Agroquímicos
Lunes 10 de Octubre de 2016

Una auténtica unión tóxica

El mes pasado se conoció una noticia que causó un moderado revuelo, pero que ya no forma parte de la agenda mediática: el grupo alemán Bayer cerró la compra de la estadounidense Monsanto en 66.000 millones de dólares. Con la adquisición se constituirá la compañía más grande de agroquímicos y semillas del mundo con ventas superiores a los 28.000 millones de dólares.

Mucho se habló del impacto económico que tendrá dicha operación oligopólica, sin embargo, poco se habló sobre las consecuencias sanitarias que podría tener a nivel global. Cabe recordar que Monsanto es blanco de numerosas críticas por parte de ecologistas y agricultores, quienes reprochan el efecto de dependencia económica que el uso de semillas transgénicas crea en los agricultores, así como los potenciales riesgos para la salud humana del uso del glifosato, el herbicida del que depende gran parte del éxito comercial de Monsanto.

La marca Bayer, en cambio, suele asociarse menos al negocio de los transgénicos. Según un informe de la BBC, el 49% del negocio de esta compañía alemana procede del sector médico. Del resto, el 26% corresponde a su división especializada en materiales científicos -llamada Covestro- y el 22% a lo que la empresa denomina ciencia de los cultivos, o en otras palabras, cultivos transgénicos.

En síntesis, ambas compañías tienen un enorme y peligroso expediente contra la salud de las personas relacionado con productos creados a partir de la utilización de organismos genéticamente modificados. Por ejemplo, a Bayer las pastillas confeccionadas a base de la hormona drospirenona –utilizada en los anticonceptivos– le han costado 2.000 millones de dólares, en pago a cerca de 10.000 mujeres para evitar largos litigios judiciales y escándalos.

En tanto, la ya tristemente célebre Monsanto tiene una interminable trayectoria de vejaciones contra la salud humana. En nuestra provincia, una buena parte de la población ha sufrido en forma directa el accionar de Monsanto y la desidia del Estado: escuelas fumigadas con glifosato, pueblos sojeros donde los habitantes mueren de cáncer o padecen serias enfermedades respiratorias, ríos contaminados con agroquímicos.

Según el comunicado del 14 de setiembre de Bayer, con esta fusión con Monsanto, ambas corporaciones se encargarán de brindar soluciones mejoradas para los agricultores de la próxima generación. Es decir, si antes estábamos mal, ahora podríamos estar peor. Aún así, hay varios de estos "engendros de laboratorio" que ya fueron aprobados tanto para uso alimenticio como no alimenticio.

Chocolates, golosinas, margarinas, yogurt, harinas, quesos, leches, aceites, azúcares, galletitas, son algunos de los productos ya preparados que no escapan de los transgénicos. Es que para abultar sus ventas, Bayer necesita diversificarse y vender mucho más que aspirinas.

Algunos han calificado la fusión como una "unión diabólica", prefiero pensar que los responsables son bastante más terrenales, y que al único dios (o demonio) al que rinden tributo es al dinero. Quizás sea adelantarse a los hechos, pero dado el currículum de ambas compañías, quizás no sea un atrevimiento vaticinar que nos venderán la enfermedad y la cura.

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