Secciones

Miércoles 22 de Mayo de 2019

La semana pasada se vivió una accidentada jornada futbolística en la Liga Paranaense con un golpeado en la cabeza que debió ser hospitalizado y otros futbolistas con cortes y mareos por algún choque.
Cada fin de semana son muchos los jóvenes, adolescentes y niños que practican actividad deportiva en la provincia.
Todos asegurados respectivamente por cualquier contratiempo que pudiera surgir. El debate que se plantea es saber si solo con un seguro alcanza. Seguramente para algunas contusiones sí, ya que en las clínicas o sanatorios se los podrá atender y la póliza cubrirá una sutura, radiografía o yeso. El tema pasa por la inmediatez y la atención rápida ante un mareo, desvanecimiento o pérdida de conocimiento.
¿No es necesario empezar a contar en cancha con un médico? ¿Es utópico pensar que de 9 a 12 y de 14 a 18 un galeno se ubique en zona de bancos de suplentes para atender rápidamente una urgencia?
Si por ejemplo una joven se agita en medio de la cancha en un partido de hockey sobre césped, aduce dolor en el pecho y no poder respirar. ¿Cuántos minutos se pierden entre llamar una ambulancia, que llegue, la revise y decida su traslado? En caso de un cuadro grave, el tiempo podría ser vital y la atención de un especialista fundamental.
Puede pasar que esté contemplado en los reglamentos de los torneos y no se cumpla la norma por parte de los clubes. También que se considere una inversión innecesaria por parte de las comisiones directivas; alta cuota deportiva para un padre o una pérdida de tiempo para el especialista, pero sin lugar a dudas para quienes ponen el cuerpo sería una tranquilidad enorme.
En la liga de fútbol de veteranos –en San Benito– ya es habitual llegar al complejo y ver estacionada la ambulancia con los respectivos médicos desde el mediodía y hasta la tardecita. Y a los jugadores salir corriendo en su búsqueda cuando algún compañero sufre un golpe y cae al piso.
Quienes asisten a partidos de rugby aseguran que el doctor está todo el tiempo en el campo de juego durante los encuentros, ya sea de Infantiles como de Primera. Esto no quiere decir que las tragedias no sucederán, pero seguramente muchas se evitarán.
Mañana se cumplen cuatro años de la muerte de Cristian Patulo Gómez en Corrientes, mientras jugaba para Atlético Paraná un partido de Primera B Nacional. El futbolista se desplomó en el campo de juego y la ambulancia lo trasladó rápidamente, pero en el hospital confirmaron su fallecimiento a pesar de las tareas de reanimación. Su muerte despabiló a los dirigentes de las instituciones deportivas sobre la importancia de que en cada cancha se coloque un desfibrilador, se enseñe a utilizarlo y también se capacite a las personas en técnicas de reanimación cardiopulmonar. La propuesta ahora sería que antes de que suceda algún infortunio en una cancha donde amateurs realizan una actividad con clara exigencia física y probabilidad de golpes se trabaje en la introducción de un especialista –más allá de que haya alguno como público– para atender urgencias y no depender siempre de un servicio privado que a veces no llega a tiempo.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});