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Planes de Ahorro: ¿Cuotas impagables o sueldos miserables?

El controvertido reclamo de un grupo de titulares de planes de ahorro, tras la devaluación de 2019, evidencia en realidad el empobrecimiento de los trabajadores

Jueves 05 de Mayo de 2022

Son muchos los que tienen el sueño de adquirir un 0km y encontraron en los planes de ahorro una opción para cumplirlo: en 2021 en la Argentina subieron más de un 20% las suscripciones y este año se espera que siga esta tendencia, según evaluaron desde la Cámara de Comercio Automotor.

A su vez, un informe de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA) reveló que, del total de las ventas de vehículos nuevos financiadas el año pasado, el 55% se concretó a través de planes de ahorro de las terminales, el 29% por alternativas de financiación propia de las marcas y el 13% por entidades bancarias.

Diego, vendedor de planes en Paraná, explicó a UNO que, más allá de la posibilidad de financiación, entre los principales motivos por los que esta opción sigue siendo elegida es porque en el contexto económico actual los autos 0 km se venden a precio de lista bajo esta modalidad, frente a los valores en que se ofrecen las ventas convencionales, en las que suele haber sobreprecios por la falta de stock.

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Planes de ahorro impulsan las ventas de 0km en la actualidad.

Planes de ahorro impulsan las ventas de 0km en la actualidad.

Si bien los planes de ahorro están hoy en la mira debido a un reclamo de un grupo de suscriptores que firmó contrato para poder llegar a su 0km en 2018 y se vieron afectados por la suba de las cuotas tras la fuerte devaluación del peso a partir de 2019 –debido a que los valores de las mismas van atada al precio del vehículo, según se especifica en los convenios que firman las partes–, continúan siendo una alternativa a la que recurre mucha gente. Y quizás la única opción en muchos casos en los que ahorrar en pesos para acceder a un auto nuevo es inviable por la inflación.

Por eso cabe analizar algunos puntos sobre el reclamo de quienes se sienten damnificados se basa en que empezaron “pagando 3.000 pesos en 2018” y hoy afirman que abonan “cuotas de 40.000 o 50.000 pesos”: primero, en la mayoría de los casos ya tienen en su poder el vehículo y, como ya conocían de antemano al retirarlo, al valor mensual del compromiso adquirido se le añade el del seguro obligatorio exigido.

En segundo lugar, a los ahorristas que se sienten damnificados les llega desde ahora, junto con la cuota mensual, la diferencia del valor de las cuotas anteriores que no abonaron mientras duró la medida cautelar impulsada colectivamente en 2019 y que, luego de varias instancias judiciales, quedó sin efecto. Considerando estas cuestiones, no es descabellado lo que deben abonar, teniendo en cuenta que actualmente una cuota inicial de un plan de ahorro ronda los 26.000 pesos, dependiendo del vehículo. O sea, están afrontando mes a mes el valor de la cuota –que incluye los costos administrativos y demás–, sumado al seguro, más el saldo generado por la cautelar. Son los valores actuales del mercado, que rigen para un bien con el que alguien se capitaliza.

Por eso, llamar “estafa” a una modalidad de venta que se encuadra en un marco legal y que para muchos es una opción útil es, al menos, desacertado. Uno de los adjudicatarios de un plan de ahorro que impulsa el reclamo contra las fábricas de vehículos afirmó que “hay quienes tienen cuotas que les representan el 50% de su salario”, y calificó este hecho como “injusto”. En ese sentido, y teniendo en cuenta lo mencionado, habría que preguntarse si realmente las cuotas de los planes de ahorro son “impagables”, o si el problema radica en que los trabajadores estamos cada vez más empobrecidos, con salarios que ya no alcanzan para sostener el nivel de vida habitual.

Es cierto que hay una brecha abismal entre una cuota inicial de 3.000 pesos que algún ahorrista pagó al comienzo de su plan, en 2018, y la que paga hoy; y que sin dudas los sueldos no se actualizaron en la misma proporción. Pero entonces lo que hay que exigir es que se pueda recuperar el poder adquisitivo de aquellos que se ganan el sustento dignamente, con una política económica certera y justa que le otorgue nuevamente la capacidad de consumo a quien todos los días sale a trabajar.

Ese debería ser el foco de la cuestión: con salarios acordes la situación sería, sin dudas, muy diferente para los ahorristas que hoy están empantanados en esta batalla.

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