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Soriano, la histórica ciudad uruguaya nacida en Entre Ríos

Las poblaciones efímeras, y la permanencia de Soriano, una ciudad que comparte la cuna a dos bandas, hace más de tres siglos y medio, junto al río Uruguay

Miércoles 17 de Noviembre de 2021

El escudo de Soriano reza “Aquí nació la Patria” y se entendería mejor si dijera “Aquí nació la Patria grande”, porque vio la luz de un lado del río al sur de Gualeguaychú, luego se marchó a la isla Vizcaíno, para finalmente recalar en el lugar actual, al sur de Fray Bentos.

Patria grande por la unidad entrerriano oriental, pero también porque en sus inmediaciones abundan las pruebas de presencia humana por miles de años, de pueblos que habitaron ambas costas del río; y porque allí chocaron las civilizaciones, y allí mismo se dieron los primeros pasos independentistas.

“La primera reducción hecha en el territorio entrerriano, me refiero a Santo Domingo de Soriano, fue luego transferida al actual territorio oriental, en donde se le otorga el mérito de primer centro urbano español”, dice el estudioso Elbio Woeffray, de Colón (y afincado en San José), en su obra “El Río de los Jesuitas”.

El libro editado por El Miércoles es una recopilación de diversos estudios referidos a la unidad entrerriano oriental, como aclara su autor de entrada, y fue motivado por el conflicto entre argentinos y uruguayos en razón de las industrias instaladas junto al río.

“Me duelen profundamente las desavenencias”, confiesa el autor y cuestiona la burocracia de ambos países. De ahí su determinación por aportar razones de la antigua hermandad a dos bandas, y en verdad que dio en el clavo con Soriano.

Uno de sus capítulos se titula “La fundación de Santo Domingo de Soriano en territorio entrerriano”, y recupera aportes de César Blas Pérez Colman, Aníbal Barrios Pintos, Susana Rodríguez, Rodolfo González y otros autores. Entonces muestra que, aunque difieren en la fecha de fundación, no son pocos los investigadores que sitúan a Soriano al sur de Gualeguaychú, de este lado del río Uruguay; luego en la Isla Vizcaíno, y finalmente en el lugar actual.

Chaná, charrúa y guaraní

Woeffray da cuenta también de distintas reducciones de chanás, charrúas y guaraníes en cercanías de Soriano, y de conflictos violentos con los funcionarios españoles.

En virtud de la obra de Woeffray recordamos viejas conversaciones con historiadores de Gualeguaychú y Soriano, especialmente con Washington Lockhart, quien después de largos estudios sobre el origen de Soriano escuchó de otros investigadores esta conclusión, que coincide en gran medida con la suya: “Santo Domingo de Soriano se fundó en la margen derecha (es decir occidental) del río Uruguay, en territorio de la actual provincia de Entre Ríos, después de 1650, pasando a la isla Vizcaíno después de 1700 y a tierra firme en la margen izquierda del Río aproximadamente entre 1715 y 1720. El topónimo (la denominación), podría ser el santo calabrés Sto. Doménico de Soriano, aunque en cartografía aparece sin la preposición ‘de’ que indica lugar”.

En su obra “Soriano, antecedentes, fundación, consecuencias”, publicada en 1975, Lockhart muestra un mapa de Juan A. Emaili del año 1685 en el que figura Soriano al sur de lo que sería Gualeguaychú, otro del año 1703 hecho en Colonia (Uruguay) por el capitán ingeniero Gregorio Gomes con la misma ubicación, donde aparece frente a la isla Vizcaíno, es decir, Soriano a orillas del río Uruguay en territorio hoy entrerriano, frente a la desembocadura del río Negro, que atraviesa Uruguay. También otra carta del capitán Manuel de Ibarbeltz de 1692, con la ubicación de Soriano del lado occidental del río Uruguay, y una cuarta carta de Diego Soarez del año 1731 donde Soriano figura ya en el lado oriental.

A partir de estos y otros datos, Lockhart traza su propio mapa con las cuatro ubicaciones de los habitantes de Soriano: de Baradero al lado entrerriano, de allí a la isla Vizcaíno y finalmente al punto actual junto al río Negro, en Uruguay.

La mirada del colonizador

Lockhart recuerda palabras de un obispo Antonio Azcona, que explicaba a los gobernantes coloniales: “‘la natural inclinación de los indios es el mal’ y no aprovechar el bien que se les hace; cuanto más favorecidos ‘se estragan más en sus vicios’ y se animan a cualquier género de iniquidad, ‘especialmente contra la gente española’. Reconoce sin embargo que jueces, encomenderos, curas y caciques ‘suelen hacerles algunos agravios’ abusando de su poder, sobre todo con ocasión ‘de sus granjerías, a que se aplican algunos con menos moderación’; pero la justicia -dice- llegaba siempre, no quedando los españoles ‘sin castigo, ni los indios sin satisfacción’”.

