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Un peligroso aval a la pena capital

Las pruebas de un asesinato sin atenuantes fueron contundentes, pero el autor del disparo salió caminando en libertad tras el juicio

Lunes 12 de Abril de 2021

Las pruebas de un asesinato sin atenuantes fueron contundentes, pero el autor del disparo salió caminando en libertad tras el juicio. Persiguió a una persona desarmada, sacó la pistola, le apuntó, quitó las trabas del arma y ejerció la fuerza necesaria sobre el gatillo para disparar el proyectil en dirección a la víctima, que se dirigía de espaldas. Todas las evidencias objetivas señalaban que Mauricio Gómez mató a Iván Pérez de un balazo en la nuca, sin margen para elucubrar la posibilidad de un disparo accidental. Pérez está muerto, y Gómez está libre.

La situación sería inexplicable en cualquier lugar del mundo. Pero encuentra explicación cuando se anteponen las palabras “sargento” a Gómez y “ladrón” a Pérez, y cuando se sabe que un jurado popular tuvo a su cargo impartir justicia. Nada más. Una explicación lejos de la razón, de las pruebas, de la ciencia, del derecho, y cerca de las tripas, del odio a esa construcción engañosa del enemigo social que es preferible eliminar, de los prejuicios y estereotipos sociales. El jurado se estancó y habrá un nuevo juicio. Si vuelve a suceder lo mismo, el homicidio quedará impune. Lo sucedido a inicios de este mes en Gualeguaychú abre muchos interrogantes. Por un lado, en torno a esta nueva modalidad de juzgamiento que rige en la provincia.

El objetivo es democratizar las decisiones judiciales y cumplir con lo que manda la Constitución Nacional y la Provincial hace décadas: que cada uno merece ser juzgado por sus pares. Impulsamos con entusiasmo el juicio por jurados que se convirtió en Ley a fines de 2019 en Entre Ríos. Las voces opositoras fueron calificadas de elitistas. Ahora, por lo sucedido en aquel juicio ¿es un avance o un retroceso el juicio por jurados? La imagen de la justicia con los ojos vendados implica que resuelve un conflicto sin mirar quién es quién en el pleito. El jurado popular de Gualeguaychú, o parte de sus integrantes, opinaron y votaron sin esa venda.

Por otro lado, en torno a los casos de los asesinatos de delincuentes en circunstancias donde el matador ya no corre ningún peligro. Puede ser un policía o cualquier persona inicialmente víctima de un hecho delictivo. El último episodio ocurrió en Rosario, donde un joven que sufrió un robo persiguió con su camioneta, atropelló y mató a los dos ladrones que iban en moto. Lo movilizó el odio por la pérdida de 2.000 dólares que le sacaron a punta de pistola. Un odio compartido cada vez por más argentinos. La movilización en su apoyo lo confirmó. Antes era “el que mata debe morir”.

Ahora, “el que roba debe morir”. Pronto, cualquier sospechoso podría caer ante las acciones asesinas justificadas por la bronca creciente ante los hechos de inseguridad, que los sufren mucho más los trabajadores que los sectores más pudientes de la sociedad. Quienes estamos de un lado y del otro de esta discusión, jamás nos pondremos de acuerdo. Hay posturas demasiado viscerales en las cuales, como en tantas cosas en Argentina, no podrá haber intermedios. La solución tampoco llegará desde los argumentos razonables del derecho ni desde las posturas iracundas.

En lo que casi todos podemos coincidir es en las causas detrás de cada tragedia. Nada de lo que pasa puede ser leído al margen de las estadísticas oficiales que indican que hay 19,4 millones de argentinos en la pobreza, el 42% de la población. Ni de que un 10,5% de los habitantes de este país no tendrán hoy qué comer. Menos aún se podría pensar lo que sucede y lo que sucederá, al margen de otra devastadora cifra: que el 63% de los niños argentinos son pobres.

Tampoco sin sopesar que el 11% de la población no tiene ni una changa. Habría que sumarle el drama social no medido pero más que observable en la realidad y que está detrás de la mayoría de los hechos violentos que más tarde terminan zanjados por las discusiones del gatillo fácil y la pena capital: el consumo de drogas, y a la vez la oferta, han aumentado exponencialmente en los últimos años, y sobre todo durante la pandemia. Las posturas ideológicas claudican ante los principales problemas que se deben atender y que tienen como únicos responsables a los que han gobernado la Argentina en las últimas décadas. Ahí es donde quienes estamos de uno y otro lado, empezamos a encontrarnos.

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