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Chicos extranjeros llegan a la provincia dispuestos a conocer otras culturas

Tienen menos de 18 años y a través de un intercambio impulsado por la ONG internacional AFS, aprenden el idioma y cultivan lazos fraternos

Sábado 08 de Junio de 2019

Dorottya Réka Ruzsits cumplió 18 años y es de Hungría; y 17 años tienen Giovanni Luca Di Bella, de Italia; y Paul Sicaire, de Francia. Ávidos por conocer otras culturas, llegaron hace unos meses a Paraná. Sin hablar español o en algún caso con un conocimiento básico de algunos vocablos, enfrentaron el desafío de viajar solos miles de kilómetros y alojarse en casas de familias anfitrionas, bajo la órbita del programa de intercambio de la organización internacional AFS –cuyas siglas en inglés significan American Field Service–, que se basa en el voluntariado y entre sus objetivos promueve la paz y aboga por un mundo mejor.

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Dori, quien se integró al club Rowing y obtuvo hace poco un campeonato en remo, contó que lo que más le gusta de la capital entrerriana es la calidez de su gente: “Me gusta mucho cómo son las personas, más amables que en mi país: allá son más frías. Además me gustan las costumbres que tienen los argentinos, el asado y el mate que comparten todos con la familia y con los amigos”, afirmó.

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“Había hecho un curso de dos o tres meses para aprender español, pero cuando llegué no entendía nada. No sabía hablar y mucha gente venía a preguntarme cosas, me molestaba no poder responder, pero ahora ya hablo bien”, dijo.

A su vez, señaló: “En mi vida viajar es muy importante. Mi mamá vive en Alemania y solemos ir allá; a mi casa en Hungría vinieron estudiantes de intercambio, una chica de Tailandia y una de Perú; mi hermana también se fue por un año a Perú y después me gustó a mí la idea de poder participar de un intercambio”.

Por su parte, Giovanni señaló: “Nos tratan muy bien en Paraná. Me gusta especialmente la zona de la Costanera, el Parque Urquiza, la posibilidad de juntarse con amigos y pasear, dar una vuelta y tomar mate o tereré”.

Sobre la iniciativa de pasar un tiempo en un país lejano al suyo, donde prácticamente no conocía a nadie cuando llegó, reflexionó: “Ha sido una buena experiencia. Yo antes de venir acá era una persona muy tímida e introvertida, y gracias a esta experiencia pude abrirme y ser una más extrovertido. Ahora por suerte no tengo más miedo de hablar con la gente”.

Paul coincidió con ellos y sostuvo: “Creo que la gente en Paraná es buena, y el Parque está lindo. Había estudiado dos años español y tenía el vocabulario básico, pero ahora aprendí mucho más. Lo que más me sorprendió de acá es que a último momento organizan una reunión, las relaciones son muy distintas”.

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Pedro Cavagna es quien lo hospeda en su casa y compartió su experiencia: “Me enteré por WhatsApp que necesitaban una familia anfitriona y lo consulté con mis tres hijos y con mi pareja. Nos reunimos, debatimos nuestras inquietudes, y nos pareció una experiencia enriquecedora para todos. Había que buscarle una escuela, integrarlo a la familia, y nos entusiasmó la idea. Él está con nosotros desde el 24 de agosto”.

Dos de sus hijos tienen 28 años y el otro 27, pero la diferencia de edad no fue impedimento para que puedan cultivar lazos de amistad. “Paul es un chico que tiene una cultura general muy amplia. Si bien es un adolescente, está muy bien informado y charlamos sobre distintos temas. Va a la escuela Santa Lucía y se integró muy bien, tiene buena relación con los chicos de su curso y con los de otros años”, destacó.

Forjar amistades

AFS es una ONG sin fines de lucro, que nació en Estados Unidos como un servicio voluntario de ambulancias en 1914, durante la primera Guerra Mundial, para brindar atención a los soldados heridos, sin importar su origen o nacionalidad; y desde 1947 se expandió hacia el mundo con el fin de realizar intercambios internacionales de adolescentes.

