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Costumbres argentinas y pandemia

La pandemia de coronavirus nuevamente nos muestra a los argentinos tal cual somos. Costumbres argentinas es un magnífico tema de los Abuelos de la Nada de 1985

Lunes 28 de Diciembre de 2020

La pandemia de coronavirus nuevamente nos muestra a los argentinos tal cual somos. Una conjunción de valores, conductas y miserias. Todo eso junto, en un mismo momento. Costumbres argentinas es un magnífico tema de los Abuelos de la Nada del año 1985.

Y en realidad para propios y extraños somos casi únicos en el Universo. Somos capaces de poder sembrar la solidaridad, la generosidad, la inteligencia, la ayuda en pos de un objetivo, ponernos todos detrás del combate contra el Covid.

Cuando esto pasa, nos sentimos orgullosos de ser el país que exportó premios Nobel de Medicina, científicos, investigadores y médicos capaces de realizar las más increíbles proezas y descubrimientos. Todo el sistema de salud argentino creado por nuestros abuelos y reforzado por el peronismo que le impuso la necesaria solidaridad, llevó a ser un ejemplo a nivel mundial.

Desde el directivo de un nosocomio público hasta el camillero de la clínica, pasando por el investigador del laboratorio privado, se arremangaron ante la crisis mundial. Y lo bueno es que no desentonaron. Muchos murieron en la trinchera, médicos, enfermeros, pacientes, población en general. Decesos ¿evitables?, vaya uno a saber. Lo cierto es que hay más de 42.000 fallecidos que todos los días deberemos honrar.

En medio de esta guerra con el virus, siempre van en contra de la corriente los que han demostrado muchas veces que miran hasta la punta de la nariz: la tan mentada dirigencia política nacional.

Acá todos pecan de la misma manera, politizando y partidizando esta desgracia llamada coronavirus. Siempre llevando agua para su molino.

Es obvio que hay grandes excepciones, pero lamentablemente las caras visibles de esta dirigencia dejan mucho que desear. Excelente fue la decisión del presidente Alberto Fernández de unir a todas las fuerzas políticas. Esto le llevó a tener un gran respaldo popular y credibilidad. Justo en medio de la pandemia y de la crisis social y económica, hizo lo correcto, terminar con la grieta y apostar a tirar todos para el mismo lado.

Pero saltó el virus de la intolerancia, la mentira, el doble discurso, el levantar el dedito para hacernos creer que éramos los mejores del mundo, peleándonos con países vecinos y de otras latitudes, y por supuesto sembrando la discordia. Así el propio mandatario se desdibujó, lo mismo que su gobierno.

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Costumbres argentinas

Costumbres argentinas

Obviamente desde la oposición no se quedaron atrás. Patéticos dirigentes que al estar en el gobierno de Cambiemos llegaron a reducir el funcionamiento del Ministerio de Salud, y que ahora se los escuchaba por todos lados dando sabios consejos. Impresentables por donde se los mire.

Otros desalentando la vacunación, y en la maquinaria destructiva respondiendo a la guerra declarada entre el oficialismo y la oposición. Todo se mezcló en medio del quite de la coparticipación a Horacio Rodríguez Larreta, el debate por el aborto, el enfrentamiento con la Corte Suprema, y el apoderamiento de Vicentín.

Qué podía salir de esa ensalada rusa, más barullo y más confusión. Peleas eternas, divisiones, grietas, liberación de presos políticos, impunidad de procesados y condenados. En fin, un proceso turbio por donde se lo mire, y del cual en esta realidad los únicos responsables son las autoridades del gobierno nacional, y en su medida también los dirigentes de la oposición. Ninguno demostró estar a la altura de las circunstancias, dejando de lado las antipatías, celos, miedos, enojos. Todo sirvió para tratar de destruir al otro.

Quiso Dios que en medio de esta otra pandemia que son algunos dirigentes políticos de cuarta que tienen poder, estuvieron firmes con sus convicciones los actores que conforman el sistema sanitario nacional, provincial y local. Lo mismo que las fuerzas de seguridad, comerciantes, empresarios, trabajadores y la gran mayoría de la población que “guacha” de los políticos optó con inteligencia a no creer en las cortinas de humo y operativos creados de los dos lados de la grieta.

Ojalá que esto termine pronto, y no sería bueno que se escuchen frases triunfalistas, épicas, belicosas, frustrantes y de acusaciones cruzadas de los políticos. Sería bueno que el silencio aparezca, aunque sea hipócrita, pero por respeto al menos a los más de 42.000 muertos y miles de contagiados en esta pandemia. Sería un gran gesto, el de no tratar de obtener rédito frente a la destrucción y el dolor.

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