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Dios se la buscó

Con una pelota en los pies y una copa del mundo en la mano, Maradona defenderá las causas justas, sociales y deportivas de quienes lo invoquen.

Sábado 28 de Noviembre de 2020

Patriota, mito, leyenda, superhéroe, astro, Dios olímpico, ¿santo? ¿Podrá desde el cielo, seguir haciendo milagros como los hacía en la tierra? La magia ante Brasil en el Mundial 90 ¿será la fe que moverá a las multitudes futboleras del país y del mundo para su intercesión?

El “Maestro inspirador de sueños” ya transita un nuevo estadío hacia la eternidad. Y hacia él irán ahora los pedidos tan mundanos como apasionados para favorecer la suerte en un partido de fútbol, o aquellos otros más profundos y trascendentales que forman parte de la vida diaria de cualquier mortal. Y justamente es a Dios Padre, el “Barba”, a quien los fieles maradonianos, en la interminable fila para entrar a despedir al ídolo, le hicieron el reclamo. Un ciudadano de a pie, con su cabellera despeinada y llena de canas, camisa a cuadros y jeans, filosóficamente expresó: “Dios se la buscó. Se llevó al Diego y ahora nadie lo va invocar para el momento de un penal. Nadie. Todos le vamos a pedir a Maradona”.

El doliente regaló su pensamiento a los micrófonos de los comunicadores, dejando entrever su amor por el ídolo y también su fe, esa mezcla religiosa que seguramente llegará a los estadios a través de los hinchas. ¿Será el Dios de la iglesia Maradoniana el próximo santo popular argentino? o ¿Llegará a los altares de la mano de Francisco?

Cuando murió el papa Juan Pablo II en abril de 2005, en la noche cerrada de la plaza del Vaticano, los fieles católicos gritaban entre lágrimas “Santo ya” para lograr la santificación inmediata del polaco. Y fue justamente el argentino Bergoglio, como sucesor de Pedro, quien años después lo hizo santo. Similar situación se vivió en otra plaza, en Buenos Aires 2020, cuando se escuchó a los maradonianos vitorear por el astro argentino, con cánticos tribuneros, recordando sus milagros futbolísticos.

Diego no llegará a ser venerable para la iglesia católica, ni beato y menos santo, pero no hay que minimizar la fe de la patria futbolera que –metafóricamente hablando– sabe de sufrimiento, muerte y resurrección de sus clubes. Si la iglesia considera pagano y no reconoce la fe por el Gauchito Gil y su veneración se propaga de todas formas en todo el país, qué puede pasar con una figura mundial como la de Maradona, que con una pelota de fútbol como escudo fue a la guerra de los sentimientos y conquistó el corazón del fútbol. “Le traje el currículum”, dijo un laburante el viernes en la puerta de la Bombonera y añadió con alegría indisimulable “recién me llamaron”. Verdad o no, el tiempo lo dirá, pequeños santuarios ya se empezaron a levantar en distintas partes de Argentina y Nápoles. Para que un postulador lleve adelante la causa de un santo, se debe considerar su vida ejemplar. Como la del santo patrón de los deportistas Pier Giorgio Frassati que fue un buen estudiante, amante de la montaña y organizaba excursiones con sus amigos en las que no faltaba el fútbol. O como Don Bosco que fue propuesto como el patrón de los futbolistas porque la personalidad del famoso educador encaja perfectamente con las características de este deporte: alegría, juventud y amistad.

Diego, en cambio, tiene más de santo popular, como el Gauchito Gil que se ganó el amor y la complicidad del pueblo que lo empezó a conocer como a un justiciero, como a un héroe que protegía a los humildes con carisma y empatía. Maradona es el gran capitán argentino que con una pelota en los pies y una copa del mundo en la mano defenderá las causas justas, sociales y deportivas de quienes lo invoquen.

Estampitas le sobran, lo que aún falta escribir es la oración, esa plegaria para pedir su intercesión en caso de descenso, finales esquivas y sanación de jugadores. Dios se la buscó, ahora va a tener competencia.

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