábamos con la misma desconfianza a James Bond, porque “no queríamos hablar de Vietnam delante de Nixon”; porque nos inquietaba la posibilidad de que el mundo hiciese BOOM! y la incertidumbre sobre “lo que pasaría si 700 millones de chinos se pusieran de acuerdo para dar una patada en el suelo al mismo tiempo”.

¿Quién no ha tenido sus inquietudes existenciales sobre la luna, las noticias de la radio y a dónde van los años viejos cuando llega un año nuevo? ¿Quién no ha sufrido a una tía Paca, de esas que llegan con los dientes pintados de labial y te besuquean los cachetes infantiles dejándote el olor a colonia Ambré de Watteau, mientras te preguntan si querés más a tu mamá o a tu papá?

Porque una vez ella propuso jugar al Gobierno y se postuló para el máximo cargo (una mujer presidenta, ¿por qué no?). Porque al vendedor que golpeó a su puerta y preguntó por “el jefe de familia” ella le contestó que “eran una cooperativa”. Porque vio a su madre en sueños, queriendo volar, anclada a un lavarropas y con una plancha encadenada en la muñeca; porque al verla, atareada y ajada en sus tareas domésticas, le preguntó: “¿Que te gustaría ser si vivieras?” ¿Quién no se ha sentido “testaferro de la incultura” de sus madres ni ha cuestionado las vidas “satélite” que llevaron girando en torno a sus maridos “planetas”?

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Porque ya adultas reflexionamos sobre lo que nos dejaban los Reyes Magos en nuestros zapatitos: “juguetes para limpiar, lavar, coser, planchar, preparar comidas ricas. En fin, todo lo necesario para jugar a ser una mediocre”. Ella ya lo sabía en 1965: el futuro de un amor romántico se puede ver a través de un rulero. Nosotras lo aprendimos con el tiempo y a los golpes. Nuestras hijas serán un poco más libres y tendrán más voluntad que “ajháses”, epor esas 10 maravillosas “biblias” multicolores con las que les enseñamos a leer.

La niña que fui, la que aún vive en mí, la mujer que soy hoy, siempre amará a esa Mafalda eternamente niña y amiga entrañable. El miércoles la abracé llorando. Ella estaba triste, y yo con ella. Le dije que Quino, seguro andaba entre esas nubes que al Él le gustaba dibujar, con angelitos y viejitos en toga, barbudos y descalzos, con arpas en las manos. Le dije que tal vez estaba sentado en la punta de un barrilete, mirando El Pájaro Loco, y ella se rio.

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