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Votar con el bolsillo

Lunes 12 de Agosto de 2019

“Habitualmente se definen tres categorías de inflación de acuerdo al ritmo de avance de los precios: moderada, galopante e hiperinflación. Los años de gobierno de Cambiemos han sido de una inflación galopante, con un pico en 2018 que cerró con una inflación del 47,6% interanual. La suba generalizada de precios fue principalmente impulsada por dos variables: el tipo de cambio y el aumento de tarifas”. La cita forma parte de un informe acerca de la degradación de los salarios escrito por Luciano Foggia para el diario porteño Página 12. Los datos revelan en términos concretos el tenor del impacto que produjo en la clase trabajadora argentina la gestión económica plesbicitada ayer en las primarias nacionales, donde el oficialismo en general y el macrismo en particular soportó una derrota.

En tanto el periodista de UNO Daniel Caraffini había consignado que la pobreza afecta a todas las franjas etarias, pero con más fuerza a los niños. Cálculos y estimaciones de especialistas en base a datos oficiales de la encuesta permanente de hogares marcan que los chicos menores de 14 años que viven en las áreas urbanas son los más golpeados tanto por la indigencia como por la pobreza. En los últimos 12 meses, la indigencia infantil, los menores de 14 años, subió del 7,8% al 11,3% y la pobreza subió del 38,2% al 49,6%, de acuerdo a los datos revelados desde el Indec. Este 49,6% supera los registros semestrales anteriores que oscilaron entre un 39,7%, segundo semestre de 2017, y un 46,8% del segundo semestre de 2018.

El presidente Mauricio Macri y actual candidato a la reelección por la coalición del radicalismo y un conglomerado de partidos de la derecha nacional había dicho que el electorado lo juzgará por si pudo o no bajar la pobreza. Habló de tales asuntos cuando aún no había asumido la actual postulación, y casi cuatro años después con el Estado administrado por su mano, queda claro que no pudo; al menos hasta ahora. Además de no bajar la pobreza, por el contrario, se incrementó, se depreció la calidad de vida de la clase media. El acceso a la vivienda propia, por caso, es una demanda común entre los asalariados y representa un gran paso hacia la dignificación de las personas y en estos años se transformó en una quimera. Quien tiene casa siente la diferencia cuando la plata no alcanza, como en la actual coyuntura. Aunque hay excepciones a la regla, el confort de los calefactores y los aires acondicionados es para esos argentinos nada más que una ilusión de cada invierno y verano describió otro periodista, Gustavo Di Palma, para el sitio del diario La voz del interior de Córdoba. Pero en este mundo de privaciones signado por la vida en un contexto inflacionario, con desempleo y recesión, no hay opción de invertir en matrículas escolares y cuotas mensuales para garantizar una enseñanza supuestamente de jerarquía para los hijos. El único camino es la educación pública, una Cenicienta poco deseable a la que castigan los paros, la falta de infraestructura y la superpoblación de estudiantes. Queda claro, a juzgar por el pequeño crisol de opiniones aquí vertidas y que vienen de fuentes diversas, que el bolsillo de los argentinos se achicó y que en consecuencia millones de personas acudieron ayer a las urnas con la idea de meter un cambio. Queda por ver qué pasa desde hoy y hasta octubre.

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