Iba finalizando el cálido verano de 1989 en la República Argentina, había terminado la primera rueda del Torneo 1988/89 que terminaría ganando Independiente de Avellaneda. Hacia fines de enero un grupo radicalizado de izquierda llamado Movimiento Todos por la Patria, había protagonizado una sangrienta toma de un cuartel en La Tablada y fueron violentamente reprimidos; se sospecha que recurriendo a violaciones a los Derechos Humanos. Pero nada de eso hacía pensar lo que se venía en la siempre convulsionada Argentina. A inicios de febrero el Banco Central se retiraba del Mercado de Divisas, dejando de ser oferente de dólares. El Ministro de Economía de Raúl Alfonsín se llamaba Juan Vital Sourrouille y el Presidente del BCRA, José Luis Machinea. La razón, era simple, al país se le estaban secando las reservas; a partir de allí, se generó una corrida cambiaria letal que hizo subir estrepitosamente el valor del Dólar.
1989, peligrosamente cerca
Por Valeria Girard
Pero ¿cómo se llegó a esa situación? El fracaso del llamado Plan Austral, era evidente. Congelamiento de precios de bienes y servicios, congelamiento de salarios y jubilaciones, tasas de interés reguladas, mecanismos de desagio para contratos, entre otras medidas, estaban revelando su agotamiento. En ese contexto se lanza el Plan Primavera que padeció la desconfianza de todos los sectores incluyendo al FMI y Banco Mundial quien cortó de raíz la ayuda a la Argentina. Jugado, sin fichas, el gobierno se debatía impotente ante el caos económico.
El Dólar pasó de cotizar 26 Australes (nuestra moneda de entonces) a 48 en marzo, 79 en abril y hasta 200 en mayo.
Los comercios no vendían mercadería porque, aunque sabían que los precios de reposición aumentarían, no sabían en realidad cuánto. Así, conseguir un kilo de yerba, arroz, fideos o azúcar, podía transformarse en una odisea. Las remarcaciones no tenían días ni horarios. El precio de la mañana no era el de la tarde ni tampoco el del día siguiente.
En ese contexto, no era de extrañar que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) llegó a registrar un alza del 3.079% anual en 1989. Política económica y economía política no lograban darse la mano y las elecciones presidenciales, previstas para octubre, debieron adelantarse a mayo, mientras que la entrega de banda de un Presidente Democrático a otro en años, sufrió el adelantamiento de diciembre a julio.
El quinto mes del año inauguró una triste costumbre argentina de crisis: los saqueos a supermercados. El gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba y otros centros urbanos, fueron escenario de esas imágenes que se han repetido hasta el hartazgo, gente cargando mercaderías de todo tipo, entre ascuas coronadas de gritos de adultos y niños ante la impávida mirada las fuerzas del orden.
Las cajas “PAN” (Programa Alimentario Nacional) asistencia para sectores económicamente vulnerables eran, entonces, una gota en el desierto, el hambre, tenía rostro de multitud.
La violenta devaluación registraba, para los trabajadores, proporciones trágicas y el pozo parecía no tener fondo.
Que se repitan esta clase de eventos deberían hacernos reflexionar, como ciudadanos y como votantes, también, debería significar un llamado de atención a la clase dirigente. La inflación interanual, tomando como base el mes de septiembre, asciende al 138,3 %, si bien es cierto que está lejos de los más de 3000% del ´89, no es menos cierto que revela un descontrol de las variables. La vuelta a la falta de precios en la economía, la depreciación alarmante de la moneda nacional, la pulverización del salario y más.
Uno de los orígenes de la crisis, otra vez, la falta de reservas y la dificultad para conseguirlas, vuelve a estar vigente en la actualidad. La heterodoxa alquimia económica de Sergio Massa, como solicitar ayuda a Qatar y gestionar un swap con China, no nos salvan de las devaluaciones a pedido del FMI, dejando a los sectores más vulnerados en situaciones excesivamente precarias.
En esa situación ¿Puede alguien en su sano juicio aventurar el precio del dólar en diciembre, mes de fiestas navideñas y tradicional consumo?
Por ello, pensando en las corridas cambiarias y bancarias, los saqueos y la irresponsabilidad de ciertos candidatos presidenciales, no es raro pensar que 1989 está peligrosamente cerca.













