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Ahora tengo miedo

Sábado 28 de Septiembre de 2019

Un tweet de Marcelo Tinelli continuó con la polémica que hace tiempo despertó en nuestro país. “El glifosato está prohibido en 74 países. Acá en Argentina siguen fumigando a personas, escuelas, y a los alimentos que comemos. ¿No vamos a hacer nada?”, se pudo leer en la cuenta del conductor televisivo (@cuervotinelli). Claro que el tema no es nuevo, aunque parece ser que el mediático se enteró en estos días cuáles son las consecuencias del uso de estos químicos, algo que hace rato está en discusión.

En setiembre del año pasado, una noticia causó conmoción y fue la muerte de Fabián Tomasi, un símbolo en la lucha contra los agrotóxicos y ejemplo de las consecuencias del uso de glifosato en los campos. El hombre de Basavilbaso tuvo en su cuerpo secuelas terribles por el uso de estos químicos y su imagen deteriorada recorrió el mundo, aunque pocos entendieron lo que sucedió. Con su deceso empezó una nueva discusión sobre las consecuencias del uso del glifosato en los campos.

En abril de este año, Mauricio Macri estuvo en Entre Ríos y se refirió al tema dejando mucha tela para cortar. El Presidente criticó un fallo judicial que impedía que se pudiera fumigar a menos de 1.000 metros de las escuelas rurales. La decisión de los jueces le puso freno a un decreto que permitía usar este tipo de elementos hasta a 100 metros de los establecimientos educativos.

Macri había manifestado que la restricción ponía “en peligro el trabajo de muchos entrerrianos”, y dijo que era un fallo “absurdo que no se basa en ningún rigor científico”.

Está claro que nunca vio cómo Tomasi se fue consumiendo, hasta quedar piel y huesos. Indignante desde todo punto de vista, porque no debe haber un ejemplo más evidente que este, donde los intereses económicos pueden más que la salud de las personas.

Otro caso fue el de Estela Lemes, la docente a la cual le diagnosticaron veneno en la sangre, producto de las fumigaciones aéreas a las que se vieron sometidos los vecinos de Costa Uruguay Sur, en donde funciona la escuela Nº 66 Bartolito Mitre, de la que es directora. En ese momento, una vez que había recibido el alta, dijo “no entender” la postura, que establecía para las fumigaciones cerca de escuelas rurales las distancias de 100 metros, para las terrestres, y 500 para las fumigaciones aéreas. Estela sobrevivió y su reclamo es más que justo.

En honor a la verdad, no fue el tweet de Tinelli el que me puso a pensar nuevamente en esta preocupante situación. En lo personal, fue angustiante saber del fallecimiento de Fabián. En ese momento hubo acertadas columnas de periodistas del UNO ante un triste y anunciado final. Pero ya pasó. Como siempre sucede en nuestro bendito país fue una muerte más. Solo los familiares de Tomasi saben lo que sufrieron en esas circunstancias. El tiempo transcurrió, lento, pero sin determinaciones importantes al respecto.

Insisto, lo que dijo Tinelli no me movió demasiado, sino una situación particular que me tocó vivir. Como apasionado de la pesca, me gusta disfrutar de un buen sábalo asado. O de una boga al horno. También de unas empanadas de pescado, las cuales en casa nunca entendí porqué mi vieja las hace con arroz. Pero le salen exquisitas. Y en la semana, degustando alguna de ellas, mi viejo me hizo una pregunta que me dejó pensando: “¿No le sentís como un gusto a aceite de motor o algún químico al pescado? Mi respuesta fue negativa, aunque su interrogante me quedó dando vueltas en la cabeza.

Después empecé a atar cabos y a ver con más preocupación la contaminación que sufre el río Paraná, que por estos días luce con una bajante pronunciada, todo proveniente de los químicos que las lluvias arrastran de los campos hacia los arroyos.

Fue algo pequeño lo que sentí en comparación de lo que sufrieron otras personas. Pero ahora, esa preocupación de mi viejo me hizo reflexionar y volver sobre un tema que todavía tiene muchos capítulos por escribir. Y siendo sincero, ahora tengo miedo. Quizás la expresión “nos están matando” no sea tan extremista como todos pensábamos.

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