Juan Manuel Kunzi / de la redacción de UNO
La pasión por las dos ruedas le da la oportunidad de trabajar
Su amor por la moto la llevó a darse cuenta que, en realidad, tenía una oportunidad de trabajo, esa misma posibilidad que venía buscando desde hace años y nunca la encontraba. O por lo menos con buenas condiciones laborales.
Silvana Martínez cuenta que se crió en un taller de motos que era de su abuelo. Desde chica se deja seducir por las motos, tanto, que sueña tener una pistera. “Aunque sea a los 70 años y si no me puedo subir, va a ser para mirarla”, dispara entre risas a punto de finalizar con la sesión de fotos que la tuvo bastante desenvuelta.
Es una mujer que se las arregla para que no le falte el sustento en su hogar. Dice las cosas de frente, apabulla y algunas veces sorprende con un “a mí no me vengás con flores, bombones y Luis Miguel porque te meto una patada. Si me venís con un juego de Black & Decker, en Coto hay uno de 850 mangos –advierte– te juro que te digo ‘sí, acepto’, pero no me vengás con un anillo”.
Hace siete años que se subió a una moto para hacer el trabajo de cadete. Desde aquel primer día ya cambió tres motocicletas porque parece que no le aguantan el ritmo.
En la vorágine diaria, algunas veces acelera más de lo normal (para las calles de Paraná) y otras veces discute con los inspectores que le recriminan la falta de casco. Además parece que ya tiene encono personal con los funcionarios de Tránsito.
Reconoció que tiene que llevar protección aunque se excusa en que ve y escucha menos. “Los días de lluvia salgo con casco y también los de mucho frío. En invierno se me hace cada vez más difícil. Las manos me quedan duras y lo siento en el cuerpo”, reconoció.
Más allá de que le gusta andar en moto, la velocidad y el muchas veces placentero viento en la cara, renegó : “Me cansé de repartir currículum por todo Paraná y no pasaba nada. Ya tenía los chiquitos y tenía que trabajar. Agarré la moto, empecé sola y sigo sola”. Es una cadete independiente que de lunes a lunes, con sol o con lluvia, si la llaman, hace el trabajo.
Suspira cuando habla de la ganancia a fin de mes aunque no llega a quejarse. Cada viaje tiene su precio, si es en el centro sale unos 6 pesos y por afuera de los bulevares llega a valer unos 10 pesos.
En Paraná se hace difícil conseguir cadetes aunque ella advierte que cada vez más chicos se vuelcan a las calles, con sus motos, para conseguir una salida laboral.
Silvana, como todos, también sueña. Se imagina trabajando “adentro” resguardada del sol y del frío. Pero su presente está al mando de su vehículo.
Una madre de familia que hace todo lo posible para sostenerla
Silvana Martínez trabaja todos los días para ayudar a sus hijos a que encuentren el camino de sus vidas o algo más o menos así. Les gusta protegerlos y sabe que la adolescencia es complicada de sobrellevar por eso se hace cargo y la transita con sus hijas.
Desiré tiene 15 años, Fiama 14, Dana 10 y Emanuel de 9. Todos tienen sus temas pendientes. Los primeros novios, las ganas de salir a bailar, los cuidados que hay que tener en la calle, toda una historia que la sabe sobrellevar en forma paralela con el trabajo.
Silvana cuenta que le gusta el Metal (Metállica es su banda preferida) y por eso anda lookeada de negro, con botas y algunas pulseras con tachas.
Siempre fue distinta y por eso nunca tuvo de trabajar de lo que fuera para llevar la comida a sus hijos. Hizo artesanías y las vendió en la Costanera, trabajó en algunos negocios pero las contrataciones siempre fueron muy precarias.
“Siempre espero que se presente una buena oportunidad de trabajo porque no me veo trabajando en la calle hasta los 40 años”, contó entre preocupada y esperanzada. “Me gustan las motos pero te hacés bolsa vos y hacés bolsa la moto. Se hace difícil trabajar a la intemperie”, describió. Es que en Paraná, se sabe, los trabajos que muchas veces se ofrecen tienen sueldos que distan mucho de ser acordes a la cantidad de horas trabajadas. Y en consecuencia el cuentapropismo se impone.
“Vas a la entrevistas y se quejan porque tenés experiencia o porque no tenés. Buscan con buen físico o sin tanto físico, quieren presencia pero no tanto, muchas veces no saben lo que quieren, hasta que llega algún tipo de propuesta que nada tiene que ver con el trabajo”, detalló entregando un pantallazo sincero de la realidad laboral que le toca vivir a un segmento grande de la sociedad paranaense.














