Chacho Comar
Domingo 08 de Julio de 2018

"Chacho amaba el fútbol y tenía con él ese compromiso que se aprende en la calle, en la tribuna"

Los mundillos de la política y del fútbol tienen mucho en común, se entrelazan más de lo que podría imaginar alguien que no los conozca; en Entre Ríos y en todas partes. Como periodista político muchas veces me preguntaron qué clase de tipo era este Chacho, ya sea porque había calificado con un tres a un futbolista de tal o cual club que era pariente del diputado tal, o del senador tal, o amigo de un encumbrado dirigente. Ya sea porque se había atrevido a analizar críticamente la campaña del club que un fulano pensaba usar como plataforma de lanzamiento a la política; o porque no se ajustaba al exitismo del momento, tratando con honestidad la información y con respeto a sus lectores, oyentes o televidentes.

A veces no entendían que la lógica habitual de la política fuera resistida por gente que amaba el deporte, y especialmente el fútbol. De qué la iba este tipo que vivía humildemente y sin embargo respetaba su criterio en cada comentario, cada puntaje, cada análisis de una jugada. No importaba que fuera Patronato en la Superliga, Paraná en la B Nacional, la Liga Paranaense o un torneo de fútbol libre. Ni siquiera su amado Blas se salvaba del análisis certero de alguien que respetaba la lógica del fútbol por sobre todas las cosas.

Así era Chacho, y tuve la suerte de explicar muchas veces que no estaba buscando nada raro. Que incluso las primicias que publicaba (en un mundo donde las primicias van desapareciendo) eran producto de su afán de honestidad periodística, incluso aún a riesgo de ser mal visto por esa dirigencia que muchas veces espera solo elogios y palmaditas. Supongo, en realidad lo sé, que muchas veces también tuvo esos reproches de dirigentes y deportistas, pero eso lo podrán contar sus compañeros de Ovación.

Chacho amaba el fútbol y tenía con él ese compromiso que se aprende en la calle, en la tribuna, que se charla en el colectivo o en la cola del banco. Ese compromiso del que hablábamos en la facultad cuando estudiábamos Comunicación Social y éramos novatos en el mundo de los medios. Pasaron casi 30 años y seguía mirando las cosas de la misma manera: sabía que no se podía mentir con algo tan sagrado, y que a la corta o a la larga, se lo iban a reconocer.

Quisiera no escribir esto, pero la realidad lo impone. Estoy eternamente agradecido por las veces que con satisfacción le contesté a algún fulano pretencioso que ese puntaje que no le había gustado, que ese análisis áspero de la forma de juego de un equipo, que esa valoración de una campaña deportiva que le quedaba incómoda a otras campañas, eran producto de la honestidad periodística de este gran amigo. Nada más, ni nada menos que eso.

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