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En el país en el que perdemos todos

"En el peor contexto de pandemia mundial el Gobierno se da el lujo de manejarse con caprichos, imposiciones y mucha sed de venganza..."

Lunes 24 de Agosto de 2020

El gran vicio de la mayoría de la dirigencia argentina es romper, ir al choque, destruir al otro. Es muy difícil que se dejen de lado las rencillas por el acuerdo, el consenso, el respeto.

Tal como lo hicieron los gobiernos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, ahora repite los mismos errores Alberto Fernández.

No vamos a hablar de las críticas del actual Presidente tiempo atrás a su vicepresidenta. Le dijo de todo. Está bien, en el juego de la política hay que tragarse sapos, ranas y todo tipo de escuerzos.

Pero en estos tiempos reverdeció lo peor de los extremismos, de los ismos en la Argentina.

Pequeño detalle, en el peor contexto de pandemia mundial el Gobierno se da el lujo de manejarse con caprichos, imposiciones y mucha sed de venganza.

Tanto que criticaron con razón al gobierno macrista, ahora repiten sus desaciertos. Manejándose por DNU, acallando a la oposición y convirtiéndose en sordos totales, o tomando resoluciones muy polémicas.

El problema es que por las peleas de los políticos que están en el oficialismo y la oposición, quien verdaderamente sufre las discordias y la maldita grieta es la población.

No son tiempos de pelea, sino por el contrario de buscar un gran acuerdo nacional. Pero la torpeza y la miopía hacen mella en la gestión de Fernández.

En la epidemia de coronavirus se cae de maduro que se debe “laburar para que todos tiren para el mismo lado”, por lo que no se entiende bien cuál es el sentido de avanzar con iniciativas irritantes que buscan dividir a la sociedad y están al filo de la ilegalidad.

No les alcanzó con la derrota por el tema Vicentín, ahora insisten con la tan mentada reforma judicial que –según los expertos– no soluciona en nada el problema de la inseguridad o los desaguisados que puedan realizar los jueces, por el contrario es como que buscan adoctrinar, colonizar y tratar de revertir algunos presentes judiciales de políticos comprometidos con causas, sobre todo de corrupción.

La idea de mejorar el servicio de Justicia es loable, pero no sacando por la ventana a jueces que no nos gustan o no nos den garantía de impunidad.

No solo que será costosa desde el punto de vista económico, sino que ya está siendo rechazada por sectores del propio peronismo sensato, tal es el caso de Eduardo Duhalde, la dirigencia de Córdoba, y hasta el ultra justicialista referente de la Asociación de Judiciales, Julio Piumato. Es obvio que ya en distintos sectores del propio poder judicial el proyecto es desaprobado, por lo que se duda que pueda ser avalado en la Cámara de Diputados de la Nación.

Tal vez por errores propios, no forzados, de la actual gestión, sumado a la presión interna de tener que compartir el poder con el kirchnerismo, la imagen del Presidente comenzó a desdibujarse.

El hombre reflexivo, conciliador, que hablaba de Perón, Irigoyen y Alfonsín, se quedó con lo peor de los ismos.

En el medio de todo esto, hubo una movilización que se opuso a la reforma judicial. Fernández los criticó por la situación sanitaria del país. Pero nada dijo él ni sus funcionarios por la movilización de los Moyano contra Mercado Libre, o la misma acción de los grupos de Juan Grabois en Buenos Aires. Cuando son mis amigos, todo está bien, cuando no lo son, merecen las críticas.

En vez de unir, profundizó la grieta atacando y perdiendo tiempo en temas, a los cuales ya la sociedad sentenció, castigando a Mauricio Macri con una derrota inapelable.

Sería triste, que tanto esfuerzo se dilapide en tratar de seguir atacando al perdedor en las últimas elecciones, en vez de preocupare por tratar de solucionar los verdaderos problemas que existen hoy en la Argentina.

Con un 50 por ciento de pobres, con una economía destrozada, con una alta desocupación, sin inversiones, sin trabajo, sin presente y sin futuro, lo más sensato debería ser trabajar por estas realidades y no tratar de imponer ideas que francamente dividirán, fragmentarán y profundizarán las diferencias en el país. De lo contrario, se pensaría que la falta de proyectos, planes o ideas para salir de la crisis, están más latentes que nunca.

No se explica la ambivalencia permanente de Fernández, y sus posturas tan contradictorias.

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