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Además de Paraná, en la actualidad también en otras localidades de Entre Ríos hay estudiantes extranjeros participando de esta propuesta: “Hay un estudiante en Cerrito y en agosto vendrá un italiano más a esa ciudad y otro a Diamante; y en Gualeguay hay una noruega y una italiana, y en agosto va a llegar una belga”, contó a UNO Alejandrina Tinta Segovia, de 24 años, una de las integrantes locales de la ONG, a la que se sumó luego familia se convirtiera en anfitriona y ella se fuera como intercambista un año a Suecia, cuando tenía 17. “Iba a la escuela Normal cuando llegó a mi curso una estudiante de Estados Unidos. La había recibido una familia de bienvenida. Se me despertó toda mi pasión por la interculturalidad y lo hablé con mi familia para que la alojáramos. Todos estuvieron de acuerdo y supercontentos. Vino a vivir conmigo y ahora es como mi hermana”, dijo y contó con simpatía: “Eso fue en el 2010 y a partir de ese momento mi hermano es voluntario, y mi hermana y yo también; ellos también hicieron intercambios y después recibimos más gente en nuestra casa. Ahora tenemos muchos hermanos por el mundo”.

“Cuando uno recibe un estudiante en su hogar se le abren las puertas del mundo, porque empieza ver otras posibilidades, y a tener sentimientos por el otro país, aunque nunca haya estado allá. Comienza a cambiar su perspectiva sobre cómo entender al otro, porque quienes vienen son personas con otra forma de vida, que crecieron en otro lugar, con otros valores. Se aprende a convivir, disfrutando de esta gran experiencia”, aseguró con entusiasmo.

La joven recalcó que si bien ser anfitrión o huésped son dos experiencias completamente distintas, las dos enriquecen culturalmente a todos los involucrados. Sobre su viaje, contó que no sabía hablar sueco, y aunque había estudiado inglés, nunca había lo practicado. Como allá hablan ambas lenguas, pudo incorporarlas a sus saberes, y esto le valió para anotarse como voluntaria para acompañar al seleccionado sueco en los Juegos Olímpicos de la Juventud el año pasado en Buenos Aires.

Por otra parte, explicó que son los voluntarios los que se dedican a encontrar a las familias que alojarán a quienes llegan: “Deben garantizarles tres requisitos básicos, a los que les llamamos ´las tres C´: casa, comida y cariño. El estudiante que viene no necesita sí o sí una habitación para él solo, sino que puede compartirla con un hermano del mismo sexo. Pasa a ser como un hijo más: si la familia sale a comer afuera o se va de viaje, lo lleva también”.

En la actualidad trabajan fuertemente con las escuelas para contactar familias que deseen alojar a algún joven. Hoy en día están en la búsqueda de anfitriones para chicos que vendrán desde Italia el 23 de junio por tres semanas: “Vienen a hacer un curso de español. Son 16 italianos y estamos en plena búsqueda de familias”, refirió Alejandrina, y señaló que para consultar sobre el tema se puede escribir al correo rl.parana@afs.org.

Rumbo a la India

Si bien el valor del dólar hizo más difícil que los argentinos puedan viajar al extranjero, y los intercambistas por lo general deben afrontar el costo del pasaje y otros gastos, hay quienes toman el desafío de irse por varios meses a otro país para convivir con alguna familia del lugar y conocer sus costumbres y su idioma.

Débora Altamirano será una de ellas. Es la única paranaense que logró obtener una de las seis becas que otorgó hace poco AFS, entre cientos de postulantes de Argentina y Uruguay. La joven, de 17 años, partirá hacia la India el próximo 28 de junio, donde va a permanecer durante 11 meses.

“Hace rato venía con la idea de irme a otro lugar, ahora o cuando fuese a la facultad, pero con la situación económica no era posible. La beca es total, me cubre el seguro, los vuelos, los trámites y demás. Estoy muy agradecida a AFS por esta oportunidad”, recalcó.

C=ontó que en su familia también tienen experiencia como anfitriones: “Alojamos a una chica de Finlandia que estuvo un año. Se fue en febrero. Fue una linda experiencia y seguimos en contacto todos los días”.

Sobre el destino al que irá, concluyó: “Estuve hablando con una chica que estuvo un mes en la India y me decía que lo que vemos en Internet o en los medios no es lo mismo que se ve estando allá. Por ahí uno se genera prejuicios y eso es lo lindo del intercambio: conocer y darse cuenta de que hay otras visiones de la realidad y que la gente no es tan distinta”.

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