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Luciano dejó una gran lección

La maestra le pidió "hacer una obra con lo que tengas en tu casa" y el chico cumplió.

Jueves 07 de Mayo de 2020

La nota de Luciano, el chico que hizo la tarea con barro, agua, palos y polvo de ladrillo, me llegó en el mismo momento en que estaba mirando el grupo de WhatsApp de la escuela de Xavi, mi único hijo.

A él le faltan tres meses para cumplir los 7 años y Luciano ya tiene 11. La edad no será la única diferencia.

Al instante de leer la noticia, que se generó en Mendoza, miré el dibujo que Xavi pintó con témperas guiado por un video lleno de explicaciones cariñosas y eficaces.

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Volviendo a Luciano, la mayoría de los portales en Argentina mostraron su creación a los pocos minutos, porque era impactante. Mientras que las cuentas en que los medios alternativos suben sus contenidos, levantando las banderas de la conciencia de clase, publicaron que la historia del mendocino solo sirve para “romantizar la pobreza”.

Acá lo concreto es que el chico cumplió con la tarea que le pidió la maestra. Infobae anunció que la consigna de la profe de artes plásticas fue amplia: “Hacer una obra con lo que tengas en tu casa”. El mensaje llegó a los 35 alumnos de sexto grado de la escuela General Espejo, en la localidad de Luján de Cuyo, Mendoza.

Con la ayuda de su hermano menor, de 4 años, Luciano salió al patio de su casa y creó un dinosaurio de tierra mezclada con agua para delimitar el cuerpo, unos palitos para las garras y los dientes. El toque de color en las placas lo logró con polvo de ladrillo. Al final, como todo buen artista, firmó la obra con su nombre en mayúsculas.

Su mamá le sacó una foto al Dino y se la mandó a la maestra que pide la tarea por mensaje porque sabe que no hay computadoras para el Zoom o las llamadas grupales en aplicaciones para versiones móviles.

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Mientras continúa vigente la cuarentena en Argentina las tareas que envían los docentes se hacen porque la escuela es una institución que mantiene la esperanza de millones. Basados en la contención humana, en los barrios más postergados siguen iluminando el camino a la superación.

“En la zona tenemos una villa muy grande y ha sido difícil para ellos. Las mamás le ponen mucha garra: acompañan, cargan crédito en los teléfonos para enviar las tareas. Ver los resultados me pone muy contenta”, contó Claudia Arabena, la maestra de artes plásticas encargada de dirigir las clases.

Ahora padres y madres tenemos la responsabilidad de hacer conocer el caso de Luciano. Se merece cartulinas, cuadernos, marcadores, témperas y, llegado el momento, una computadora. A nuestros hijos, explicarles el esfuerzo económico que hace mamá para tener Internet en casa, la generosidad para compartir el celular y hasta el “lujo” de vivir en un hogar al resguardo del viento frío que comenzó a soplar en otoño.

En marzo lo escuché al director de una escuela, que venía de hablar con el ministro de educación de una provincia vecina, contar que coincidieron en que “a los chicos hay que enseñarles a ser buena gente”, los saberes ya están disponibles en Internet. Solo hay que guiarlos y cuando se apaga la pantalla, remarcarles que en esta parte del mundo el problema es la desigualdad producto de la injusticia. Cada vez menos tienen más y el resto mira cómo ellos juegan con los adelantos tecnológicos, bien calefaccionados.

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