Lockhart rescata otra carta del padre Bruno sobre la estrechez económica de las reducciones, entre ellas la de Soriano, y reconoce que en la visita que Azcona les hizo en 1681 las halló tan pobres que “‘no teniendo estos ministros, como no tienen, estipendio alguno para su congrua (sostenimiento), de necesidad se valen de la industrias y trabajo de los indios, sus feligreses, para sustentarse’; el mal está en que ‘los traen ordinariamente afanados en sementeras, vaquerías y otras industrias, dejándoles muy poco tiempo para el descanso y para cuidar de sus propios negocios y casas”.

Las rebeliones

Se conocen violentas rebeliones entre charrúas, chanás, guaraníes y pampas en Soriano y sus cercanías. Una de ellas, bien registrada, es comentada por Lockhart en base testimonios españoles pero no hace falta mucho esfuerzo para comprender las razones de las comunidades ancestrales encerradas allí. Dice Lockhart: “Todo empezó con una solicitud del cabildo de Buenos Aires al gobernador Herrera el 29/IV/1686 para que ‘un trozo de indios pampas de nación serranos de esta jurisdicción con sus mujeres e hijos’, que habían sido traídos el día anterior por orden del gobernador, fueran ‘pasados a la otra banda del río grande de este puerto a la reducción de Santo Domingo Soriano donde están otros indios de dicha nación y sean puestos en reducción con cura doctrinante’. Agregaban que los indios dispondrían allí de mucha leña ‘y gran cantidad de ganado vacuno y tierras para sus labranzas y se enseñarán a cultivarlas con el ejemplo de los indios de esta misma nación que allá están’; ‘la experiencia ha demostrado -agregan- que llevándolos a Santo Domingo Soriano se acaban las muertes y robos, mientras si quedan en otros parajes vuelven a huir a la campaña llevándose ‘caballos, mulas y yeguas’, con una ‘prontitud’ que hace imposible detenerlos. Así se hizo; doscientos indios ‘de todas edades y sexos’, apresados en sus toldos por una expedición punitiva, fueron enviados a Soriano, junto con los que se habían enviado en tiempos del gobernador José de Garro (1678-1681). Los condujo una partida de quince hombres que quedó en la reducción asistiendo al doctrinante y al Corregidor. Y así transcurrieron más de tres meses hasta que ‘una noche tempestuosa se convocaron todos los dichos serranos y pegando fuego al rancho donde asistían el cabo y gente de guardia, que era de paja, por tres partes los degollaron sin que se escapasen más de tres. Y a un mismo tiempo al Corregidor que se hallaba en la campaña baqueando para el sustento de ellos por los que había llevado consigo a las faenas, juntamente con algunos indios chanás de la misma reducción habiendo otros insultos y robando los ornamentos de la iglesia. Y a no haberse escapado el religioso con alguna chusma mientras andaban en esta función ocupados por los españoles, le hubieran también muerto. Poco les duró a los bárbaros el gusto que de tal desgracia y tragedia habían concebido’”.

Entonces Lockhart muestra el modo en que, por intereses cruzados, grupos de indígenas se colocaban de un lado y otro de la contienda, para terminar con los sublevados lanceados o ahorcados. Todo antes (añadimos nosotros) de que los gobernantes españoles acometieran contra la mayoría de los pueblos indígenas, menos de medio siglo después, y fragmentaran las culturas con miras al exterminio, a pesar de lo cual, los sucesivos gobiernos de la provincia nombraron y continúan nombrando a una localidad entrerriana en homenaje a los genocidas: Los Conquistadores.

En Puerto Landa

El primer texto que rescata el entrerriano Elbio M. Woeffray sobre Soriano pertenece a Susana Rodríguez y Rodolfo González, autores de la obra “En busca de los orígenes perdidos. Los guaraníes en la construcción del ser uruguayo”. Ahí se lee: “La reducción de Santo Domingo de Soriano fue fundada en la Banda Occidental del río Uruguay en la actual provincia de Entre Ríos, Argentina, en la década del sesenta del siglo XVII”.

“Reconoce como antecedente la fundación de la reducción de Santiago de Baradero, implantada durante el año 1616, a instancias de Hernandarias. En esa fecha se creó sobre la Banda Sur del Río Paraná, sobre la desembocadura del Arroyo de los Arrecifes, a aproximadamente unos ciento veinticinco kilómetros de Buenos Aires, la reducción conocida como del cacique Don Bartolomé, que llevó el nombre de Santiago del Baradero. La reducción se integró con indios guaraníes y chanaes que habían recibido la palabra evangelizadora de fray Luis Bolaños y habría tenido doscientos integrantes”.

Y continúan Rodríguez y González: “En 1651 la reducción de Santiago del Baradero fue afectada por una epidemia… la mayoría de los indígenas guaraníes y chanaes la abandonaron y se alejaron con rumbo al arroyo Yaguarí Miní hacia el norte, donde se instalaron... en 1661, fueron esos mismos indígenas los que contribuyeron a la fundación de Santo Domingo de Soriano. Su primer sacerdote fue el franciscano Fray Antonio Juárez… Mientras estuvo emplazado en tierras entrerrianas, tuvo una relación cambiante con los charrúas, que tenían… a la Mesopotamia argentina como su hábitat. Servía también de amparo a quienes se sentían desprotegidos y amenazados y sin duda alguna, constituyó un emplazamiento estratégico para el control del delta del Paraná y sobre los territorios occidentales del río Uruguay”.

“Allí permanecieron hasta 1702 en que fue necesario trasladarla a la isla Vizcaíno, en la confluencia de los ríos Negro y Uruguay, debido a los frecuentes ataques de grupos indígenas”.

“Finalmente, el 22 de marzo de 1708 se resolvió disponer el traslado a costa firme, a la Banda Oriental… pero la medida tardó 10 años en llevarse a la práctica. Recién en 1718 se instaló en las proximidades del que con el transcurso del tiempo sería su afincamiento definitivo”.

El texto termina con un párrafo escrito por César Blas Pérez Colman en 1936, y en verdad que nos sorprende porque ignorábamos que ya en esa fecha el historiador hubiera puesto sobre la mesa este proceso. “Después de algunos hechos de armas, Céspedes logró reducir varias tribus, fundando entonces, a objeto de que su obra se continuara, la Iglesia y reducción de Santo Domingo de Soriano, sobre la margen izquierda del Río Uruguay”.

Respecto del lugar exacto de fundación, Woeffray lo estima probable en este punto: “33 grados 20 minutos 58,26 segundos sur, 58 grados 27 minutos 57,58 segundos oeste, al sur de Gualeguaychú en lo que hoy se llama Puerto Landa, a orillas del Arroyo Malo”.

Woeffray reproduce mapas de 1692 y de 1703 con Soriano en territorio de la hoy provincia de Entre Ríos. Y estamos hablando de 80 años antes de la “fundación”, por Tomás de Rocamora, de las actuales Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay.

Aquí nació la patria

Woeffray y Lockhart dan una decena de versiones diversas sobre la fecha y el lugar de fundación, pero se quedan con la que hemos mencionado. Los testimonios no ocultan graves conflictos que terminaron, como en el levantamiento narrado más arriba, en rebeldes degüellos y en ahorcamientos para escarmentar, en el lugar donde las autoridades porteñas, con error de comprensión y cálculo, pensaban que se iban a acabar muertes y robos.

Entre la profusa información de su obra, Woeffray reproduce también estudios de Aníbal Barrios Pintos sobre la fundación y el desarrollo de Soriano.

“El hallazgo afortunado de un documento existente en el Archivo General de la Nación Argentina por el historiador e investigador uruguayo profesor Flavio García, en 1957, dio motivo, años después, a que la versión tradicional de que Santo Domingo Soriano era la población existente actualmente más antigua del país fuera contradicha”.

Se refiere a la clásica idea oriental de que Soriano es la ciudad uruguaya más antigua, sin contar que nació de este lado del río. “Aquí nació la patria”, dice el escudo de la ciudad, con una fecha que parecería ser un error: 1624. La frase se refiere a la antigüedad de la ciudad pero también al Grito de Asensio, en que los orientales comandados por Benancio Benavídez y Pedro Viera se rebelaron contra el poder europeo pocos meses después que, de este lado, se levantaban criollos y aborígenes encabezados por Bartolomé Zapata, a fines de 1810, desde la zona entre Gualeguay y Larroque. (El Cielo de los Tupamaros, de Osiris Rodríguez Castillo, recuerda la revolución oriental).

1664: fundación

Hay varios relatos que abonan la teoría de la fundación en 1624. Ocurre que en esa fecha se inició en la isla Vizcaíno una reducción llamada San Francisco de Olivares de los Charrúas que, al parecer, tuvo corta duración, y lo mismo otra más al norte, en lo que sería hoy el balneario Las Cañas, al sur de Fray Bentos, llamada San Antonio de los Chanás.

Woeffray (también autor de otros libros como “El Supremo y la república federal entrerriana"), apunta otra reducción más, denominada San Miguel de los Guaraníes, en el Río Negro, es decir: por ahí cerca, y con asientos cambiantes. Este emprendimiento “se realizó con indígenas guaraníes que habían sido capturados en 1655 en las zonas de operaciones de las bandeiras paulistas”, dicen Susana Rodrígez y Rodolfo González.

Es importante saberlo, porque estas personas reunidas allí pertenecían a pueblos que habitaban el Uruguay y Entre Ríos mucho antes de que nacieran los estados nación, que destruyeron la diversidad cultural.

La fecha que más se acepta hoy es la fundación de Soriano en 1664 sobre el arroyo Yaguarí Miní en territorio entrerriano. En 1702 pasa a la Isla Vizcaíno, y en 1718 a tierra firme.

Allí fueron “reducidas” personas de origen chaná y charrúa (principalmente), tanto a orillas del Yaguarí Miní como del Yaguarí Guazú (más al norte), que según algunos testimonios sería el Gualeguaychú. Aníbal Barrios Pintos recuerda que ambos establecimientos estaban “en la otra banda del Paraná”, es decir, en territorio de Entre Ríos (aunque nuestra provincia, como tal, fue fundada exactamente 150 años después, como consecuencia de la victoria entrerriano oriental sobre el despotismo porteño en la Batalla del Espinillo en 1814).

El escudo de Soriano muestra los colores de la bandera de Artigas, y está coronado por cinco plumas (como las usadas por el cacique Zapicán) en honor a los indígenas del lugar, sobre los colores rojo y amarillo, que recuerdan al español, para dar una idea de unidad.

Barrios Pintos toma datos de la obra de Aníbal M. Riverós Tula, que escribió un libro sobre la historia de Colonia del Sacramento. Dice Barrios Pintos: “Dicho documento está firmado por el gobernador de Buenos Aires José Martínez de Salazar a seis de octubre de 1666 y se refiere a las ‘Instrucciones que ha de observar Juan de Brito a quien he nombrado por corregidor de la reducción de Santo Domingo Soriano, que se compone de los indios charrúas y chanaes que están fundados en la otra banda de este río Paraná, en el Yaguarí Miní”.

“Decía el gobernador a Juan de Brito: ‘que luego que llegue a dicha Reducción, nombre un alcalde de cada nación Charrúa y Chaná, el que pareciera ser más a propósito y activo para que sea respetado de los demás Indios y ejecute los mandatos que le diere del servicio de Su Majestad y buen gobierno de ellos’”.

Antes que las fronteras

Como puede apreciarse, son numerosos los investigadores que coinciden en el origen “entrerriano” de Soriano, aunque mejor diremos que la ciudad pasaba de una banda a la otra sin atender fronteras (que no había), impuestas de manera autoritaria tiempo después, sin atender la unidad de un pueblo a dos bandas. Se estima, entonces, que Soriano es la primera ciudad entrerriana y primera oriental, aunque para muchos uruguayos el hecho de que haya nacido de este lado del río la deja como segunda, después de Colonia del Sacramento, una interpretación admisible también, que no hace mella en nuestra idea de unidad, con el río como plaza y no como límite, en un solo pueblo.

¿Cuántas mujeres y cuántos hombres, descendientes de las familias libres, de las rebeldes, de las reducciones de guaraníes, de charrúas, de chanás, dieron origen a criollos y gauchos, y forman parte hoy de poblaciones de Uruguay y Entre Ríos con sus apellidos españoles, impuestos por sus captores? No sabemos el número, pero sí sabemos que son muchísimas, muchísimos, y que por una u otra vía su cultura está viva, en actuales habitantes del litoral.

Culturas ancestrales

Pobladores de Soriano nos explicaron, hace pocos años, sus experiencias arqueológicas desde la niñez, cuando hallaban todo tipo de utensilios milenarios en los montículos, camino al Rincón de la Higuera, e incluso esqueletos humanos, y se los cambiaban por ropa a los investigadores llegados de Montevideo.

Soriano, ciudad entrerriano oriental con primeros habitantes indígenas de distintas etnias; Soriano, cuna de rebeliones indígenas a dos bandas; Soriano, encuentro de culturas ancestrales milenarias a dos bandas; Soriano, hermana de los entrerrianos en la actitud revolucionaria de la primera hora; Soriano, testimonio de unidad que la frontera no podrá destruir.

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