Hoy por Hoy
Miércoles 09 de Mayo de 2018

Hasta la puerta del cementerio

Suele decirse en política que los acompañamientos son hasta la puerta del cementerio, que hasta allí llegan las lealtades o los argumentos convincentes; que al ingreso del camposanto acaba la fuerza de las razones de quien va directo a su última morada. A nadie podrá considerarse entonces traidor si mantiene todo lo posible sus convicciones, sus argumentos, sus razones. Esto es, hasta la puerta del cementerio, adentro ya no. La frase pone en cuestión la valoración que en política partidaria o en la acción de gobierno debe hacerse permanentemente para no caerse del menú de las opciones vigentes, para seguir teniendo vida, políticamente hablando.

En estos momentos hay algo de eso dando vueltas por la cabeza de los dirigentes que integran el peronismo dialoguista, el sector que no se identifica con el kirchnerismo y que ha mantenido una relación más armónica con el macrismo gobernante.

La pregunta para varios de ellos es dónde queda la puerta del cementerio, no para el gobierno nacional; sino para ellos mismos. En algunos casos la adhesión a las políticas nacionales fue por convencimiento, pero en muchos otros obedeció a la necesidad de mantenerse fuera del alcance del látigo de la administración macrista y poder así garantizar la gobernabilidad en sus distritos.

No sugiere esta columna que el gobierno nacional sea el muerto que va a su entierro, sino que los gobernadores justicialistas tienen que calcular dónde queda para ellos el límite de esa adhesión, que puede transformarse en un camino sin retorno (tal como sugiere la idea de un entierro).

El macrismo no ha tomado en cuenta estas valoraciones en lo que va de su mandato, y es poco probable que empiece a considerarlo ahora. Presionó a los gobernadores para que estos induzcan/convenzan/impulsen a sus legisladores nacionales para apoyar cuanta medida le pareció necesaria, aunque fuera antipática. Desde el acuerdo con los holdouts hasta la reforma previsional de fin del año pasado.

Ayer la presión seguía siendo muy fuerte para intentar por esa vía que naufragara la ley que propone un freno a la escalada de las tarifas energéticas; y es también muy fuerte para que los gobernadores apuntalen la sanción de la nueva ley de reforma laboral.

Por supuesto que los gobernadores peronistas (no kirchneristas) han debido sobrellevar una situación de alto estrés político ante la presión de un gobierno que no es de su signo partidario y que por lo tanto tiene menos compromiso con la suerte de sus administraciones provinciales. Por el contrario, para buena parte de la dirigencia y de los votantes de Cambiemos, esa actitud firme de la Nación refleja determinación y vocación de poder, ya que de otra forma "no se puede gobernar este país".

La decisión de volver a endeudarse con el Fondo Monetario Internacional; el impulso a una ley de reforma laboral que avanza contra derechos de los trabajadores y genera además incertidumbres en otros aspectos; el tarifazo energético; el recorte de la obra pública; la depreciación continua de los salarios por niveles de inflación que a 30 meses de gestión todavía no se pueden controlar; y tras muchas medidas de ajuste se suman a una mochila cada vez más pesada desde el punto de vista político.

Dónde queda el límite de estas situaciones es la pregunta, ya que en la balanza de los gobernadores no se coloca solo la perspectiva electoral para 2019, que al fin de cuentas no es lo más importante, y si lo fuera no deja de estar condicionado por lo urgente, ya que no hay perspectivas positivas sin una gestión aceptable.

Claro que si todos los días el macrismo le sube el precio a la posibilidad de mantener una buena relación con el gobierno nacional; si cada día demanda mayores esfuerzos políticos a los mandatarios provinciales para compensar su propia falta de respaldo, en busca de un aval forzado a medidas polémicas e impopulares; si todos los días sube la vara de la adhesión por necesidad: la ecuación política comienza a no cerrar. Y no cierra a pesar de saber que si la Nación aprieta a una provincia con el flujo de los recursos (en una estructura de federalismo muy condicionado) los problemas financieros serían tremendos y la sobrevida corta.

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