A Fondo

Sobre la discriminación positiva

Sábado 14 de Marzo de 2015

Luciana Actis/De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar

 

Poniendo en acción esa consigna que versa que “el Día de la Mujer es todos los días”, me permito escribir algo al respecto. Cada 8 de marzo suele hablarse de promociones para las más lindas, de flores, de “no queremos flores”, de feminismo, de mujeres víctimas. Aquí me gustaría hablar de otra cosa, que a la vez encierra todo lo enumerado anteriormente, y bastante más.
A esta altura de las circunstancias, sabemos que esa fecha se rememora a las mujeres de una fábrica neoyorkina, que un 8 de marzo de 1857 protestaron por la mejora de sus condiciones laborales –que eran más paupérrimas que las de los hombres–, tras lo cual el propietario de la fábrica las hizo encerrar y luego alguien prendió fuego al edificio, matando a 129 empleadas.
Ahora es casi imposible imaginar que semejante cosa pudiera suceder. Desde entonces, las mujeres hemos conseguido varias reivindicaciones –derecho al voto, a la ocupación de cargos públicos, a la formación profesional, al trabajo y a la no discriminación por el mero hecho de ser mujer–, por lo menos en la mayoría de los países de occidente.
Sin embargo, no se puede decir que la lucha contra la discriminación se pueda dar por concluida. Además de las permanentes afrentas de tinte sexista que debemos soportar a diario (desde lo verbal y llegando hasta los extremos de la violencia física) hay otro tipo de discriminación que en la actualidad está perdiendo la sutileza: la discriminación positiva.
Parece algo contradictorio, pero no lo es. La discriminación en sí significa diferencia. Y en la actualidad, en cuestiones de género la diferencia mal entendida sigue imperando, y las mujeres no solemos hablar al respecto. Quizás porque hay un discurso que se ha instalado, que en un comienzo sirvió para contrarrestar a la violencia machista, pero que ahora ha echado raíces y gran parte del movimiento feminista no puede –o no quiere– superar.
En el país contamos con una ley de cupo femenino en el ámbito gubernamental y otra –muy necesaria– Ley Nacional contra la Violencia hacia la Mujer. La primera ha incrementado notablemente el acceso de las argentinas a cargos políticos en los últimos 20 años; la segunda, si bien se enmarca en un contexto de mayor concientización y sensibilización acerca de las cuestiones de género, no ha logrado hacer mella en la prevención de la violencia.
De todas maneras, una puede llegar a plantearse si realmente la sociedad es consciente del retraso histórico que las mujeres arrastramos en la incorporación a las múltiples funciones que se desempeñan en sociedad. Y si somos conscientes que una forzada incorporación tardía a fines del siglo XX y principios del siglo XXI necesita de constantes rectificaciones.
Incluso, no debería ser políticamente incorrecto señalar que beneficiar a un género en las leyes y las prácticas, no debe ir en detrimento del otro; sino que debe tender a igualarlo a ese otro.
Para dar un ejemplo muy pertinente, hasta mediados del siglo XX en la Argentina existía la patria potestad, una facultad concedida al padre en beneficio exclusivo de la familia y de los hijos sometidos a él, a quienes debía protección. Hoy en día, la situación se ha revertido hasta el punto que una denuncia falsa es suficiente para que la Justicia avale a una madre que quiere obstruir los vínculos de sus hijos con el padre –hechos que son mostrados en el documental Borrando a Papá, cuya censura fue levantada recientemente por el juez Guillermo Blanch–, y se invierte la carga de la prueba en contra del hombre.
Volviendo a la cuestión central que motivó estas líneas, el problema de la discriminación positiva está en asumir que un determinado grupo requiere de una ayuda externa para compensar sus dificultades, dada una inferioridad. Creo que a estas alturas, la prédica de la discriminación positiva que llevan adelante ciertos colectivos feministas son contraproducentes, y hasta brinda marco a la contraofensiva machista .
Para concluir me gustaría citar un ejemplo gráfico. En la presentación del libro Cine y género en España, la directora Inés París decía que mejor que la discriminación, es la acción positiva: “Pongamos por ejemplo el golf, sería válido que de salida las mujeres tuvieran 5 metros de ventaja, partiendo del hecho de que tienen menos fuerza que los hombres, pero no que cuando se llega al hoyo se adelante la bola de las mujeres”.
 

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario