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"Es ruin comparar la situación del conurbano bonaerense o de la provincia de Jujuy con la de países europeos para establecer el fracaso del plan sanitario...!

Miércoles 02 de Septiembre de 2020

Muchos pensamos que la pandemia del coronavirus tendrá, o debería tener, un efecto claro en nuestra percepción del mundo. No en la percepción individual, que entiendo depende mucho de la experiencia de vida y cambia con los años, sino de una especie de percepción global acerca de la condición del hombre y de la inequidad que caracteriza nuestra forma de vida.

Hace unos meses el papa Francisco dijo que la pandemia desafió muchas suposiciones: “Porque nos sentimos más pobres y menos autosuficientes, porque hemos percibido nuestras limitaciones y la restricción de nuestra libertad”. Seguramente lo que el Papa describe es la situación de muchas personas, pero especialmente de las que antes de la pandemia ya eran vulnerables también a otras situaciones económicas, sociales, legales y sanitarias, entre otras.

Existe una idea de que durante el aislamiento mucha gente recuperó la posibilidad de disfrutar de las cosas simples, de compartir con la familia, de valorar los afectos. Y es probable que para muchos ese sea un saldo positivo de esta dura situación.

Pero también hay muchos que no pueden siquiera darse el lujo de la cuarentena, porque las condiciones de vida que les tocaron en este capitalismo salvaje y deshumanizante no les permiten tampoco parar, porque si paran, la posibilidad de contagiarse de Covid-19 es un problema menor frente a los otros problemas que tendrán.

El Papa dijo: “La pandemia nos ha hecho más conscientes de la presencia de los pobres en nuestro medio y de su necesidad de ayuda”, y que su repentina llegada provocó “una poderosa sensación de desconcierto e impotencia” que también demostró “nuestra propia necesidad de una mano extendida”.

Qué duda cabe de que mucha gente no dudó en extender su mano al que la necesitaba desafiando el contagio y el miedo; en medio del cansancio, del dolor y de muerte.

Pero también existen otras situaciones. Las de quienes se llenan los bolsillos a costa de la pandemia, a costa de los sufrientes. Y también la de los que falsean la información y engañan, o intentan engañar, con elucubraciones sobre lo ocurrido.

No sabemos si la dramática situación que se vive hoy en el país es el pico de la pandemia o si tendremos que vivir aún momentos peores.

Tampoco sabemos si la cuarentena que puso en marcha el actual gobierno nacional fue absolutamente efectiva o si terminará teniendo un resultado parcialmente negativo por efecto del cansancio de la gente, de su extensión y sus consecuencias económicas.

Lo que sí podría afirmarse es que esa idea que sostiene el Papa, a la que muchos adherimos, acerca de que la pandemia cambió la forma de mirar el mundo. resulta cuanto menos contradicha por quienes políticamente parecen festejar lo que pasa en materia sanitaria, aún a sabiendas de que de no haberse tomado estas medidas (cuya efectividad puede discutirse en más o en menos), la situación sería hoy mucho más angustiante.

Resulta difícil para quienes creemos ser parte del paradigma del hombre de a pie, imaginar este tipo de razonamientos.

No me refiero a suponer, y decir por supuesto, que el gobierno pueda aprovechar la circunstancia para avanzar con decisiones que en otro contexto no podría sostener. Hay un sector de la oposición que entiende que la administración de Alberto Fernández practica el terror sanitario, y así lo han expresado. Son visiones, claro.

Me refiero al accionar ruin de plantear comparaciones, por caso, entre la situación del conurbano bonaerense o de la provincia de Jujuy con la de los países europeos más ricos, y a partir de eso tratar de establecer el fracaso del plan sanitario de las actuales autoridades.

Comparar la situación económica, social, sanitaria de Italia o Francia con la nuestra es tomarnos el pelo. Podría discutirse por qué somos pobres, atrasados, vulnerables, explotados. Pero pretender el engaño es dañiño, no ya con un gobierno y su imagen, sino con la gente que se dice representar, porque es sembrar la desesperanza.

Y en la pobreza y la adversidad, la esperanza es necesaria.

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