La Provincia
Viernes 02 de Noviembre de 2018

La repitencia y el fracaso escolar afectan a los chicos más vulnerables

El centro Virgen de Esperanza y la escuela Juana Teresa Crombeen impulsaron una jornada para promover espacios de inclusión y contención

El centro Virgen de la Esperanza funciona en Paraná en calle Montiel 1696 desde 2002, y en este espacio se gestó también la escuela Juana Teresa Crombeen, brindando contención, recreación y educación a niños, niñas y adolescentes de los barrios Gaucho Rivero, Santa Rita, San Jorge, Anacleto Medina Sur, San Agustín, entre otros de la zona suroeste, donde la vulnerabilidad social prolifera y es una constante.
Al lugar asisten unos 230 chicos de mañana y de tarde que participan de distintos talleres. Al respecto, Eliana Aranda, vocera de la entidad, comentó a UNO: "Las instituciones, el Centro y la escuela tratan de acompañar a los niños y adolescentes en sus necesidades. En la zona habitualmente hay familias que no pueden estar con ellos en la realización de las tareas, no tienen para pagar un club para que puedan hacer una actividad física, recreativa o artística, y acá les ofrecemos numerosos talleres que van desde plástica, artesanía, cocina, autoayuda, deportes, circo, teatro y apoyo escolar, que es un taller muy importante".
En este marco, explicó: "Cada chico tiene su escuela formal. Algunos van a la del Gaucho Rivero, otros a la Gianelli o la escuela N ° 20 de barrio El Sol. Este es un espacio en que en esas horas a contraturno de la educación formal pueden venir a realizar actividades que por ahí no tienen oportunidad de hacer en otro lugar. Eso ayuda a reducir las horas que pueden estar en la calle, que es un tiempo en que posiblemente estén en riesgo, y las ocupen en un lugar donde pueden conocer las propias capacidades y desarrollarlas".
Aranda analizó que la situación económica es un factor que consideran, pero subrayó: "Lo importante es el acompañamiento a las familias, no se las deja de lado. Acá también hay un comedor comunitario, las psicopedagogas charlan con las maestras de las diferentes escuelas, las escuelas conocen esta institución y les recomiendan a las familias que sus hijos vengan acá para que puedan recibir apoyo escolar. Los primordial es proteger al niño y al adolescente, que tengan un espacio en el cual desarrollarse y que puedan seguir con la escuela, fortaleciendo la posibilidad de que el niño termine el nivel Primario y que pueda iniciar y culminar el Secundario".
Por su parte, la directora del Centro, Alejandra Gauna, indicó que las principales problemáticas que afectan a los niños y adolescentes con los que trabajan son "la repitencia, el fracaso escolar y la escasa tolerancia a la frustración, que los pone como imposibilitados de adquirir un aprendizaje", y sostuvo: "La intención es brindarles una educación integral. Ellos no solo asisten a un apoyo escolar que va acompañando sus trayectos educativos, sino que además concurren a los talleres, que los van enriqueciendo. Lo que necesitan muchas veces es poder canalizar su capacidad y a veces en ausencia de los días de escolaridad obligatoria se escapa la mirada y la idea es acompañarlos en este proceso".
Gauna recordó que la obra que llevan adelante fue gestada por las hermanas franciscanas de Gante, que llegaron al barrio 30 años atrás, y manifestó: "Quienes trabajamos en este espacio debemos tener una nueva mirada, puesta no solo en la educación escolar sino en aquellos espacios socio-educativos que pueden generar nuevas propuestas alternativas para poder acompañar los trayectos escolares tanto de niños como de adolescentes para que su educación sea integral y de mayor calidad".
Para concretar su labor no trabajan solos, sino en redes con otras instituciones comprometidas en el acompañamiento a las familias que más lo precisan. En este marco, organizaron la 4ª Jornada sobre Niñez y Adolescencia en Contextos de Vulnerabilidad, que se desarrolló ayer con el objetivo de generar un espacio para compartir reflexiones y experiencias entre distintos actores sociales.
Hubo más de 80 concurrentes de distintas instituciones de la capital entrerriana y también de otras localidades. Entre los participantes hubo docentes, talleristas, animadores culturales, agentes de salud, comisiones vecinales, referentes del Copnaf, el Centro Huellas, las escuelas, los jardines maternales y los centros comunitarios de la zona, y también del Consejo General de Educación (CGE), estudiantes de Enfermería de Uader y cocineras que desde su trabajo se vinculan con niños y adolescentes en contexto de vulnerabilidad.
En el marco de una nutrida propuesta de actividades, se contó con la presencia de Antonio José Carabajal, magister en Psicología Cognitiva y del Aprendizaje e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), quien abordó el tema Trayectorias educativas en contextos de vulnerabilidad: la importancia de las propuestas alternativas.
En diálogo con UNO, el experto mencionó: "Lo que proponemos es una mirada sobre el denominado fracaso escolar, pero haciendo una lectura de la trayectoria, el recorrido, el camino que realizan los alumnos dentro del sistema educativo, considerando cómo a partir de algunas fracturas, quiebres y falencias se puede ayudar a los chicos que están en un contexto de vulnerabilidad, donde a veces el rol de las familias no alcanza y hay que reconocer que tampoco es suficiente la ayuda del Estado. Por eso hace falta que los diversos actores sociales nos involucremos".
Carabajal destacó el trabajo que llevan adelante en el centro Virgen de la Esperanza y la escuela Juana Teresa Crombeen para "sostener las trayectorias de aquellos que están en riesgo", y resaltó: "Realizan una tarea ardua y compleja, y la idea es seguir animando a las personas que hacen este trabajo y sostienen esta labor con el cuerpo, con la entrega, con su tiempo. Porque no hay que quedarse en el discurso sobre la inclusión escolar sino que hay que concretarlo y mantener un compromiso muy grande".
Acerca de las "propuestas alternativas" a las que hizo referencia en su ponencia, explicó: "Se trata de generar espacios externos donde hay adultos a cargo que les permiten a los niños y adolescentes transitar y sumar cultura, es decir, que un niño además de ir a la escuela formal vaya a tocar piano, o a jugar a la pelota, practicar básquet o hacer alguna danza".
Por último, reflexionó: "Es serio el compromiso que hay que tener con ellos".
"Incluirlos significa realizar hechos concretos, como brindar apoyo escolar para ayudarlos a que puedan seguir en la escuela, o un taller de plástica que les dé la posibilidad de pintar y olvidarse un rato lo que están sufriendo", dijo a modo de conclusión.

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