Secciones
Miradas

Gracias Roberts

"Ninguno de estos funcionarios estaría, aparentemente, en condiciones de sostener el ritmo de trabajo de enfermeros, policías, docentes o de trabajadores privados precarizados y con dos o tres empleos..."

Domingo 08 de Diciembre de 2019

Una nota publicada ayer por el prosecretario General de Redacción del diario La Nación, Carlos Roberts, brindó una mirada especial sobre el mejor equipo de los últimos 50 años, como gustaba autocalificarse el grupo de colaboradores de Mauricio Macri en el gobierno nacional.

El secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, define al último año y medio como un calvario, provocado en primer lugar por un error de diagnóstico. “Fue una mezcla de ingenuidad y de soberbia. Pensábamos que, como éramos mejores que los anteriores, no había forma de que nos fuera mal”. Cuenta la nota que Lopetegui padece una dermatitis seborreica severa que se le manifiesta en manchas rojas, escamas y comezón, de la cabeza a los pies. Además, por primera vez en su vida tuvo que tomar pastillas para poder dormir.

Cuenta la misma nota que el titular de Cultura, Pablo Avelluto, tenía una pesadilla recurrente: lo ponían al comando de un Boeing 747 y no conseguía controlarlo. Y que un día, cuando había sido amenazado de muerte por reducir drásticamente –1.600 personas– la planta de su área, salió un día de su oficina caminando y a los pocos metros empezó a sospechar que un hombre lo seguía. Cuando ya no le quedaban dudas, lo esperó y lo encaró. “Señor –le explicó el hombre– soy personal de su custodia”.

Así, Roberts relató que el ministro de Defensa Oscar Aguad se siente también víctima por la desaparición del submarino ARA San Juan; y que por la tensión vivida a raíz de la muerte de Santiago Maldonado, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich vivió “tensión y angustia insoportables” y, por caso, no pudo contener las lágrimas cuando se sintió atacada... en la mesa de Mirta Legrand.

Cuenta Roberts que muchos funcionarios del gobierno nacional (de los cuales él no es un enemigo ni un duro crítico, sino más bien un defensor) descubrieron que la función pública “obliga a jornadas largas y extenuantes. Muchos sostienen que nunca en sus vidas habían trabajado tanto y bajo tanta presión. Sica llegaba a las 7 a su despacho y no se iba antes de las 22. El horario de Stanley, madre dos hijos, era algo más corto: de 8 a 20. Dice que la agenda era tan absorbente que en más de una ocasión, estando en el interior, hizo su sesión semanal de terapia vía Skype. Mantuvo también la rutina de salir a correr bien temprano, dos o tres veces por semana; generalmente con su marido, Federico Salvai, jefe de Gabinete de María Eugenia Vidal”.

Dante Sica, ministro de Producción y Trabajo, que sumió en septiembre del año pasado, contó: “Me daba la sensación de estar en la sala de guardia de un hospital del conurbano la noche de un sábado de Carnaval”. Y Francisco Cabrera, de Modernización, se quejó porque no puede ir al club cuando hay mucha gente porque le dicen que vaya a trabajar.

Las familias también acusaron el golpe. “Tuve varios momentos de crisis con mi marido”, reveló Bullrich. Al cumplir 20 años de casados, se fueron a California. Llegaron un sábado después de un vuelo extenso, con escalas, agotador. El domingo, mientras visitaban la célebre cárcel de Alcatraz, en San Francisco, la llamaron para avisarle que el embajador de Israel acababa de informar al Gobierno que había recibido una amenaza de bomba y debieron tomar un avión de vuelta ese mismo día. Cuando aterrizaron ya se sabía que había sido una falsa alarma.

Ninguno de estos funcionarios estaría, aparentemente, en condiciones de sostener el ritmo de trabajo de enfermeros, policías, docentes o de trabajadores privados precarizados y con dos o tres empleos.

Muchos de ellos tildaron de ñoquis a los trabajadores públicos y afirmaron que la flexibilización de las condiciones laborales era una solución a la situación, generada por los privilegios de que gozaban los trabajadores comunes y silvestres en la Argentina.

Roberts suele escribir los sábados una nota humorística en La Nación, y ayer, al menos al leer algunos párrafos, parecía que se había equivocado de día de publicación. La nota tiene ribetes insólitos, y lleva a pensar que su autor es plenamente consciente del efecto que provoca en quien la lee.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario