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Que sea lo que Dios quiera

Sábado 18 de Mayo de 2019

En la Argentina de la grieta política todo es posible. Y aunque parezca todavía más raro, a medida que se acercan las elecciones este abanico de posibilidades se vuelve aún más amplio, lo que nos deja a todos en una situación de meros espectadores sin más posibilidad que encomendarnos a la voluntad divina.
En las generales de 2015 muy pocos creían que el peronismo podía perder las presidenciales. Muchos se recuerdan a sí mismos viendo los resultados ante la pantalla sin poder creer que habían perdido, y los otros que habían ganado.
La dirigencia peronista no asumió aquel resultado, y muchos todavía siguen actuando como que aquello fue un error en el que no tuvieron ninguna responsabilidad.
A Cambiemos, por su parte, le sigue costando entender que pueden perder. Y no es para menos. La gran mayoría de sus funcionarios y dirigentes aparecieron en el gobierno con victorias contundentes en su debut político. Confirmando así que con creatividad marketinera y recursos ilimitados se puede torcer la voluntad popular a discreción.
En las intermedias de 2017 surgieron algunas dudas. La atención se centraba en la búsqueda de Maldonado. Todas las acusaciones ponían al Gobierno nacional en el eje del debate y la polémica no giraba más que en torno a la responsabilidad de las autoridades nacionales en la desaparición de aquel joven artesano.
Pero una semana antes de los comicios hallaron el cuerpo y las rapidísimas autopsias confirmaron que el gobierno no tenía nada que ver. Clink caja otra vez.
Después de eso hubo meses en los que parecía que Macri sería reelecto sin siquiera apurar el paso. Provincia por provincia se habían teñido de amarillo para alfombrar esa sensación.
Del otro lado la hecatombe, la debacle total. Presos, procesados, perseguidos, acusados. Y los que aún estaban libres se peleaban entre ellos.
Con ese panorama, ni haciendo el peor de los gobiernos de los últimos años Cambiemos puso en riesgo serio su posibilidad de volver a ser elegido.
Hasta ahora. La gente está enojada y lo demuestra en las elecciones.
Cada provincia que elige, elige en contra de este gobierno. Los apoyos son cada vez más mediáticos que reales y los números de la economía son una brasa ardiente. Y ahí surge otra vez la bipolaridad nuestra de siempre. "Si la gente está demostrando que no quiere a Macri, eso quiere decir que quiere a Cristina". Y arrancamos de nuevo.
En un país binario que desconoce que hay una ancha avenida del medio que puede ser menos pendular y zozobrante, una opción tranquila podría ser la válvula de escape que necesita y busca la gran mayoría. Parece aburrido, pero deber ser muy bueno vivir en un país previsible. En el campo de lo hipotético ya no se trataría de Macri ni de Cristina. Se trataría de los argentinos.
Cambiemos es pragmático en sus posturas electorales y sus piezas se mueven siempre obedientes. Si a Macri no le dan los números y María Eugenia Vidal tiene posibilidades, harán el cambio sin titubeos. Unos meses de aire fresco inyectando plata para el consumo, Vidal en todos los medios, y a prepararse porque el triunfo es posible.
El peronismo es más complicado. Hasta ahora todos han sido jefes.
La reaparición de Cristina y su libro, sumado a las últimas encuestas, han sido una bocanada de aire para la oposición. Pero sigue siendo Cristina, firme en uno de los lados de la grieta y sin garantías de que alguna movida mediática o judicial, sacada de la galera en el momento preciso, haga que el electorado vuelva cambiar de opinión.
El triunfo de Schiaretti en Córdoba podría ser esa pequeña luz que muchos estaban esperando pero no sabían de dónde podría llegar.
La pregunta que surge es si Schiaretti sería capaz de contener a la dirigencia opositora, y sobre todo, si logrará representar las esperanzas de los desilusionados y enojados de uno y otro bando.
Hay algo que está claro: en el país de la adrenalina constante, primero deberemos lograr algo de tranquilidad para comenzar a recuperarnos. Esa figura todavía no ha aparecido.
Hay algo que está claro: en el país de la adrenalina constante, primero deberemos lograr algo de tranquilidad para comenzar a recuperarnos. Y con el anuncio de ayer de Cristina, la adrenalina sigue aumentando al punto que puso en vilo al conjunto de la dirigencia nacional.

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