Pablo Felizia/ De la Redacción de UNO
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Y de toda dominación extranjera
La causa de Malvinas es justa: es el reclamo argentino de una parte del territorio ocupado por una potencia, tal cual se reconoció en la Resolución Nº 1.514 de 1960 de las Naciones Unidas. No es una disputa de límites entre Argentina e Inglaterra ni un debate sobre el derecho de los kelpers a la autodeterminación. Es el reclamo histórico de nuestro país por lograr que se le restituya una parte que nos ha sido cercenada en un acto de colonialismo: un crimen de lesa humanidad. Hoy se cumplen 32 años de la guerra; desde las 6.15 exactas de un día como hoy, pero de 1982, la Bandera celeste y blanca flameó en esos mástiles durante 74 días. Pero en todo este período, ellos han avanzado: extraen petróleo y minerales, utilizan las islas como base aérea militar, pretenden incorporar nuestras plataformas marítimas, explotan los recursos pesqueros y entre lo más grave, todos los indicios dan cuenta de que ahora van por la Antártida.
Durante esta semana habrá homenajes en todo el país a los combatientes de Malvinas por su probado heroísmo y el reconocimiento a los que no volvieron, todos esos hijos de la Patria que aún nos esperan. Habrá que decir que la causa es inclaudicable por el peligro que representan las Islas Malvinas así como están: son una fuente de agresión militar contra nuestra soberanía.
Si se mide con un hilo sobre un mapa el largo que hay desde La Quiaca hasta Ushuaia, se podrá advertir que desde esa ciudad del sur, hasta la última punta de la Antártida, hay casi la misma distancia. Muchos creen que nuestro país termina antes, cuando es el doble de extenso. Las Malvinas y sus archipiélagos australes son estratégicos y desde ahí se controla el paso desde el Atlántico al Pacífico. Pero además el Reino Unido de Gran Bretaña pretende colonizar 5 millones de kilómetros cuadrados de territorio argentino entre plataforma marítima y continental, archipiélagos y mares adyacentes. Incluso ellos impusieron el nombre Tierras de la Reina Isabel a un área de 470.000 kilómetros cuadrados ubicados en la parte sur de la Antártida. La Unión Europea, mediante el Acuerdo de Lisboa en 2007 se los reconoció, así comenzó a aparecer en sus mapas y hasta hicieron monedas talladas.
Se sabe que ciudadanos de Inglaterra compraron tierras en el sur argentino y han construido pistas de aterrizaje como si fuera un aeropuerto internacional. En Neuquén, China pretende instalar una base operativa para el control de satélites y aún persisten los pactos y tratados posteriores a la guerra firmados en la década del 90 y todos profundizan la sumisión nacional.
Pasaron 32 años de la guerra y en ella, 34 entrerrianos junto a otros 615, nos dejaron el compromiso de no bajar los brazos, nos exigen todos los días ser guardianes de nuestro territorio y hacer real y concreta la Declaración de Independencia de la República Argentina. Quizás algunos no lo recuerden pero el acta se aprobó el 9 de julio de 1816 y el 19 de ese mes se debió hacer una sesión secreta. En ella se le logró una incorporación que luego se juró el 21. Se agregó entonces a “una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli”, la frase “y de toda dominación extranjera”; por eso la causa de Malvinas no es algo que pasó hace mucho; es un presente, un dolor que nos queda y una libertad que aún nos falta.












