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Cuarentena e infancia: salud mental en riesgo

Hace cinco meses no hay clases y ni actividades para interrelacionarse ¿Cómo afecta la extensión de la cuarentena por el coronavirus a la infancia?

Martes 18 de Agosto de 2020

Advierten posibles efectos en la salud mental de la infancia por la pandemia del coronavirus. Pasaron cinco meses de cuarentena desde que se tomaron las medidas más drásticas para prevenir el avance del coronavirus en el país, como fue el decreto que estableció la obligatoriedad de la cuarentena. Sin embargo, para los niños el aislamiento empezó una semana antes, con la suspensión de las clases presenciales y otras actividades destinadas a esta franja etaria.

De este modo, se vieron interrumpidas sus relaciones con sus compañeros, esenciales para su adaptación psicosocial y que desempeñan un papel clave en su desarrollo general. Según indican expertos en la Enciclopedia para el Desarrollo de la Primera Infancia, se trata de una vinculación “que permite promover las competencias sociales y emocionales entre los niños”, y que las relaciones virtuales que imponen estos tiempos no llegan a suplir.

En este marco, la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (Aepnya) reveló que “un 30% de los niños y adolescentes aislados o en cuarentena como consecuencia de la pandemia de Covid-19, podrían presentan síntomas de estrés postraumático”, y subrayaron que se trata de “una situación sin precedentes, una pandemia que no permite a los niños y adolescentes visitar a sus seres queridos o participar de los rituales de despedida y que les impide acudir a la escuela o salir a la calle a realizar actividades de ocio”.

Sebastián Sigal, psicólogo de Paraná especialista en niños y en diferentes tratamientos, consultor y capacitador, señaló al respecto: “En algunos casos los chicos tienden a retraerse, a veces pierden interés por hacer otras actividades. Son hechos compatibles con síntomas depresivos, que no significa que tengan un trastorno o un cuadro depresivo. Y más allá de que no puedan conectarse o estar con otros chicos también, tienden asimismo a aislarse, y cuando empiezan a funcionar como en un modo retracción después les cuesta vincularse”.

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La cuarentena por el coronavirus tiene a los niños y niñas como los afectadas.

La cuarentena por el coronavirus tiene a los niños y niñas como los afectadas.

Según observó el especialista, este contexto los lleva también a que cambien sus horarios, sus hábitos, sus rutinas, desde todo punto de vista –deportivas, académicas, y hasta nutricionales– y advirtió: “Esto no les hace bien. En el caso de los hijos únicos, quedan más aislados. Creo que todo esto va a tener consecuencias a futuro en salud mental en los chicos, que son más sensibles a estas situaciones, aunque también afectará a los grandes, ya que además de la cuestión médica del Covid, hay muchísimas cosas que no se saben todavía sobre sus efectos psicosociales”.

El especialista indicó a UNO que los padres deben estar atentos a estos procesos, y consultar a un profesional cuando el niño no quiere hacer nada o comienza a comportarse de manera extraña. Y remarcó que es importante para morigerar los posibles impactos negativos “tratar de tener rutinas”. Al respecto, explicó: “El hecho de que estén en cuarentena no significa que esté todo permitido en cuanto a horarios, comidas, o que puedan estar todo el tiempo en el cuarto. Hay que intentar mantener rutinas dentro de la casa en cuanto a lo educativo, a los hábitos de higiene, porque se suele perder la noción del tiempo y es como que todos los días son iguales, la actividad es baja, y los chicos se van desorientando”, dijo, y agregó: “La idea es que no estén todo el día sin hacer nada, o mirando la tele, o conectados viendo cualquier cosa todo el tiempo, sino que hagan algún tipo de actividad, aunque no puedan realizarla como antes. Hay que procurar que al menos mantengan algún vínculo, con el grado de socialización que se pueda: si tienen un hermanito, que sea con él, por ejemplo, para que no se aísle más y empeore la situación”.

