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Políticos que deshojan la margarita

La principal certeza del 2021 es que seguirá la incertidumbre, la sensación asfixiante de que los pétalos de la margarita no terminarán jamás de deshojarse

Sábado 02 de Enero de 2021

Contar las cosas que suceden en el año desde el 1° de enero es una convención que no siempre concuerda con la realidad. ¿Cuándo termina nuestro 2020? ¿Con el inicio de las vacaciones, al regreso de las vacaciones, con un cambio de conducta, con el comienzo del “plan 2021...”? Depende de cada uno y es una duda que posiblemente no nos planteamos todos los años. Pero este 2020 que terminó, según el calendario, es un año que continúa en sus rasgos principales asociados a la pandemia, y que continuarán vaya a saber cuánto tiempo más. La incertidumbre sobre el futuro inmediato abarca todas nuestras actividades. El 2021 aparece como la continuidad, y su principal certeza es que seguirá la incertidumbre, la sensación asfixiante de que los pétalos de la margarita no terminarán jamás de deshojarse. Y esto vale también para el plano de lo electoral.

¿Cuándo es el momento de blanquear una aspiración? Eso hoy no está claro, y su halo de duda se proyecta sobre qué y cómo comunicar.

Desde que se reformó la Constitución provincial y un artículo habilitó la posibilidad de que un ciudadano complete un segundo mandato consecutivo al frente del gobierno provincial, parecía existir una parte no escrita de ese mismo artículo que indicaba que apenas iniciado el segundo mandato se podían exponer sin disimulos las tensiones internas por la sucesión. Antes, cuando se permitía un solo mandato -o varios alternados- esa situación arrancaba después de la elección legislativa de medio término.

Sin embargo, no fue esta vez el potente 58% logrado por Gustavo Bordet en la elección del 9 de junio de 2019 lo que le permitió contar con unos meses más de sosiego, sino la pandemia.

Nadie dice que la construcción política (la rosca le dicen algunos) no siguió sucediendo, tanto en el partido del gobierno como en la oposición, pero con el recato que las situaciones impusieron y la duda de no saber cuánto es la medida adecuada de ese recato.

Y no será este año tampoco de definiciones, aun teniendo la elección legislativa nacional como medidor del ánimo electoral.

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Políticos que deshojan la margarita 

Políticos que deshojan la margarita

¿Puede imaginar hoy alguno de los supuestos aspirantes del oficialismo para la Gobernación en 2023 que esta elección legislativa será determinante en su carrera? Como poder, pueden. Tal vez en clave de consolidación de su poder hacia adentro de la estructura partidaria; pero resulta difícil sostenerlo como un principio aplicable a la conducta del entrerriano medio. Con PASO o sin ellas, en Entre Ríos no parece que la legislativa será el indicador de lo que ocurrirá dos años después.

Tal vez en Juntos por el Cambio la forma en que construya la lista para esos comicios será más reveladora de la relación de fuerzas de esa alianza, y de su desarrollo provincial. Tal vez surja un indicador de cuánto espacio en las listas el radicalismo está dispuesto a resignar en favor del PRO, y sus menos de 3.000 votantes en su última interna. Y tal vez con las heridas y alianzas que jalonen ese proceso pueda bosquejarse el mapa interno de la coalición, pero no mucho más que eso.

Plantar bandera ahora, en este suelo arenoso, es una decisión compleja. Tal vez lo adecuado sea intentar darle un marco a ese proceso. Vimos por ejemplo, en las últimas horas, una primera definición de parte de intendentes radicales que se reunieron en Hernandarias reclamando su condición de renovación partidaria para posicionarse frente al que, a priori, sería el prencandidato más firme, el no radical Rogelio Frigerio.

La alquimia del oficialismo provincial por su parte es mucho más silenciosa. No hay comunicados de agrupaciones ni maniobras ostensibles. El protagonista ineludible de la definición -lo que incluye en alguna medida también de la decisión sobre los tiempos de la definición- está dedicado a la tarea de gobernar, y esa tarea demanda de muchas cosas menos de internismo o de bendiciones apresuradas.

Los candidatos naturales no aparecen todavía en ninguna de las dos veredas, y nadie sabe si los habrá. La gestión es para la mayoría el reaseguro de su visibilidad y el riesgo con el que hay que convivir cada hora.

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