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Campañas en medio de la crisis

Sin tomar nota de la crisis, parte de la clase política entrerriana lanzó sus campañas. Cómo se financian las convocatorias y el rechazo de la gente.

Viernes 22 de Julio de 2022

Hay hechos que valen más que mil palabras. En medio de una de las crisis sociales y políticas más dramáticas del país algunos dirigentes políticos parecieran estar viviendo en una realidad paralela. Hacer campañas proselitistas mientras la inflación sigue empujando a más argentinos a vivir en condiciones de pobreza, es básicamente una burla. Más indignante es saber que promocionar la figura de un candidato nacional (del partido que sea) requiere de gastos de traslado, de alojamiento y del pago de diferentes servicios que se utilizan en cada convocatoria.

Se están financiando campañas, con recursos que quisiera creer provienen de aportantes privados, cuando todavía falta mucho camino para llegar al 2023 donde posiblemente haya que ir a las urnas al menos unas cinco veces.

Vale volver al análisis de los recursos con que se financian las giras proselitistas que han encabezado algunos dirigentes nacionales en Paraná y en otros puntos de la provincia.

Rogelio Frigerio, diputado nacional y candidato a gobernador de Entre Ríos, está haciendo valer sus alianzas con sectores del Juntos por el Cambio a nivel nacional. Su capital político con miras al escenario electoral de 2023 se consolidó en las últimas elecciones legislativas, pero sigue apostando fuerte a afianzar un armado con aliados del radicalismo y de otros partidos (peronistas disidentes) que se han sumado a su propuesta.

Frigerio, al igual que los demás dirigentes, deberían dar explicaciones del modo en que se financian las campañas, de donde provienen los recursos y de qué manera se gastan.

Es necesario que la clase política tome conciencia del rechazo que generan este tipo de actitudes. La paciencia de la gente se acabó hace rato y a esta altura los partidos políticos representan ideas vacías de contenido. El contacto con los vecinos dejó de ser una herramienta para ganar adhesiones y ahora esa función se delega en los referentes barriales.

La llegada primero del Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta y luego la visita de la exministra de Seguridad del macrismo, Patricia Bullrich, no son simples reuniones privadas de un grupo de dirigentes que proyectan cambiar el futuro del país a través de la política. Son actos de campaña que no resuelven los problemas más urgentes de la sociedad, ni cambian en lo inmediato la difícil realidad que atraviesa el país. Quizás sea más razonable proponer que ese dinero que se gasta en la promoción de candidatos mediante la publicidad de esos actos, se destine a comedores barriales u organizaciones dedicadas a asistir a los sectores más vulnerables.

En este contexto pasó inadvertido que Larreta en Paraná aprovechó una Clínica de Capacitación Deportiva de Hockey sobre Césped en el Paraná Rowing Club para hacer campaña junto a Frigerio y sus aliados. Lo más reprochable es que el evento fue organizado por la Secretaría de Deportes de CABA. La capacitación estuvo a cargo del secretario de Deportes de a Ciudad, Carlos “Chapa” Retegui. Es decir que con fondos públicos se quiere instalar la figura de Larreta para competir en las presidenciales.

Así se sigue insistiendo con prácticas que tanto se le reprochan al oficialismo. De eso también está cansada la gente, que a esta altura ya elige no creer.

Pareciera que la política configura una lógica donde todo se puede reciclar. Sino habría que preguntarle a Sergio Urribarri, que pese a llevar el lastre de una condena por actos de corrupción cuando fue gobernador de Entre Ríos, hoy se quiere posicionar en la interna peronista. Vuelve a escena para dejar en evidencia que el peronismo enfrenta el proceso electoral que viene más debilitado que nunca. ¿No será momento que acuse la reprobación pública que hay contra su figura, por los delitos que cometió cuando era funcionario?

La política vernácula da para todo. No se tiene en cuenta que estas acciones alimentan el descontento social, en un país necesitado por donde se lo mire. Es momento de dejar de lado la frivolidad, y ponerse a trabajar para generar políticas coherentes que respondan a las demandas de la gente.

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