Quiero contarles una serie de situaciones que entre las que sé y otras que me comentaron se están dando en esta parte del mundo y que habla claramente de la pérdida de los valores, de la solidaridad y empatía.
Poca solidaridad: 'no dar puntada sin hilo'
Por Javier Aragón
Largas esperas. Por la crisis hay más docentes y estudiantes haciendo dedo en las rutas.
El disparador de estas líneas, fue lo sucedido hace pocos días con un familiar, en cercanías de Oro Verde.
Un grupo de jóvenes habían viajado desde Paraná en un vehículo para pasar la tarde en una urbanización, en una casa quinta. La conductora muy novel se olvidó las luces encendidas y tras cuatro horas de disfrute de la pileta y los mates para superar el calor, organizaron el regreso a la capital. El problema fue que el vehículo no arrancó.
La batería no respondía, pese a empujarse el rodado, no hubo caso. A los pocos metros había un hombre que estaba terminando de cortar el pasto, y las “gurisas” le pidieron ayuda, si tenía algo parecido a cables para hacer puente desde otro auto.
Justo el hombre contaba con ese elemento en su vehículo, y tras realizar el operativo, el Peugeot arrancó con bastante dificultad. Todo bien, hasta que el ‘solidario’ cortador de pasto les dijo: “Esta gauchada sale unos 1.000 pesos, aunque sea para los puchos”.
A las chicas no les quedó otra que pagar y regresar, mientras asimilaban el reclamo.
La historia en sí, refleja de cuerpo entero lo que está pasando en la sociedad con una mercantilización, hasta de las acciones más sensibles que están ligadas con dar la mano a una persona que se encuentra con algún problema.
En la vida no todo es dinero, hay gestos, acciones de contención que gratifican el alma, o al menos tradicionalmente se realizaban hasta no hace mucho tiempo y que formaban parte de una sociedad.
Tal vez el ejemplo, para mucho sea mínimo, pero si a eso le sumamos otros comportamientos pocos dignos.
Desde el convidar con un mate al policía que se encuentra a la noche o la madrugada, o darle un vaso de agua fresca, al mismo uniformado que pueda estar haciendo lo que le corresponde en la esquina cualquiera de las casas de nosotros.
O tratar de aprolijar la comida que sobra en nuestra mesa y acondicionarla de tal manera que pueda seguir siendo consumible para las personas -que son muchas- que recorren los contenedores de la ciudad.
Suelo viajar seguido a Nogoyá, por cuestiones familiares, y por la crisis que se vive en el país, cada vez son más los estudiantes, docentes, policías o personas sin medios económicos, que se los ve haciendo ‘dedo’.
Tal vez, uno porque en la juventud viajó de la misma forma, y es que sabemos lo que es estar varias horas aguardando el ansiado sonido del frenado de un vehículo.
A la consulta, de cómo está la ruta, a la persona que se lleva, la respuesta es rápida: ‘Cada vez es menos la gente que para’. Se argumenta que por problemas de seguridad, no se animan a realizar traslados de personas que no se conocen, pese a estar vestidos con guardapolvos docente o uniforme policial, o jóvenes que muestran con carteles a su lugar de destino.
Se recordó un famoso caso, de una persona que murió en un siniestro vial. El hecho ocurrió hace un par de años, y la víctima estaba haciendo dedo. ¿Qué pasó? los familiares del muerto, no tuvieron mejor idea que realizarle juicio a conductor del auto.
Los gestos de solidaridad, como el de ayudar a una persona a cambiar una cubierta pinchada, o el de llevar al conductor que quedó en la ruta con el auto descompuesto hasta un mecánico, o situaciones similares, se van perdiendo en el tiempo.
La costumbre de ayudar a cruzar una calle a una persona anciana o con problemas visuales o físicos, también empiezan a escasear en esta sociedad materialista, que solo podrá mover la acción a cambio de plata.
‘El no dar puntada sin hilo’, lamentablemente cada vez se reproduce, mientras los buenos gestos, tienden a desaparecer.
Proceso que se inició con cobrar dinero para utilizar un baño público, el de reclamar algunos pesos por un poco de agua caliente, o un vaso del vital elemento. No hay piso para la degradación de los valores.
Son ejemplos muy pequeños, pero que reflejan cómo se desvalorizó el concepto de una “gauchada”.
Y muchas veces es muy fácil hacer sentir el rigor de la insensibilidad, ni siquiera mirando a una persona que se encuentra en dificultades. Lo más fácil es pasar y que quede a la buena de Dios. Ojalá a estos insolidarios, no les toque alguna vez sentir el en carne propia el espanto de no recibir la mano extendida de otra persona o bien que te quieran cobrar el acto de caridad.















