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Fiesta de Disfraces

Fiestas, solidaridad y desigualdad

Un celular de 100.000 pesos; un empresario dispuesto a gastar 25.000 pesos en una noche y un chico de 21 años invirtiendo 8.000 en la pulsera.

Miércoles 20 de Noviembre de 2019

Cuando la espuma de la Fiesta de Disfraces comenzaba a bajar apareció el “influencer” y empresario paranaense, Nicolás Lorenzón, contando que él y sus amigos le cargaron 25.000 pesos a una pulsera para gastar en las barras del evento temático más trascendente de Latinoamérica.

Con el correr de las horas se las arregló para convertir la historia en noticia narrando que en realidad, por un error humano, le habían cargado 250.000 pesos, filmó un video y generó un contenido deslizando los miles de pesos que estaba dispuesto a invertir, con su grupo, en una noche de diversión.

El sábado, en el momento en que caía una intensa lluvia, un chico de 21 años que llegó con sus amigos desde el sur de Córdoba y se alojaron en un departamento, me contó en una transmisión vía Facebook que le había cargado 8.000 pesos a la pulsera del innovador sistema de pago.

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La previa.
La previa.

La información oficial siempre habló de 50.000 tickets vendidos y en los cálculos previos deslizaron que 30.000 fueron adquiridos por turistas, aunque este dato no tiene rigurosidad.

El que sí me dio la declaración, fuera de micrófono, fue el encargado de un restaurante céntrico “esto es un salvavidas para nosotros” y señaló el salón repleto con su mirada. A esta altura, las charlas entre amigos, los comentarios en las calles y algunos posteos en las redes sociales preguntaban por la crisis económica que padece el país y sobre todo Paraná que, promediando el fin de semana, estaba cooptada por las fiestas.

El medio de comunicación Paraná Hacia el Mundo publicó una historia con un título discriminador: “Es de Puerto Viejo y devolvió un celular de casi $100.000 a visitante rosarino”. Si el gesto solidario llegaba desde calle Mitre estoy seguro de que no iban a titular: “Es del Parque y devolvió un iPhone”. Busqué el dato en la web y encontré que ese modelo de teléfono inteligente vale entre 80 y 120.000 pesos.

El texto fue presentado como un buen gesto porque Santiago Valdez había llegado a la capital entrerriana para festejar su cumple el domingo, pero en la previa, el sábado, fue al boliche de avenida Estrada, durmió en el auto para no manejar borracho y cuando arrancó se dio cuenta de que no tenía el iPhone.

Según lo que dice el texto que se volvió viral, 15 minutos antes de ir a la FDD se contactó con un paranaense que le quería devolver el costoso equipo. Era el chico que junta botellas y latas, lo había encontrado mientras hacía su trabajo juntando la basura de la discoteca.

Un celular de 100.000 pesos; un empresario con sus amigos dispuestos a gastar 25.000 pesos en una noche y un chico de 21 años invirtiendo 8.000 en la pulsera para consumir son solo tres casos para demostrar el poder adquisitivo de un sector de la sociedad.

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La vista desde el escenario de la FDD.
La vista desde el escenario de la FDD.

Esta semana se conoció que en Argentina cerca de 5 millones de personas dejaron de cubrir la canasta básica en los últimos cuatro años. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA) presentó en la reunión por el Consejo de lucha contra el Hambre unos datos muy tristes: “La inseguridad alimentaria se disparó en mayor medida en los niños de 0 a 17 años: pasó del 29% en 2018 al 30,1% en este año. Y la inseguridad alimentaria severa, es decir los chicos que padecieron hambre de verdad, fue del 12,7% en 2018 y del 14,1% en 2019”.

¿Cómo se entiende que unos tienen tanto para gastar y otros no puedan asegurar la comida diaria? La respuesta está en la desigualdad, y lo peor es que parece que nos estamos acostumbrando.

No lo confirmo porque quizás hay muchos miles que están enojados pero no lo expresan públicamente. Se me cruza la explicación del pueblo chileno sobre el comienzo de las protestas: “No son los 30 pesos, son los 30 años de abuso”. Está a la vista desde hace un mes lo que sucede cuando la sociedad, que parece dormida, despierta.

En una ciudad llena de problemas pasó la 21ª edición de una fiesta que genera un movimiento económico incalculable y el lunes, a la siesta bajo la lluvia intermitente, tres chicos recolectaban las latas de cerveza que quedaron tiradas en el mirador del Parque Urquiza.

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