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Se viene el desalojo para Minions y Princesas

La Ley de Etiquetado Frontal debe complementarse con educacion en alimentacion saludable y economía doméstica. El Estado también es responsable

Domingo 14 de Noviembre de 2021

Hoy, 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, establecido hace 20 años por la Federación Internacional de Diabetes y la Organización Mundial de la Salud para concientizar acerca de causas y tratamiento de esta enfermedad que alcanza a más de 4 millones de personas diagnosticadas en Argentina pero que, al ser una patología subdiagnosticada, podría haber otros cuatro millones de personas viviendo con la enfermedad sin saberlo.

Hace pocos días el Congreso nacional aprobó La Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos que obliga a los fabricantes a marcar envases con un sello octogonal negro en aquellos productos con exceso de azúcar, grasas, calorías o sodio, para que los consumidores puedan advertir fácilmente la presencia de esos nutrientes que, en exceso, son nocivos para la salud.

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En el debate de la Ley, a la cual se opusieron férreamente las grandes cadenas productoras de alimentos, se ventilaron estadísticas alarmantes de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo para enfermedades crónicas no transmisibles que se suman a las cifras mencionadas sobre diabetes: 66% de la población argentina tiene exceso de peso; 32% obesidad; 40% padece presión arterial elevada y 30% tiene colesterol alto. Un 41% de los menores de entre 5 a 17 años, tiene exceso de peso, y 13,6% en la franja de menores de 5 años, tiene sobrepeso.

Hasta el momento, la información de ingredientes y cantidades en los envases es prácticamente ilegible y confusa para los consumidores. El empaquetado es parte de un marketing que, en base a colores o engaños, hacen pasar por saludables o “diet” productos que no lo son. Muchos otros dirigidos a las infancias los atraen con juguetitos que los hacen parecer inocuos.

En virtud de la Ley de Etiquetado Frontal, que aún debe ser reglamentada, los productos que contengan edulcorantes o cafeína tendrán que informar su consumo NO recomendado para niñas y niños. Además, los productos que tengan más de un sello de advertencia no podrán incluir dibujos animados, personajes, figuras públicas, regalos ni elementos que llamen su atención. Es decir, no más Minions, ni Pachorra, ni Princesas de Disney ni personajes de Star Wars en las etiquetas, tampoco la figura de deportistas destacados.

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Las grandes empresas tendrán un plazo de seis meses para adaptarse a la nueva ley y las pymes un año, desde la reglamentación por parte del Estado, cuyo plazo será de 90 días.

Hasta aquí todo bien. Pero hay un lado B en la Ley de Etiquetado Frontal y algunos sectores dedicados a la nutrición saludable ya lo advirtieron: Se corre el riesgo que, a partir de esta Ley, la alimentación saludable de la población corra por cuenta de empresas privadas e individuos particulares y que el Estado se desentienda: “Con esta etiqueta te estoy avisando que estás por comprar veneno. Si lo consumís es tu responsabilidad”, tal cual las etiquetas en los paquetes de los cigarrillos que en nada han disminuido el problema y las consecuencias del tabaquismo.

Para que la política sea completa y para empoderar a la ciudadanía consumidora, la ley debería complementarse con Educación. Sin caer en una “Policía Alimentaria" que vigile cada bocado, la responsabilidad política e indelegable del Estado es informar y formar sobre alimentación saludable y economía doméstica. Porque si el Estado se retira solo quedarán los vacuos discursos “diet” de los y las influencers con mandatos de belleza y todas las consecuencias sobre la identidad de las personas, que equiparan belleza o salud con una delgadez en detrimento de todo cuerpo diverso.

Como toda Educación, si las infancias ven a sus familias comer y preparar alimentos saludables, eso formará parte de sus vidas adultas como lo son ahora los sabores hogareños que nos legaron, madres, padres, abuelos, abuelas, tías, tíos. Elegir productos orgánicos sobre químicos, además de ser más saludable para nuestra salud también lo será para el planeta que tiene solo ocho años para bajar el calentamiento global, según la última Conferencia para el Cambio Climático COP26.

Educar a la población en alimentación saludable y economía doméstica redundará en saber escoger y comprar productos sustentables con el ambiente, libre de químicos, promover kioscos saludables en las escuelas donde, en vez de golosinas se puedan comprar frutas y alimentos caseros, sin grasas ultra procesadas. Para que progenitores y cuidadores, entre un postrecito de 120 gramos con un dibujito en el envase, elijan hacer un flan casero con leche local y huevos de gallinas criadas sin jaulas ni anabólicos. No habrá solo una diferencia en precios, también la habrá en tiempo dedicado, en amor y en conciencia para un planeta más limpio y con futuro.

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