Legado del papa Francisco que celebran los ambientalistas

Valoración de la casa común en las asambleas. Este 18 de junio cumple siete años la encíclica verde del papa Francisco, libro de referencia ya en la ecología.
14 de junio 2022 · 15:58hs

El Grupo de Reflexión Ambiental Mingaché ha difundido, como pocos, el contenido de la carta encíclica Laudato si’, sobre el cuidado de la casa común”, que el papa Francisco dio a conocer en junio de 2015, cuando llevaba apenas dos años de pontificado.

Con Mingaché hemos escuchado a decenas de líderes de la lucha por el ambiente sano con referencias a Laudato si’, y lo mismo podemos constatar en documentos de asambleas y foros de la ecología, siempre acudiendo a uno de los 246 puntos que toca la carta verde de Francisco, a veces para señalar el rumbo tomado por la humanidad, a veces para sostener razones en temas muy específicos: basurales, contaminación del agua, insecticidas y herbicidas, desmontes, etc.

No hay conformidad total con la encíclica. Lo que dicen los estudiosos del grupo Mingaché, con sede en Larroque, es que frente a lo que había, la encíclica es un oasis. Y hemos escuchado señalamientos similares en otras organizaciones, como se verá.

En la medida que los problemas se acumulan, la voz papal adquiere más vigencia. Quemas intencionales medidas en kilómetros cuadrados, destrucción de árboles, pastizales, nidadas, miles de ejemplares de la fauna calcinados, todo ello dicho en estadísticas preocupa, pero a la vista, a campo, conmueve hasta las tripas. Y ocurre aquí. Inundaciones provocadas por la deforestación, con todo lo que ocasionan a las familias, a los animales, y al suelo mismo por la erosión artificial debida a la velocidad del agua sin el “obstáculo” de los pastizales o los montes. Contaminación de aguas y suelos con distintas sustancias. ¡Cuánto para estudiar y mitigar!

Se han hallado peces y aves que cargan en sus cuerpos los efectos del descuido humano. Cursos de agua convertidos en cloacas, saturados de efluentes industriales o tapizados de basura. Nailon, plásticos, gomas, en los hediondos cauces de arroyitos hasta ayer cristalinos. Modos de producción concentrados en la ganancia y la cantidad, con menosprecio de la mirada integral que incluiría una atención delicada sobre el destino de esas mariposas, esas abejas, esos pajaritos, esas hierbas; una mirada holística que no relegara el suelo, la diversidad de alimentos, el acceso a la tierra, el arraigo, la vida comunitaria, la salud del agua por que sí, no sólo porque sirve al ser humano.

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Francisco. Cuando su salud flaquea, reverdece su legado sobre el ambiente sano.

Francisco. Cuando su salud flaquea, reverdece su legado sobre el ambiente sano.

Intentos de represamiento en ríos de llanura, fumigaciones a troche y moche, manipulación genética, uso desconsiderado de combustibles. Y qué decir del extractivismo aquí y allá, con todos sus peligros. En fin: son numerosos y hondos los problemas que enfrentamos y que ponen en riesgo la salud de las personas, la vida desde el embrión en distintas especies incluida la nuestra, y la vida misma en el planeta por los efectos del sistema que están incidiendo en la temperatura, con consecuencias impredecibles. Los pronósticos son alarmantes, y Laudato si’ los expone con claridad.

Y bien: las mujeres y los hombres más enfocados en el ambiente han recibido como un regalo del cielo esta encíclica. Ven en la autoridad que aún conserva el Papa en el mundo un aceite para los caminos de la conciencia y la lucha. Si el mismo libro hubiera sido escrito por cualquier Fulano con las mismas verdades no serviría tanto porque se sabe que ciertos sectores de poder son permeables a los prestigios.

Entre los mensajes de mayor gravitación universal del Papa argentino está sin dudas Laudato si’, que este mes cumple siete años. A pesar de que Francisco nunca viajó a la Argentina en su gestión, por esta vía ejerce influencia en asambleas y foros que movilizan a las personas por asuntos comunes, sin contar las protestas sectoriales, abundantes en un país como el nuestro que vive a los tirones. Esta carta verde ha provocado un giro en la relación de la Iglesia con la sociedad toda. Y es que uno de los problemas vitales del momento, la destrucción del ambiente, encuentra atención muy detenida en Laudato si’, compendio extraordinario, con datos, reflexiones, guías, cosa que no ha logrado ningún otro jefe de estado del mundo.

