Secciones
Hoy por Hoy

Que la matanza duela en el bolsillo

Viernes 20 de Septiembre de 2019

“Podés estar de acuerdo o no con la caza. Pero no podés estar en desacuerdo con que hace dos años le estamos poniendo todo para cuidar las distintas especies de animales que estamos teniendo. Desde el más chiquito al más grande. Con los guardafaunas, hace dos años, localizamos dos carpinchos, los empezamos a proteger, ya tenemos unos 10, y este año podríamos haber tenido cinco más”. La cita, publicada en UNO de ayer, pertenece a Mario Sacchetto, guardafauna de la laguna de Melincué, quien advirtió la muerte de un ejemplar de carpincho hembra que estaba a punto de dar a luz cinco crías.

La desazón del experto se fundamenta, además del daño ambiental del acto depredador, en que eran solo ocho los roedores que estaban en el humedal y que eran cuidados precisamente para lograr que se desarrollen en ese ámbito propicio. Cuando los cazadores subieron a las redes sociales las fotos con la pieza muerta, luego carneada, y también las crías ya sin vida, Sacchetto tomó la decisión de llevar tal acto a debate judicial y público. En el ámbito tribunalicio la causa está recién empezando y por el delito les puede caber a los depredadores penalidades que tienen que ver más con multas y contravenciones que con la posibilidad de prisión efectiva o condicional. Es decir, la ley no tiene en el radar a tales delitos contra la naturaleza como actos de gravedad. Se podrá decir que hay cuestiones más graves que ocupan a los hombres de la ley y a los que deben debatirlas y sancionarlas, pero no se puede ignorar el asunto.

Hay reglas claras en torno a tiempos de veda, de caza y cantidad de especies que se pueden capturar en cada caso. Y quien incumple y es atrapado paga multa. Parece poca la pena comparada con la labor del guardafauna y muchos otros como él que imprimen tiempo, esfuerzo y hasta dinero para poder mejorar las condiciones de vida de los animales en su lugar natural. Queda para guardar en el bolso de las cuestiones pendientes la necesidad de afinar la puntería para arbitrar sanciones que merezcan la pena. Porque no es lo mismo matar un animal silvestre para comer por necesidad que por el mero acto de hacerlo.

En el mencionado artículo de este diario se dejó saber que de acuerdo a expertos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza el carpincho se encuentra bajo la denominación de menor riesgo y la catalogan como de riesgo bajo en el Libro Rojo de los Mamíferos de Argentina, donde se la considera especie “no amenazada”.

Tampoco se encuentra incluida en los Apéndices de la Convención Internacional Sobre el Tráfico de Especies Silvestres. Sin embargo hay un plan para protegerlos y evitar que caigan en la categoría de en extinción. Como sea, la clave está es motorizar la educación. Vaya novedad. El acceso al conocimiento aparece como la llave de resolución para la mayoría de los males que aquejan a la sociedad y en materia de preservación animal no se trata de una excepción.

Pero el rigor también asoma como herramienta de fuste para apalancar las acciones de preservación. En otras palabras, que la matanza duela en el bolsillo del matador.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario