Hoy por hoy

Morir como un perro, solo y abandonado

La muerte de Rubio y Byron, dos casos en los cuales se puede entender cómo la crueldad humana no tiene límites.

Viernes 17 de Junio de 2022

No recuerdo un momento de mi vida en la cual no haya estado rodeado de una mascota. Siempre hubo un perrito, o tres como en la actualidad, en mi casa. Incluso recuerdo el nombre de todos ellos. Quizás aburra un poco en mencionarlos, pero lo voy a hacer. El primero de todos fue Tatú, quien me acompañó durante gran parte de mi infancia, luego llegaron Terry, Guairá, Neón, Viejita y en el presente Paloma, Chanchi y Pety. También puedo contar a los que día a día se instalan en la puerta de casa para que mi madre les de comer. Juro que a veces no entiendo como mi vieja pierde varias horas en cocinarles, aunque luego entiendo de dónde viene mi amor por los “pichichos”. Al crecer rodeado de ellos, al compartir varios minutos del día viendo lo cariñosos e inteligentes que son, siempre me surge la misma pregunta: ¿Cómo puede haber gente que les haga daño?

Está claro que las hay y son muchos los casos que se conocen en diferentes puntos del país. A través de las redes sociales seguí algunos que me llamaron la atención, no por la crueldad con la cual actuó el ser humano (si se puede llamar de esa forma) con el animal, sino por lo movilizante que fue para muchas personas perder de manera violenta a un callejerito. Uno de los casos más resonantes fue en Mar del Tuyú, donde un hombre ató a un perro a su camioneta y lo arrastró por la Ruta 11 hasta matarlo. Su nombre era Rubio, quien incluso hoy tiene una especie de monumento en la entrada de la ciudad. Era un perro comunitario que fue adoptado por las y los trabajadores de la estación de servicio Axion, hasta que llegó Adrián Guillermo Rodríguez, su asesino.

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Rubio fue asesinado en Mar del Tuyú.

Rubio fue asesinado en Mar del Tuyú.

La causa de Rubio aún sigue abierta en la Justicia, ya que se reconoce que en este tipo de casos hay un gris sobre la pena que le cabría a la persona. Claro que ayer se dio a conocer otra situación que puede sentar un precedente. Es que un juez rionegrino declaró penalmente responsable a un hombre por matar a patadas a un perro y en 15 días se conocerá la condena, que va de 15 días a 1 año de prisión en suspenso. La medida fue adoptada por el magistrado Mariano Camarda contra Marcos Abdala, quien es juzgado en un proceso oral y público por haber matado a un perro de raza Terranova llamado Byron.

En el juicio en el que declararon más de 15 testigos se acreditó que Byron “falleció a causa de un desgarro en el hígado provocado por una patada que le dio el imputado la noche del 21 de septiembre de 2020” en la zona céntrica de la ciudad de General Roca. La declaración de los veterinarios en el juicio permitió al juez concluir que el perro falleció como consecuencia de la lesión interna.

Más allá de las circunstancias que rodearon a este caso, el juez Camarda concluyó que se trató de una conducta “desmedida, violenta y a todas luces dañina”, encuadrada penalmente en un acto de crueldad contra el animal.

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Solo son dos ejemplos que demuestran lo cruel que una persona puede ser con un animal. Es difícil de entender cuáles son las causas que lo llevan a actuar de esa forma, aunque es evidente que no está en todos sus cabales. Después se puede abrir otro debate sobre la responsabilidad que tiene los dueños de los perros que muestran un accionar violento, donde considero que es clave la “educación” que reciben por parte de sus dueños. Pero es otra historia.

Hoy, está bueno saber que ante casos similares a los de Rubio o Byron, el responsable no quede impune. Si bien la pena puede ser escasa a mi consideración, saber que lo que hizo tiene un costo es algo positivo. De todas formas, considero que la condena social es más inquietante que tener que soportar algunos meses en prisión. Tener la mirada de la gente clavada en la nuca para el resto de su vida no debe ser algo reconfortante. Al contrario. Los asesinos de Rubio y Byron quizás pueden estar arrepentidos por lo que hicieron y estaría bueno que así sea.

La frase “morir como un perro” se emplea para expresar las condiciones pésimas o inhumanas en que cierta persona se encuentra en el momento de morir, o la manera cruel en que le llega la muerte. “El pobre murió como un perro: solo y abandonado”, se suele decir. Nada más acertado para describir como estos dos perritos encontraron la muerte.

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