Si la salud ambiental y la integración del ser humano en su paisaje son temas que están en el corazón de los pueblos ancestrales, y también constituyen inquietudes generalizadas para el futuro, vemos que la Iglesia se metió de lleno en la conversación, o por lo menos eso intentó Francisco. Y en parte lo consiguió: aquí leemos su prédica incluso en los tribunales de Entre Ríos, porque no hay acción de amparo contra los atropellos del sistema que no transcriba algunos párrafos de Laudato si’ en la fundamentación.

¿Un Papa que se va?

Presionado por los padecimientos físicos que le provocan el pie plano, la artrosis en su rodilla, la ciática, las operaciones en el colon y en un pulmón, y por su temor a las anestesias, el papa Francisco no descartaría renunciar, siguiendo los pasos de su antecesor, Benedicto.

El Vaticano anunció un consistorio para el 27 de agosto, en el que concretará el nombramiento de 21 nuevos cardenales, algunos de los cuales podrán ser electores cuando deba nombrarse un nuevo papa. Enseguida realizará una capacitación de los cardenales sobre las recientes reformas apostólicas. Entre los cambios promovidos por Francisco, se permite que las mujeres estén al frente de oficinas del Vaticano, se limitan los mandatos, se atenúa el centralismo de la Santa Sede.

Frutilla del postre: días atrás el Papa dijo en broma que antes de operarse de la rodilla prefiere renunciar. Como en otra ocasión había confesado que lo que necesitaba para afrontar sus dolores era un tequila. El buen humor del Papa no quita la posibilidad de su dimisión. O por lo menos digamos que su eventual renuncia no sería, a esta altura, una sorpresa rotunda, como sí lo fue la de Benedicto.

Y es que Francisco ya no pudo realizar algunos ritos en Semana Santa, ni descender de las escalinatas del avión en algunos viajes; en las audiencias más recientes se lo ve en silla de ruedas, y este viernes decidió postergar por indicación médica una gira organizada por países de África para los primeros días de julio. Todo se le complica últimamente.

En 2023 Francisco cumplirá 10 años al frente del Vaticano y aunque es de suponer que los sacerdotes no se atienen a redondeos, una década deja una sensación de tiempo redondo que invita a reflexionar, a revisar lo hecho y seguir adelante. O ceder el bastón a otro.

Un Cántico de 800 años

Cada uno de los 246 puntos de la encíclica da para pensar largo y tendido. Hay fragmentos en los que el Papa argentino logra pegar un volantazo en la Iglesia, en la comprensión de las cosas, y admite en el punto 67 que los cristianos a veces “hemos interpretado incorrectamente las escrituras… hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios, y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas”, afirma, y apunta que la Biblia manda a “labrar y cuidar el jardín del mundo”.

Además, Jorge Bergoglio eligió para su pontificado el nombre del santo que precisamente puso de relieve la hermandad de los seres en su lúcido “Cántico de las criaturas”, de vigencia inagotable, con alusiones al sol, la luna, el fuego, el viento, el agua… “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas”, leemos en el cántico de san Francisco de Asís. La obra del año 1024 fructificó 800 años después, en este cambio profundo con influencias en los cristianos, en otras creencias y en la vecindad común.

Está clara, entonces, la fuente de Francisco. Y él mismo lo apunta en Laudato si’, desde la primera línea. “‘Alabado seas, mi Señor’, cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”. Así comienza la carta verde cuyo título es un homenaje a ese antiguo cántico ecológico.

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“Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad”, dice el Papa en el punto 10 de la encíclica.

Francisco trata de no presentarse como fundador de nada, y por eso dedica varias páginas primeras para resaltar lo que dijeron antes los papas Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, además del patriarca Bartolomé (el Papa verde), entre otros, dentro del cristianismo. En las filosofías milenarias del mundo, y muy especialmente en el Abya yala (América), el ser humano se ubica en una posición de armonía con el resto de los seres, y lejos de actuar con actitud extractivista, pide permiso. Eso mismo recuperó el poeta Romildo Rizzo en aquel poema que tanto recitara Atahualpa Yupanqui y que pinta la sabiduría criolla, herencia de distintas fuentes, en nuestra tierra litoral: “Si hay tierra cáida en el monte/ yo no vy’a cortar un árbol,/ po’ el aire no puedo dir,/ de no, ni pisaba el pasto”. Todo dicho.

Los saberes de las culturas guaraní, quechua, aymara, mapuche, y tantas otras naciones vivas, encuentran en Laudato si’ un punto de confluencia, bajo la luminosidad del vivir bien y buen convivir que equivale a armonía, complementariedad y relación comunitaria, todo muy distinto del rumbo moderno.

