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La argentinidad al palo

Miércoles 08 de Mayo de 2019

Hay situaciones más severas en el país y más urgentes para atender, eso está claro, pero he aquí dos situaciones que nos describen como sociedad y que parten de un deporte, el más popular, como es el fútbol. Algunos sabios argumentaron alguna vez que se juega como se vive y algo de razón tenían.
El argentino Lionel Messi (el mejor del mundo, sin dudas) y su equipo, el Barcelona, quedaron eliminados de la Liga de Campeones de Europa después de haber perdido 4-0 frente al Liverpool de visitante en Inglaterra.
El conjunto español no supo aguantar el 3-0 de la ida y le dijo adiós a la competencia más importante de clubes en el Viejo Continente. Claro, acá, lejos de la realidad europea, la culpa es de Messi. Lio es el pecho frío y el perdedor que nunca está en las difíciles. El muchacho que siempre agacha la cabeza.
La mayoría de los compatriotas del nacido en Rosario, o sea todos nosotros, estábamos esperando con ansias este tropezón para atacarlo con toda la munición y caer en la obvia: compararlo con Diego Armando Maradona.
En Argentina nos ponemos más felices por la derrota de un argentino que por un triunfo. Una locura total. Yo me pregunto y les pregunto ¿Messi juega solo o en equipo? ¿Messi no se puede dar el lujo de perder alguna vez? ¿Por qué festejamos más la derrota ajena que el éxito propio? ¿Y por qué no aceptamos que a veces hay un equipo enfrente que puede ser superior?
Son preguntas que lógicamente nos llevan a la peor de las conclusiones. Es porque somos envidiosos, malos competidores y egoístas, entre otras tantas cosas. Ojalá algún día entendamos y podamos digerir las derrotas de otro modo, de un modo más evolucionado. Y el éxito también.
Paralelamente y ahora sí en el país hay otro ejemplo de cómo somos en este suelo. Cuando Mauro Zárate pasó de Vélez Sarfield a Boca Juniors, de inmediato nació una novela, una que no tiene género, que solo da vergüenza ajena o propia tal vez. Mauro había declarado que en el único equipo que jugaría en Argentina sería en la V Azulada, pero llegó el Xeneize y no se pudo resistir. Es más, una vez que lo hizo pidió disculpas y aceptó su error. Eso igualmente no alcanzó, todo lo contrario.
Los hinchas Fortineros nunca le perdonaron este pase al ídolo y le cayeron con todo. Amenazas en las redes sociales y hasta en la escuela de la hija del jugador cuando se dijo que había una bomba. Increíble, pero real. Todo por el pase de un club a otro. Encima ni siquiera son archirrivales.
Y desde ese momento el mundo futbolero está esperando casi con desesperación que Mauro pise el estadio José Amalfitani. Algo que finalmente sucederá este domingo cuando Boca visite a Vélez por la Copa de la Superliga ¿Y para qué queremos que esto suceda? Para ver cómo lo insultan y lo agreden a Zárate.
Sí, en vez de disfrutar de un buen partido de fútbol, el hincha, no todos pero la gran mayoría, irá a la cancha pensando en cómo agredir a Zárate.
No crecemos y no nos educamos más. Estamos enfermos y sin cura.

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