Secciones
Hoy por hoy

Federación reconstruye su historia una vez más

El retiro de las fotos de Videla en la inauguración de la Nueva Federación, que estaban en el Museo local, fue un acto reparatorio para la memoria colectiva.

Jueves 25 de Marzo de 2021

En la historia reciente argentina la acción de descolgar cuadros de dictadores tiene una fuerza simbólica especial, desde que el 24 de marzo de 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner dispuso bajar las fotos de Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, que estaban expuestas en el Colegio Militar de la Nación. Junto con otras acciones, como la nulidad de los indultos y de las leyes de Obediencia Debida y Punto final, la recuperación de la ESMA y de decenas de centros clandestinos de detención, con ese hecho se inició una época en que la memoria del genocidio y el juzgamiento de los responsables se convirtieron en una política de Estado. Esa misma escena de bajar cuadros de dictadores se reeditó, 17 años después, el último 24 de marzo en el Museo de los Asentamientos de Federación.

videla federacion 3.jpg
El momento del retiro de una de las fotos en el Museo de los Asentamientos de Federación.

El momento del retiro de una de las fotos en el Museo de los Asentamientos de Federación.

Allí se hizo efectiva la decisión unánime del Concejo Deliberante de retirar las fotos del día de la inauguración de la nueva ciudad, el 25 de marzo de 1979, donde se veía a Videla cortando las cintas. La viceintendenta Corina Rollano, funcionarios y concejales llevaron a cabo el acto junto al expreso político Raúl Combis. Enseguida, colgaron la ordenanza que dispuso el cambio.

Aquel día de 1979 Videla llegó a una Nueva Federación a medio construir, donde las obras se realizaban a contrarreloj antes del llenado del embalse de la represa de Salto Grande. Lo que inauguró el dictador se presentó como una ciudad moderna, símbolo del avance hacia el futuro, pero para los hombres y mujeres de esa localidad entrerriana era la consolidación de una relocalización compulsiva, que arrasaba con las historias que habían construido a lo largo de los años a la vera del río Uruguay, en las calles y casas del antiguo emplazamiento. Aquella mañana se entregaron llaves y crucifijos a los primeros 250 adjudicatarios de las unidades habitacionales, que debieron comenzar a migrar al día siguiente, porque era inminente la demolición de las viviendas que habían habitado hasta entonces. Fueron a ocupar casas hechas en serie, en cuadras donde todavía no había árboles.

VER MÁS: El video que muestra cómo era la Vieja Federación

Federación supo sobreponerse a ese destino al que fue obligada en nombre del progreso. Sus habitantes reconstruyeron su propia historia y, sin borrar las memorias que tapó el lago, trabajaron para fortalecer su identidad y crecer de la mano del desarrollo termal y el turismo. Y a través de las expresiones con las cuales contaron esta historia de destierro forzado y de la voluntad de empezar de nuevo a pesar de todo.

Si algo le faltaba a esta comunidad en esa reconstrucción permanente de la memoria colectiva, es la resignificación de los tiempos en los cuales aquel presidente de facto cortó las cintas frente al palco situado en la intersección de la avenida San Martín y Las Rosas. Eran años de desapariciones, secuestros, torturas, robos de niños y arrojamientos de cuerpos al mar o a los ríos del país. Y Videla era, como lo dictaminó la Justicia, el máximo responsable de la ejecución de ese plan sistemático de violaciones a los derechos humanos. Mientras él encabezaba esa ceremonia, todavía funcionaban los centros clandestinos de detención y se continuaban perpetrando crímenes de lesa humanidad.

Como los sentidos de la historia están en permanente disputa, y hay sectores interesados en la impunidad que llevan adelante operaciones para imponer determinadas interpretaciones, la decisión del Concejo Deliberante no estuvo exenta de polémica y debate. Pero en general se entendió la medida como un acto reparatorio, que no borra la historia, sino que la resignifica; ubica lo sucedido en un contexto histórico particular. Además permite situar las decisiones que se tomaron con respecto de la relocalización, forzada y apresurada, en el terreno de una dictadura, donde las políticas no buscaban el consenso y la aprobación de la comunidad. Muy por el contrario, las instituciones de la democracia estaban sepultadas bajo las botas de los dictadores, con la ayuda de los cómplices, instigadores y beneficiarios civiles.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario