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La otra primera línea: prevenir adicciones en pandemia

Centros de abordaje comunitario de problemas de consumo no cerraron nunca aún en pandemia. Su lucha diaria contra los problemas de adicciones y sus necesidades

Sábado 08 de Mayo de 2021

La situación social que generó la pandemia del coronavirus impactó de forma particular en las personas con adicciones o consumos problemáticos de sustancias. En sectores vulnerables de la sociedad la pérdida de ingresos por la crisis económica o el hacinamiento que implica cumplir una cuarentena en viviendas precarias repercutieron de distintas maneras en los consumos. Al principio, el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio alteró los ámbitos relacionados al narcotráfico y narcomenudeo. Los narcos tuvieron que ingeniárselas para abastecerse y distribuir los cargamentos ante las restricciones a la circulación entre provincias y ciudades de aquellos primeros meses en 2020, pero el negocio no se detuvo, o incluso aumentó. Una vez distribuida, la venta de la droga no significó gran problema: los kioscos en los barrios se mantuvieron firmes e incluso abrieron más bocas de expendio.

Frente al buen pasar de los que lucran con las adicciones, muchas otras personas también sostuvieron su trabajo, que busca exactamente lo contrario: sacar a los pibes y pibas de las fauces del negocio narco. En Paraná hay dos Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC). Dependen de la Secretaría de Políticas integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) y llevan a cabo acciones preventivas y asistenciales (comunitario, psicosocial, educativo, cultural, recreativo y laboral). El abordaje es interdisciplinario, integrado por psicólogos, trabajadores sociales, operadores socioterapéuticos, talleristas y educadores, que proponen a niños, jóvenes y adultos una alternativa saludable a la siempre expectante y amenazante oferta narco.

Una de esas casas es Red Puentes, actualmente ubicada en Yrigoyen 521, que ofrece diversos espacios. Uno es de convivencia, al que asisten personas en situación de calle. Pueden ir a bañarse, comer y participar de actividades. La convivencia es “participativa”: las decisiones se toman en una asamblea de trabajadores del lugar y personas asistidas. Red Puentes abre de lunes a viernes de 9 a 17 y atiende aproximadamente a 50 personas con consumos problemáticos y personas en situación de calle. Se sirven viandas al mediodía y hay talleres por la tarde. Una vez por mes hay una asamblea especial de Situación de Calle y los viernes se hace el espacio de Mujeres y Disidencias. Además del abordaje del consumo, acompañan en trámites judiciales, a restablecer vínculos en sus barrios e incluso al médico. “Acompañamos a construir un proyecto de vida”, define Daniela Barreto, coordinadora de Red Puentes Paraná.

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La calle no es lugar para vivir

Consultada sobre si la pandemia trajo cambios en los consumos problemáticos de sustancias, la referente admitió: “Notamos en el primer momento un aumento considerable de pedidos de asistencia. Habían cerrado muchas instituciones públicas de referencia. No dábamos abasto”.

La militante de Nuestramérica, espacio político que impulsa a Red Puentes en todo el país, explicó que “la situación económica es muy precaria y se consume lo peor de lo peor. Lo que más se consume es el alcohol: mezclado o así nomás. Los mayores consumen mucho alcohol, los más jóvenes pastillas y Poxiran”, mencionó.

La coordinadora de la CAAC señaló que registraron “más episodios de desborde” de las personas con las que trabajan. “Alguien venía haciendo un proceso y la cuarentena arrasó con todos los lazos que había construido y su sostenimiento económico. Es muy difícil la incertidumbre de no saber adónde ir y de por sí sus vidas son un poco inciertas”, subrayó.

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Barreto advirtió que la pandemia hizo más explícita la fragilidad de los “mínimos lazos sociales” de las personas en situación de calle. Cuando disponen de instituciones con puertas abiertas hacen grupo y van construyendo una “identidad contenedora”, explicó la coordinadora, pero observó que “eso se vio cortado. Y el consumo es una forma de sobrellevar algunas situaciones”.

“La precariedad de la vida en el día a día hace más precarios los lazos sociales. Muchos jóvenes quedaban en situación de calle porque la convivencia en cuarentena se hacía insostenible”, recordó.

Pelearle a la ‘alita’ y al alcohol

La otra Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario en la capital entrerriana se llama José Daniel Rodríguez y trabaja en la zona oeste. Nació por impulso de la Corriente Clasista y Combativa -cuyo militante asesinado en la represión de diciembre de 2001 da nombre al espacio- y del Movimiento Ni Un Pibe Menos por la Droga. El coordinador es Javier Billordo. Lo primero que aclaró es: “para abordar el consumo es necesario primero dar respuesta a la alimentación. Por eso tenemos merendero y comedor”. Y calculó que en la pandemia se duplicó esta asistencia. Antes servían 120 porciones por día, hoy unas 250. Antes, el retiro de las viandas era en los primeros 15 días del mes, ahora los 30. “No merma”, indicó el referente, que es bioingeniero por la UNER.

La casa ubicada en barrio Mosconi ofrece, de lunes a viernes, gimnasia deportiva para niños de entre 8 y 10 años, escuela deportiva para adolescentes; y, para jóvenes, talleres de formación de promotoras en prevención de violencia de género y en prevención de adicciones. También se hacen capacitaciones en oficios y cultivan una huerta.

Sobre los cambios que advirtieron con la pandemia, Billordo remarcó que hubo vecinos de la zona que, a partir del agravamiento de su situación económica debido a la pérdida de changas y otros trabajos, se metieron en el narcomenudeo: “Ha crecido mucho la instalación de nuevos puntos de venta en el barrio, lo que aumentó la oferta de sustancias psicoactivas, principalmente ‘alita’, que es lo que consume gran parte de la población de adolescentes, jóvenes y adultos”. La ‘alita’ es cocaína cortada con Rivotril (clonazepam) o ketamina, un anestésico para caballos que consumido por seres humanos provoca problemas psíquicos, físicos y neurológicos preocupantes.

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El coordinador de la casa José Daniel Rodríguez acotó: “No hemos visto un aumento considerable del consumo en la zona”, pero aclaró: “En la venta de droga parecía que la pandemia no llegó o que apenas hubo algunas restricciones. Se incrementaron los puestitos de venta de ‘alita’ y hay consumo de alcohol a toda hora”.

El referente comunitario y preventor en materia de adicciones reseñó que al principio de la pandemia, cuando regía la prohibición de circular en horarios nocturnos, se pasó a consumir en horas matutinas y vespertinas. “Ahora se ve mucho consumo de alcohol durante el día. Un gurí de 13 años que va al Volcadero está tomando un ‘Fernandito’ a las 11 de la mañana y hay grupos que se juntan en la puerta de los kioscos antes de las 8”, ilustró.

El militante en la lucha contra las adicciones precisó que los adolescentes consumen principalmente alcohol y marihuana. Arrancan a los 13 o 14 años o en algunos casos más chicos. “Las personas que venimos acompañando tienen 30 años y dicen ‘pasé más de la mitad de mi vida consumiendo’”, graficó Billordo.

Necesidades y ayuda

Respecto de la respuesta estatal a estas situaciones, Daniela Barreto, de Red Puentes, consideró necesarias más políticas públicas “que puedan acompañar sus vidas, que están bastante marginalizadas”. Y también se refirió a la sociedad en general. “Buscamos la sensibilización, que la gente pueda comprender que alguien que está consumido, en la calle, no es una persona en principio peligrosa y tiene una vida”.

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Billordo, por su parte, coincidió en que los recursos del Estado para el abordaje de la problemática “son insuficientes, principalmente en el trabajo de prevención, para evitar que los gurises y gurisas empiecen a consumir a tan temprana edad. Luego llegan a la fase dependiente jóvenes y son situaciones muy complejas para abordar, que requieren muchos recursos que no están”.

El coordinador de la CAAC reconoció que mucho trabajo deriva de intervenciones de la Justicia, que ordena tratamientos para sujetos con problemas de consumo. “Pero el trabajo preventivo, de cultura y deporte, de evitar sustancias psicoactivas, es totalmente insuficiente”, alertó.

Ambos referentes indicaron que sus espacios agradecen las diversas donaciones que pueda realizar la sociedad paranaense. “Colchones, ropa, materiales de construcción, todo tipo de alimentos”, repasó Billordo ante la pregunta de qué tipo de ayuda necesitan. Y mencionó otro requerimiento destinado al Estado: “Es urgente poder conectar la CAAC al tendido eléctrico. Hace tres años funcionamos con un panel solar y no es suficiente”, dijo. El referente del Movimiento Ni Un Pibe Menos por la Droga añadió que tienen la intención de avanzar en la construcción de un galpón para hacer capacitaciones orientadas a trabajo industrial, como herrería, tornería, junto con otro proyecto de taller de serigrafía y sublimación para los más jóvenes.

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La otra primera línea: prevenir adicciones en pandemia

La otra primera línea: prevenir adicciones en pandemia

Barreto, por su parte, expresó que Red Puentes, en calle Yrigoyen 521, recibe “todo tipo de donaciones. Los gurises necesitan ropas, frazadas, colchas, sobre todo ahora que se viene el invierno. Y vendría muy bien algún dispositivo tecnológico como una computadora, porque acompañamos muchos trámites virtuales que, si no fuera porque llegan a un dispositivo comunitario, se quedan afuera del IFE o de otras políticas”.

Los espacios pueden encontrarse en redes sociales, respectivamente, como “Ni un pibe menos por la droga Entre Rios” en Facebook y como @redpuentes.parana en Instagram.

El Estado provincial destaca la atención virtual

El informe de la Sedronar Estudio Nacional sobre Modificaciones en Consumos de Sustancias y Respuestas Asistenciales en el ASPO concluye que en la mayoría de las provincias aumentó la demanda de atención o tratamiento por problemas de consumo. En Entre Ríos el área a cargo en materia de adicciones es la Dirección Provincial de Abordaje Integral de Problemáticas de Consumo, dependiente de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud. Su titular, Lilia García, confirmó que en Paraná hubo más consultas durante la pandemia. “El encierro impacta en el consumo problemático y la salud mental general”, dijo, y advirtió que la adicción no es sólo de sustancias psicoactivas sino también de alcohol, tecnologías y otros objetos.

La funcionaria provincial observó también que según relevamientos del organismo en la provincia hay aumento de consumo. Y a veces se pasa de una sustancia al policonsumo de varias drogas a la vez.

García resaltó que lo más importante que cambió durante la pandemia es la forma de atención. “Se incorporó la remota, tanto virtual como telefónica. Y la persona no pierde el contacto con la institución que la asiste”, indicó. Actualmente la Dirección está atendiendo principalmente de manera virtual pero también presencial.

La funcionaria, Magister en Salud Mental, instó a que aquellas personas que estén atravesando problemas con el consumo de sustancias, o las allegadas a ellas, a que se acerquen a los centros de atención. “En la Dirección hay gente que está esperando a quien necesite una orientación, una escucha. Hacemos un trabajo de acompañamiento, para que no queden a la deriva”, señaló.

En la capital provincial se puede llamar al 4840405 o dirigirse de lunes a viernes entre las 7 y las 14 horas a Uruguay 270, donde el organismo tiene su sede.

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