Por su parte Sonia Herlein, vicepresidenta del Colegio de Psicopedagogos de Entre Ríos (Copsper) y directora de Centro Educativo Integral Juntos Andar, manifestó que en el caso de “los chicos con discapacidad la situación suele ser incluso más difícil”, y refirió: “Están en el grupo de riesgo y deben permanecer con sus familias. Se está haciendo difícil llevar adelante esta situación y por eso es el reclamo de que puedan contar con la atención online. Hoy necesitan de las videollamadas con los profesionales”.

Herlein recordó que el confinamiento no fue paulatino, sino de golpe: “Los primeros 15 días es cuando más encerrados estuvimos, luego se habilitó algún paseo con el papá o la mamá, pero no la práctica de deportes. Y si bien están más favorecidos los niños que tienen hermanos, no es lo mismo que estar con sus amigos: los hermanos a veces se pelean más porque están más en la casa. Además, los chicos de hoy venían teniendo mucha actividad fuera de sus casas, diseñadas cada vez más chicas, y hoy nos encontramos en viviendas en las que no hay espacio para todos; y tenemos todos que estar con la PC, todos hablando en el mismo lugar”, observó.

La licenciada en Psicopedagogía comentó a UNO que en este contexto “hay chicos que han hecho un retroceso, una regresión”. Acto seguido, indicó: “El sueño está alterado, porque la mayoría duerme más y se levanta más tarde. La comida ya no es la misma, porque la actividad física hace que regulen la alimentación y ahora están todo el día picoteando galletitas y cosas así. Los adultos por ahí salimos a hacer algún mandado, pero los niños están adentro la mayoría del tiempo y también los ha desestabilizo mucho el hecho de tener que aprender en un medio que no es el escolar y eso es más difícil. No los pueden mandar a una maestra particular, como antes, y hay papás por ahí pierden la paciencia”.

La profesional coincidió con Sigal en que las rutinas no deben descuidarse ante este panorama: “El consejo a los padres es que traten de respetar los horarios de la vida cotidiana, de sistematizar”, recomendó, y reflexionó: “En un primer momento de la cuarentena, creo que todos tuvimos más tiempo fue de calidad para encontrarnos con nuestros hijos, con horarios nuevos, pero después afloraron estas cuestiones y recibimos muchas consultas de papás para que los orientemos sobre lo que pueden hacer, porque estamos en invierno, Paraná es una ciudad muy lluviosa y húmeda, y si no pueden llevar a su hijo a un gimnasio, a un club o a la casa de un amigo a jugar, deben tenerlo adentro de su casa y se complica. Creo que tendrían que habilitar alguna actividad física para los chicos, aunque sea al aire libre; ellos se adaptan a todas las circunstancias y seguro respetarán los protocolos y las medidas de seguridad correspondientes”.

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Temores frecuentes

Otro tema al que aludieron los profesionales es al acceso a la información que tienen los niños en este contexto de pandemia, ya que hay casos en los que pueden vincular las noticias sobre los casos fatales al temor de que fallezca un abuelo u otro familiar: “Es muy difícil manejar este tema cuando a veces los chicos tienen tal acceso a la información que para ellos puede ser confuso. Hay que tratar de hablar con ellos para metabolizar la información, a la que si acceden solos, tal vez no puedan procesarla y hagan un lectura equivocada, mucho más extremista y hasta peligrosa”, manifestó Sigal, y expresó: “Está bueno que el adulto hable con los niños sobre el tema para que puedan bajar la ansiedad, haciendo hincapié en que tienen que cuidarse, sabiendo que no es directamente todo como lo están percibiendo, que no es necesariamente tan literal a lo mejor como la esta viendo: aclararles que no toda la gente tiene Covid y que se muere un porcentaje muy reducido, por ejemplo”.

Herlein evaluó que situaciones de este tipo suelen tener que ver con la definición de la salud y de la enfermedad que hay dentro de una familia, y concluyó: “Por ahí es un tema del que no se habla y de repente hay que hacerlo porque aparecen casos de coronavirus en la familia o se contagió un conocido. En un principio hubo temor en algunos niños, y aún estando aislados tenían miedo y no querían ni que los toquen sus papás, excediendo lo que sería el cuidado normal. Hay que cuidarnos, prevenir, pero no alarmar”.

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