Hoy por hoy
Martes 22 de Mayo de 2018

Las secuelas de la causa Ilarraz

Finalizó el juicio a Justo José Ilarraz, con la esperada condena a 25 años de cárcel para el sacerdote acusado de abusos sexuales y corrupción de menores en el Seminario de Paraná. Y pese a la sentencia, hay heridas que no cicatrizarán como quieren desde distintos sectores de la Iglesia.
Por lo pronto, quedó en la investigación el patético comportamiento de varios curas de Paraná que no se la jugaron por las víctimas, incluso fueron tan infelices en sus declaraciones que no contaron todo lo que sabían. Callaron, mintieron, miraron para el costado y no les importó un carajo tener la posibilidad de hacer justicia, acá entre los mortales y la celestial.
¿Con qué cara estos religiosos se subirán al púlpito a predicar la palabra de Dios?
Es lamentable y casi delictivo que otro sacerdote negó los hechos, al punto tal de desconocer que un familiar suyo también había sido violado.
Fue penoso el comportamiento –no de todos por supuesto– pero de autoridades de la Iglesia de Paraná que a boca de jarra dijeron no conocer o saber de los hechos sucedidos en el Seminario.
Al menos hay que destacar a Estanislao Esteban Karlic que en el arranque de todo esto ocultó a la Justicia terrenal los abusos denunciados. Por lo menos, salvó un poco su ropa confirmando en la declaración por escrito que Ilarraz le confirmó ser autor de los abusos, lo que le llevó a la sanción y destierro de la capital entrerriana.
No logro entender cuál fue el motivo por el que a reconocidos y prestigiosos prelados o sacerdotes no se les movió un pelo al dejar "abandonadas" a las víctimas.
La conciencia seguramente los mortificará por su cobarde comportamiento.
De arriba hacia abajo, ahora con la condena, se esperan gestos. No alcanza con decir que se pide perdón, que se está arrepentido, o que no se supo cómo actuar ante las denuncias por abusos en el Seminario.
Si quieren recuperar el terreno perdido de la autoridad, el respeto, reconocimiento y ser verdaderos guías, al menos deberían convocar a las víctimas y ponerse a disposición. Ahora es el momento, dejando de lado los errores del pasado, y darles la mano para contenerlos, ayudarlos, a ellos y a sus familias.
También se espera desde el Vaticano que Francisco hable, diga algo, que marque la cancha y repudie el comportamiento de Ilarraz.
Es muy llamativo que el cardenal Bergoglio en Buenos Aires no se haya enterado de lo notificado en su momento por Karlic, desde la propia investigación, y hasta la sanción "canónica" impuesta.
Para terminar con los dobles discursos, es bueno que las autoridades de la Iglesia se replanteen cómo seguir. En la Justicia hay un par de curas más acusados de hechos similares.
Por la honorabilidad de los curas que no hubieran permitido esto, por aquellos pocos que se animaron a denunciar y a acompañar a las víctimas, por los Luis Zanitti y otros tantos que se fueron ahogados por el dolor, es más que nunca necesario terminar con la hipocresía y el cinismo.

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