El sábado 10 de junio se cumplió una década del crimen de Ángeles Rawson, la joven de 16 años cuyo asesinato a manos del encargado de su edificio Jorge Mangeri, conmocionó a nuestro país y despertó en la sociedad indignación, ira y repudio. Fue la primera chispa donde muchas mujeres comenzaron a cuestionarse una problemática con trasfondo más complejo.
Femicidios y violencia de género: todo sigue igual
UNO / Mateo Oviedo
De acuerdo a la Asociación Civil Casa del Encuentro, en 2013 fueron asesinadas 295 mujeres en un marco de la violencia de género, caracterizándose como la cifra más alta en los últimos diez años en ese entonces. Por su parte la estadística en 2022 fue levemente menor pero igualmente elevada: 242 femicidios. Finalmente, en lo que va de 2023, el Observatorio Ahora que si Nos Ven informó que se cometieron 99 femicidios. De esta cifra, 20 hicieron una denuncia previa contra los que serían sus femicidas y 14 ya tenían medidas judiciales hacia sus agresores.
En una sociedad civilizada la violencia en cualquiera de sus formas (económica, física, verbal, emocional, psicológica y política) debería ser inadmisible, sin importar el género. Sin embargo, los titulares de una nueva mujer muerta no cambian la indiferencia de quienes deberían impartir las condenas correspondientes e, incluso, liberan a femicidas y violentos por tecnicismos ridículos.
Tristemente las mujeres que continuamos sobre esta Tierra vemos cómo, frente a cada titular, permanece la silenciosa esperanza de que quizás esa víctima podría ser la última, que las cosas cambiarán, pero eso no sucede sino todo lo contrario: progresivamente los números aumentan frente a nuestros ojos, sin que nadie reconozca que el problema nunca se erradicó.
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Resulta complejo buscar algo “novedoso” que decir, porque todas repetimos lo mismo: “Paren de matarnos”. Es un mensaje simple, conciso e imposible de que no se entienda pero, ¿qué es lo que está fallando? ¿Por qué los femicidios y la violencia hacia las mujeres y disidencias no logra ser eliminado? De acuerdo a la fiscal especializada en esta problemática, Mariela Labozzeta, “Tenemos un problema muy serio: una muy mala respuesta del sistema judicial y del Estado en su totalidad ante el riesgo de las mujeres. Eso habla de un fuerte anclaje del sesgo discriminatorio contra las mujeres”, manifestó al medio internacional DW. La fiscal, que dialogó con el portal luego de las repercusiones del femicidio de Úrsula Bahillo, ocurrido en 2021, insistió: “Estamos en un punto en el que dan lo mismo las cifras, es un horror. Da igual si se mantienen constantes, porque las cifras son escandalosas”.
Si bien nuestro país fue pionero en torno a medidas para proteger y garantizar la igualdad entre mujeres y hombres como la Ley Micaela, la Ley de Protección Integral y la Ley de Género, las normativas y el apoyo en las redes sociales por parte del Estado en fechas particulares son inútiles si éstas no tienen una regulación para su efectivo cumplimiento. La inoperancia del sistema judicial y estatal fue clave en los posteriores asesinatos de muchísimas mujeres que pudieron haberse evitado. En esta línea, Labozzaleta remarcó la necesidad de unificar la coordinación del trabajo entre las provincias a la hora de abordar los femicidios para lograr un mejor funcionamiento del sistema. Por su parte desde la ONU Mujeres destacaron que, a partir de la información estadística, la justicia continúa siendo un motivo de preocupación por la imposibilidad de las víctimas de acceder a ella.
A ocho años del primer Ni Una Menos, que se conmemoró el pasado 3 de junio en todo el país es vergonzoso tener que rogar en pleno siglo XXI que nos escuchen, nos crean, no nos revictimicen, que protejan nuestra vida y que hagan lo que corresponde para que ninguna mujer, persona travesti o trans muera a manos de un violento. Es necesario repensar qué está sucediendo culturalmente, pues la cantidad de denuncias y crímenes de esta índole revelan un fenómeno más profundo con complejas aristas sociales, económicas, culturales y políticas que posibilitan tantas muertes.
Ante cada lamentable titular de femicidio se repite otra frase: “Que su muerte no sea en vano”. Quizás es tiempo de hacer más que hablar, comentar o indignarse. Es necesario actuar para que no hayan más Julieta Riera, Ángeles Rawson, Chiara Páez, Lucía Pérez, Fátima Acevedo, Úrsula Bahillo y muchísimas más. Todo sigue igual, ¿cuándo van a cambiar las cosas?

