Asambleas agradecidas

Los asambleístas de Gualeguaychú, quizá de los más famosos entre sus pares de la Argentina por todo lo que ha significado la lucha contra la presencia de pasteras en el río Uruguay, le manifestaron en una carta a propósito de su visita al Paraguay: “Santo Padre Papa Francisco, lo saludamos en nombre de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, a través de la cual nos unimos con todos los que desean defender la Vida y el Ambiente en este rincón del planeta en que nos toca vivir. Le expresamos nuestro agradecimiento y nuestra alegría por tenerlo unos días en nuestro querido suelo americano… Hoy recibimos con inmensa satisfacción y agradecimiento la Encíclica ‘Laudato si’ que tan sabiamente ilumina muchas cuestiones que nos preocupan a todos. Apreciaremos su bendición y, de ser posible, unas palabras de aliento para esta comunidad que seguirá luchando junto a Usted en defensa de una Vida Digna”.

En la misma línea, la Asamblea Ciudadana de Concordia firmó con otras 50 asambleas del país una carta al presidente Alberto Fernández con críticas al nombramiento de un funcionario en la secretaría de Minería de la nación. Allí leemos: “Nos ilusiona que en su primer discurso haya mencionado la encíclica Laudato si’ y a los colectivos hasta hoy estigmatizados”.

El Foro Ecologista de Paraná, en una acción de amparo contra el gobierno provincial por las fumigaciones, dice: “Con su sabiduría inigualable el papa Francisco en su Encíclica sobre la casa común, nos enseña: ‘Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos’ (Encíclica Laudato Si’)”.

Más adelante, en el mismo trámite, el Foro Ecologista cita el punto 21 de la Encíclica del Papa: “Tanto los residuos industriales como los productos químicos utilizados en las ciudades y en el agro pueden producir un efecto de bioacumulación en los organismos de los pobladores de zonas cercanas, que ocurre aun cuando el nivel de presencia de un elemento tóxico en un lugar sea bajo. Muchas veces se toman medidas sólo cuando se han producido efectos irreversibles para la salud de las personas”.

La mirada de Rulli

Jorge Rulli, uno de los referentes máximos de las luchas ambientales, fundador del Grupo de Reflexión Rural (GRR), deja estas reflexiones en una reunión con legisladores. “Muchas veces aspiramos a que una palabra ética, si era posible de un referente religioso, tratara de ponerle freno a la locura de los psicópatas que gobiernan el mundo. El primer documento de Bartolomé nos alentó en esa esperanza, pero no tenía detrás la fuerza suficiente… hasta que esta encíclica llegó a nosotros y nos sorprendió con su fuerza. Y vemos cómo en el mundo ha despertado una cantidad de acontecimientos impresionantes. La grandeza de la encíclica es una de las primeras cosas que habría que enfatizar… que establezca hasta en los pequeños actos de la vida una disciplina posible para que acordemos con la gran estrategia de la supervivencia. Lo que sorprende es la sordera argentina... en la propia iglesia argentina ha habido un silencio muy fuerte… es como que cuesta hacerse cargo del peso de esta encíclica”.

“Hay una crítica a la modernidad que es muy oportuna.”, subraya Rulli. El pensador celebra la crítica de Laudato si’ a la modernidad, y la combinación de lo ecológico y lo social. Y agrega que los puntos dedicados a la tecnociencia “son imperdibles, casi subversivos para la sociedad argentina. El modo en que la ciencia ha dejado de serlo, para ser un discurso más, el modo en que la ciencia se ha hecho empresarial y se ha mezclado con la tecnología para ser una tecnociencia que está en todas las instituciones y universidades argentinas manejadas por la financiación”, reconoce Rulli.

Claro que desde su espíritu crítico no aplaude toda la encíclica. “Hay algunas minusvalías, en el parecer del grupo al que pertenezco (GRR), que no son importantes ante su grandiosidad… en el caso de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) hay un punto dedicado al tema, me parece que podría haber sido más generoso… Hay aspectos donde la encíclica reconoce la tragedia de la agricultura a escala y el hambre de los pueblos, pero es un interrogante que tenemos: la solución que ofrece son los organismos internacionales. Ahí entramos en un terreno difícil que exigiría mucha reflexión y mucho debate entre nosotros”, indica Rulli y se explaya sobre la presencia del “progresismo” en organismo como la FAO. Es que para este ambientalista peronista “el progresismo es el correlato del modelo extractivo contra el cual luchamos”.

La casa común

Las diferentes organizaciones toman la encíclica verde, cada cual con su impronta. En ciudades entrerrianas como Paraná, Villaguay, Victoria, Cerrito, Santa Elena, Gualeguaychú, Concordia, etc. se lleva adelante el programa Cuidadores de la Casa Común, con presencia estatal, inspirado en Laudato si’. Es una respuesta a su llamado a gobiernos y jóvenes a trabajar por el cuidado de la naturaleza.

En un reclamo al presidente Alberto Fernández para que incluyera en extraordinarias la protección de humedales, el ambientalista Jorge Daneri le dice: “Porque citar y fundar la política sobre sostenibilidad ambiental que su gobierno iniciaría a principios del año 2020, ni más ni menos que en la Encíclica ‘Laudato sí’, hecho trascendental en su llegada institucional al poder democrático, es una razón donde la palabra adquiere un valor como inapelable. Y luego de un año de gobierno la palabra se ve amenazada”.

Y así podemos observar la influencia de Laudato si’ en numerosas manifestaciones. Se recuerda, por caso, el día que el ingeniero agrónomo Carlos Weber, conocido por su filiación comunista, en su militancia ambiental repartía los libros del Papa en Gualeguay para alertar sobre la invasión de los humedales. Tiempo después Weber convirtió un pequeño establecimiento en Puerto Ruiz, junto al Gualeguay, en área natural protegida.

Presentaciones de Mingaché

El Grupo de Reflexión Ambiental Mingaché suele presentar, en compañía de imágenes, toda una exposición sobre las bondades de la encíclica. Sus miembros reconocen que la carta por demás moderada en ciertos tramos, pero afirman que eso no empaña la obra. Enumeran allí el estado actual de las cosas con tantas enfermedades, exclusiones, inequidades, y efectos nocivos en el ambiente, y apuntan, siguiendo la letra del Papa: “todos generamos pequeños daños ecológicos, estamos llamados a reconocer nuestra contribución –pequeña o grande– a la desfiguración y destrucción de la creación. Un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos”.

Tras el análisis adopta conclusiones más territoriales: autoabastecimiento local en alimentos y energía, saneamiento de la política y sus instituciones; llama a desacelerar el ritmo de producción y consumo para dar lugar a otros modos de desarrollo, a priorizar la erradicación de la miseria, y con referencias a pensadores de la región.

Los estudiosos apuntan asuntos centrales en la encíclica: la cultura del descarte, el sistema industrialista, la deforestación, los distintos modos de contaminación, el cambio climático, la transformación del agua en mercancía, la pérdida de biodiversidad, el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las emisiones tóxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte y a la contaminación visual y acústica. “Muchas ciudades son grandes estructuras ineficientes que gastan energía y agua en exceso. No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza”, leemos en sus documentos.

Así es cómo Laudato si’ se confunde con el pensamiento territorial de estos entrerrianos en un texto guía, para la conversación que ya venían alentando pero que encontró en la encíclica un poderoso aliado y una luz.

“Entre los números 130 y 136 la encíclica desarrolla un excesivamente cuidadoso (para nuestro gusto) equilibrio entre la innovación tecnológica y el respeto por la vida y los procesos naturales. Difícil emitir juicio sobre OGM, pero sí sobre los cambios sociales y laborales que produce la concentración de tierras inherente a este sistema de producción intensiva. Aquí es donde nos hace una advertencia a los movimientos ecologistas sobre el riesgo de defender tanto la integridad del ambiente que nos olvidamos de la integridad de la vida humana. Y más adelante nos advierte que la misma inteligencia que se utilizó para un enorme desarrollo tecnológico no logra encontrar formas eficientes de resolver las graves dificultades ambientales y sociales”.

Y bien: son ejemplos de las derivaciones de una encíclica que está calando hondo en las organizaciones, con una influencia comparable a la que ejercieron por décadas las encíclicas papales referidas al trabajo.

Algunos mensajes de Francisco

Aquí, fragmentos de la encíclica Laudato si’ recomendados por Mingaché, punto por punto.

(49) “No suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta… pero parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación, si es que no se los considera un mero daño colateral. A la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar. Muchos… están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces favorecida por la desintegración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados. Esto a veces convive con un discurso ‘verde’. Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

(95) “¿Qué significa el mandamiento ‘no matarás’ cuando un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir? (Obispos de N. Zelanda)”.

(229) “Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente”.

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