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Economía

Cuidar nuestra propia oportunidad

"En nuestra provincia, miramos el número de infectados y nos sentimos seguros. Es indispensable que esa sensación de seguridad no se convierta en confianza irresponsable"

Martes 12 de Mayo de 2020

Sí a la cuarentena. No a la cuarentena. Lo más importante es la salud, pero si no cuidamos la economía nos morimos de hambre. El Gobierno no te deja hacer nada, pero si flexibilizan cualquiera hace lo que quiere. A medida que avanzan los días la situación se torna más contradictoria.

A nadie escapa que es una situación global donde ningún gobierno ha tenido una fórmula exitosa, o al menos aplicable de forma general a cualquier otro país. Todos aprenden sobre la marcha, y los ciudadanos en general tienden a desligarse descansando sus propias responsabilidades en las decisiones de sus gobiernos que, en el caso argentino, intenta encontrar el mejor camino, sabiendo que está propenso a cometer errores.

Claro que lo más importante es la salud. Pero a nadie escapa que estamos muy cerca de encontrarnos con un futuro con pocos muertos, pero en un país quebrado y con millones de personas más que se sumen a las que ya estaban hundidas en la pobreza.

Parece que no hay más remedio que aprender a buscar el equilibrio empezando a caminar sobre el filo de un riesgo que nos muestra sus peores resultados en Brasil o Estados Unidos, y que ya nos advirtieron Italia, España, Inglaterra y otros tantos países que no tuvieron la oportunidad que tenemos nosotros de probar alternativas.

Ahora empezamos un nuevo camino. Una nueva fase, como les gusta llamar a esta etapa que no tiene nada de científico y no es otra cosa que la vieja fórmula: prueba / error. Es horrible, pero es la realidad.

En el tema sanitario todo indica que, hasta ahora, veníamos bastante bien. No hay médico que no recomiende continuar con la cuarentena tal cual estaba. Pero la presión de la economía es muy fuerte. Y es comprensible, porque no es la economía de los banqueros, las corporaciones y el Gobierno. Es el bolsillo y las familias de los albañiles, los peluqueros, los remiseros, los gimnasios, las jugueterías, los changarines, y todos aquellos que no son “esenciales” pero que ya no dan más. Necesitan trabajar para sobrevivir. No entender eso es una necedad.

Ahora bien. Otra vez quedamos en manos de nosotros mismos. La herramienta más fuerte que tenemos para evitar una catástrofe a la brasilera es cuidarnos, quedarnos en casa, respetar la distancia, usar tapabocas, lavarnos las manos y no salir a la calle a buscar al virus.

Todos lo sabemos. Pero al primer atisbo de flexibilización las calles se inundan de gente y la responsabilidad ciudadana se diluye en la culpa del gobierno por flexibilizar cuando todavía no era el momento adecuado.

No hay nada que nos venga bien. Es cierto, y comprensible. Simplemente porque no hay algo que sea definitivamente correcto de implantar en un país como el nuestro y con gente como nosotros. Pero en este marco de gataflorismo, nosotros, los entrerrianos, tenemos una oportunidad adicional para hacer las cosas bien. Es comprensible la urgencia de Capital Federal o el populoso cordón metropolitano de Buenos Aires. También se entiende que, ante una cantidad tan grande de contagiados, uno más o uno menos no hace diferencia ni causa ningún tipo de conmoción entre su gente.

Pero nosotros, en nuestra provincia, miramos todos los días el número de infectados que tenemos y nos sentimos seguros en nuestro territorio. Es indispensable que esa sensación de seguridad no se convierta en confianza irresponsable. Es necesario estar en alerta, no abusar de esta oportunidad y hacer lo que sabemos perfectamente que debemos hacer.

Entre Ríos enfrenta esta nueva etapa de la pandemia con un número muy bajo y estable de personas infectadas, ningún muerto, y sin contradicciones en la forma en que ha llevado adelante la política sanitaria. No somos Buenos Aires ni Capital Federal, no tenemos sus contradicciones ni sus urgencias. Tenemos la oportunidad de volver paulatinamente a la actividad sin necesidad de confrontar posiciones, porque sabemos perfectamente que la clave está en seguir como hasta ahora: seguir respetando las reglas ya conocidas porque así venimos bien.

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