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Consumos problemáticos: dispositivos de contención son clave

Es fundamental el acompañamiento en casos de consumos problemáticos de sustancias. La Iglesia y los movimientos sociales son los que más trabajan con este fin

Jueves 29 de Julio de 2021

El caso de Santiago Chano Moreno Charpentier abrió un abanico de interrogantes y de debates sobre diferentes cuestiones vinculadas a los consumos problemáticos de sustancias, que incluyen desde fuertes cuestionamientos a la ley 26.657 de Salud Mental, hasta un llamado de atención sobre la estigmatización de quienes atraviesan esta delicada situación.

Lo que está claro en este contexto es que los dispositivos de acompañamiento a quien atraviesa una instancia de consumo problemático son fundamentales. En este marco, en Entre Ríos proliferan los espacios que tienden a este fin, aunque queda la sensación de que hacen falta más instituciones de este tipo, ante la magnitud de esta problemática.

En Paraná está Casa Lázaro, una iniciativa que se gestó de la mano de un grupo de laicos y religiosos, que depende del Arzobispado y cuenta con la modalidad de internado. Esto permite que los jóvenes que procuran forjarse un provenir distinto tengan un apoyo integral las 24 horas.

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Los demás dispositivos que funcionan en la capital entrerriana trabajan de manera ambulatoria. Algunos de ellos son el Centro Huella, que depende del Ministerio de Salud de Entre Ríos, a través de la Dirección Provincial de Abordaje de Problemáticas de Consumo; el Hogar de Cristo, que pertenece de la capilla de Lourdes, también bajo la órbita del Arzobispado; la Red Puentes, un espacio dentro del movimiento Red Nuestra América, entre otros. En la mayoría de los casos llevan adelante su tarea integrando un programa que impulsa la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar), recibiendo a quienes llegan por su propia voluntad o derivados desde alguna entidad de salud o desde el Poder Judicial.

El Hogar de Cristo se creó a principios de 2019, ante el avance del flagelo de las adicciones en los barrios y la escasez de dispositivos y de políticas públicas para atender esta problemática, que se expande en cada rincón de la ciudad con el consumo de alcohol, cocaína, estupefacientes y otras sustancias. Mariano Martínez es uno de sus coordinadores y reflexionó esta realidad: “Con respecto al tema del consumo, lo que hay que tomar conciencia es que es un problema que afecta a la persona y a todo su entorno”.

En cuanto a las cuestiones que hoy se discuten sobre el caso de Chano pero que evidencian una problemática común a mucha gente, señaló a UNO: “Lo que pasó fue una situación bastante compleja, en la que la persona no está en total manejo de sus facultades; entonces ¿hasta qué punto se puede pensar en una responsabilidad?

Hay políticas públicas pensadas para acompañar estos casos, pero no están muchas veces los medidos para poder llevarlas adelante o, de alguna manera, articularlos”.

“En estos casos lo que hay que hacer, y en definitiva no se hizo, es un acompañamiento, pero cómo hacerlo cuando la persona se niega a eso o a ser internada es el interrogante, porque está la libertad del otro”, dijo.

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En referencia a la ley de Salud Mental, opinó: “La mayoría de las cosas que contempla son positivas, pero no se puede tener a personas que son psiquiátricas deambulando por el mundo. Justamente por esta misma cuestión que uno no sabe cómo van a reaccionar, no porque uno no pueda prever o prevenir, según las pericias de los profesionales, sino porque uno no sabe qué realidad esta viendo el otro en estas circunstancias, desde su propia percepción: si está bajo los efectos de las drogas y uno va a saludar, el otro puede interpretar que vas a robarle o algo así y obviamente se va a defender. Por eso es muy complejo el acompañamiento en esto”, remarcó.

Sobre la labor que realizan en Hogar de Cristo, manifestó que cuentan con un equipo de profesionales de la salud mental, como psiquiatras y psicólogos, y además cada uno de los voluntarios recibe capacitaciones con respecto “a cómo acompañar, cómo ir puerta a puerta, como recibir la vida; cómo abordar la niñez, la infancia, la situación de calle”, y afirmó: “Esas capacitaciones se van haciendo con psicólogos para formar a la persona que acompaña”.

En la institución hay talleres de capacitación laboral, espacios de escucha y para el deporte dos o tres veces por semana. “Los talleristas escuchan y le hablan a quien va a buscar ayuda por los consumos problemáticos, para que ellos puedan poco a poco ir tomando conciencia y viendo que puede llevara adelante una vida sin consumo, generando espacios con una línea transversal de una vida en familia”, indicó.

En cuanto al aporte del Estado para llevar adelante la labor en el Hogar de Cristo, señaló: “Logramos un convenio con la Sedronar, que nos ayuda mensualmente.

Pero no alcanza para tener una casa, que sería lo ideal para estos casos que justamente que necesitan residencia, necesitan quedarse a dormir y un mayor acompañamiento”.

La Red Puentes es otro de los lugares de acompañamiento que hay en Paraná. Daniela Barreto, su coordinadora, comentó que es un espacio de salud comunitaria del movimiento popular Nuestra América. El tratamiento que brindan es ambulatorio, integral y comunitario, en muchos casos de personas en situación de calle.

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“Estamos en el centro, en calle Irigoyen, ya que no podíamos estar en territorio por las disputas con los transas, como les dicen los gurises”, comentó, y subrayó: “Quienes vienen a Red Puentes llegan más que nada por la modalidad de boca en boca; llega uno, después trae su amigo o su conocido. También están las personas que llegan por derivación de diferentes instituciones de salud, recibimos a gente de la Casa del Joven, del Hospital Escuela, o por derivación del poder Judicial a través de alguna medida, como una probation. Son chicos de todas las edades, pero sobre todo a partir de los 18 años, que es más que nada el momento en que dejan de tener algún acompañamiento escolar y o de la familia”.

Asimismo, refirió: “Trabajamos con la disposición y con la escucha, porque muchas veces la persona que vive en la calle necesita ser escuchado. Estar en la calle es ser invisible, un poco marginal, y es lo primero que aparece. Después, en las historias de vida, escuchamos que hay una multiplicidad de factores que se dan en esta problemáticas de la situación de calle, y que se van entramando, a través de las singularidades”.

“Nuestra perspectiva es comunitaria. No abordamos los consumos problemáticos en situación de calle desde un solo lugar, sino desde la multiplicidad de la vida. Acompañamos los procesos judiciales, de salud física, de los vínculos familiares y sectoriales, y para eso también se generan diferentes espacios y dispositivos de la red puentes”, sostuvo, y mencionó que hay espacios en los que se comparte el desayuno y se facilita el aseo personal, y también espacios terapéuticos grupales y talleres de música, educativos y demás. “Tenemos un equipo de profesionales con los que trabajamos la convivencia, con la asistencia con psicólogos, trabajadores sociales, acompañantes terapéuticos, referentes territoriales y de la comunidad”, puntualizó.

Por último, a partir del caso de Chano, analizó: “Es un momento en que hay que una reflexión con respecto al tratamiento que hacen los medios de comunicación sobre los consumos problemáticos, considerando que quien tiene problemas de consumo es alguien peligroso. Es importante recalcar y establecer nuevas formas de abordar los consumos problemáticos. Hay sobre eso una ley de salud mental que explicita que las personas deben ser tratadas respetando sus derechos humanos”.

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