Día de la Madre
Domingo 15 de Octubre de 2017

Bety, la valiente madre experta en resistir embates del destino

Nélida Beatriz Obispo de Tomasi tiene 82 años y es quien acompaña y sostiene a su hijo Fabián, que sufre una severa enfermedad causada por agrotóxicos. Con amor, le infunde fuerzas y hoy celebran la vida, desafiando adversidades

Muchos conocen la historia de Fabián Tomasi, quien padece una polineuropatía tóxica metabólica severa, que causa una disfunción de una parte del sistema nervioso. Su cuerpo se intoxicó con químicos cuando a partir de 2005 empezó a trabajar para una empresa de fumigación aérea. Su tarea, según contó en numerosas oportunidades, era abrir los envases con sustancias –entre ellos glifosato– que dejaban al costado de la avioneta, volcarlo en un recipiente de 200 litros para mezclarlo con agua, y enviarlo a través de una manguera para que la aeronave rocíe los campos sembrados con soja.
Los médicos le dieron seis meses de vida, pero pasó más de una década y firme sigue luchando y concientizando sobre los efectos de los agrotóxicos. A veces llora de bronca y lo cuenta en su muro de Facebook, donde miles de seguidores de todas partes del mundo le brindan su apoyo. Y como en ocasiones no tiene fuerzas en sus brazos para secarse las lágrimas, allí está La Bety, como él la llama, para secárselas, con sus manos de madre incondicional que acompaña y sostiene, y con quien hoy va a celebrar el Día de la Madre, en su casa de Basavilbaso.


Nélida Beatriz Obispo de Tomasi tiene 82 años. Lo contó Fabián entre risas, dejando en claro que su humor es invencible, diciendo que ella se iba a enojar si revelaba su edad. Bety es quien lo cuida y le infunde fuerzas, y es un pilar fundamental para que él siga aferrándose a la vida. "Mucho no puedo hablar porque enseguida me emociono", aseguró. Sin embargo, se anima a presentarla: "Ella es la Bety Obispo de Tomasi. Mujer entera si las hay; 82 años ya, con la pata ulcerada y aguantando. Como ninguno de nosotros, ella no estaba preparada para una vida tan 'especial'. Nadie se prepara para eso. Y yo todavía le veo la mirada de quien no entiende bien cómo pasó lo que pasó".


Fabián contó que su único hermano murió el 21 de setiembre de 2014 y fue ella quien se resistió a los pronósticos médicos que no le daban mayores esperanzas: "Algo que siempre pienso es que nosotros no sabemos lo fuertes que somos y por eso muchas veces nos entregamos mansitos a que nos den migajas. Mi hermano Roberto tuvo un accidente absurdo cuando ya volvía de la conscripción, cuando fue lo del Beagle. Roberto, sobre quien un día voy a tener que escribir si las lágrimas me dejan, volcó el vehículo en el que iba y quedó parapléjico. Lo tuvieron meses en el Hospital Militar Central, y un día le dijeron a mi madre que se fuera despidiendo, que no había ninguna esperanza. La Bety los miró y les dijo: ¿Y ustedes qué saben? Se lo trajo a Basavilbaso y Roberto vivió. Y ella siguió calladita, de pie. Llorando seguramente cuando no la veían, pero de pie", afirmó.


Asimismo, comentó: "Ella también siguió de pie cuando mi viejo murió. Calladita, con cara mitad de asombro y mitad de resignación. Viendo cómo todo se desplomaba, menos mi hija Nadia que es un torbellino, una sobreviviente arisca y amorosa", acotó el hombre, que hoy tiene 51 años, quien se refirió también a su situación: "Y después yo, claro, con la historia que todos conocen, aunque decir 'todos' sea mucho. Lo mío no fue así, de golpe, sino que fue un largo vía crucis que ya lleva no sé cuántos años. Intenté que no me ganara físicamente, pero pude a medias. Aunque a la voluntad y al alma no me las ganó".

Detrás de su entereza frente a las adversidades, el amor de su madre es el que lo apuntala y le genera admiración: "Tiene 82 años hoy. Y a veces lo mira a Dios con recelo. Es mucho todo lo que pasó, pero ella todavía tiene esa fortaleza, que no es de árbol enorme sino de arbusto, que el viento y el tierral van a agitar, pero no a arrancar de esta vida así nomás. Así es que hoy hago un alto en todo este bochinche doloroso y me detengo nada más que en ella: ¡Gracias mamá! En nombre de todo lo bueno de esta vida", expresó emocionado.

Por último, manifestó: "Ya que tengo este lugar, además, y en tiempos en que ser madre 'no garpa', como graciosamente dicen los porteños, les mando a todas las que supieron qué es llevar a un hijo en la panza, qué es parir con dolor, qué es estar a veces perdida en la vida, y con ese 'mundo' que llora y pide a gritos que lo cuiden, un abrazo de los míos, apretado con todas las fuerzas que me quedan. Gracias mujeres madres valientes".



El amaranto que resiste al imperio que envenena
Cuando se contaminó con agrotóxicos, Fabián Tomasi trabajaba en negro y sin las medidas de seguridad ni las vestimentas adecuadas para protegerse de los vapores de los químicos que se usaban para fumigar los campos.
Hoy sufre las consecuencias y el certificado por discapacidad que le extendió la Anses especifica que tiene "funciones severamente disminuidas en ambas manos, piel a tensión sin huellas digitales, disfagia a sólidos (dificultad para deglutir), múltiples nódulos de calcio (reacción del cuerpo para encapsular y eliminar el veneno); además de disminución de fuerza muscular generalizada, alteraciones sensitivas, adelgazamiento y dermatomiositis".
Frente a este diagnóstico, sin embargo, Fabián resiste y no se da por vencido. Tiene una misión y es difundir las consecuencias del uso de los agrotóxicos. Su testimonio trasciende fronteras y de otros países llegan a su humilde casa a filmar documentales que evidencian sus denuncias y las de tantas personas que pregonan defendiendo la vida.
En Facebook figura como "Fabián Amaranto Tomasi", y es una metáfora justa a lo que es su vida.
El periodista santafesino Ricardo Serruya, autor del libro La venganza del amaranto, contó a UNO que se trata de una planta cuyas semillas comían los pueblos originarios de América, ya que posee mucha proteínas, hasta que los españoles la prohibieron como alimento".
"Hace poco el amaranto fue la única planta que generó anticuerpos a la fumigación que se llevaba a cabo en campos de soja en Estados Unidos e invadió las plantaciones y no las dejó crecer. Por eso en mi libro digo que el amaranto, con la paciencia de los pueblos originarios, esperó 500 años para vengarse de un imperio. Hace 500 años el imperio español lo prohibió, y ahora se vengó arruinando los planes de Monsanto, el imperio económico y envenenador", señaló.
Al igual que el amaranto, Fabián también resistió los químicos y aunque le duelen las manos, las piernas, el cuerpo entero, y a veces no tiene fuerzas para poder abrazar a su hija o a su madre, las abraza con el alma.
Sabe que en su lucha no está solo: entre las miles de personas que lo apoyan y lo acompañan, una se destaca y es Bety, su madre, valiente como nadie e inclaudicable. Imprescindible, como diría Bertolt Brecht.

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