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Cuando el miedo cambió de bando

"...seguramente habrá algún escrache injusto, pero la proporción es tan inmensamente menor, que no puede ser la excusa para que las mujeres sigan callando, porque estamos dejando claro que esto es una revolución y las revoluciones son así, desprolijas".

Miércoles 19 de Diciembre de 2018

El Efecto Thelma se está llevando puesta la espesa capa de silencio que perpetuaba y reproducía las conductas abusivas de los hombres por sobre las mujeres. Venía gestándose en los últimos meses y finalmente tuvo su estallido el 12 de diciembre de 2018 cuando la actriz Thelma Fardín se plantó en un escenario junto a 300 compañeras y contó cómo fue violada por un galán de telenovelas a los 16 años.
Thelma tuvo que ser explícita en su relato, utilizar palabras incómodas. También tuvo que pasar el test de la buena víctima, aquél que ahonda obsesivamente en el historial de la mujer denunciante para certificar qué tan creíble es su palabra. Si tiene tatuajes, resta. Si se saca muchas selfies, resta. Es la cultura de la violación que deposita la culpa en la víctima y no en el violador, y no es necesario ser hombre ni violar para ser parte de ese sistema de dominación.
Superada esa prueba, las reacciones fueron inmediatas. El apoyo a Thelma, las denuncias de mujeres famosas y anónimas brotando por todas las pantallas, el hashtag #MiraComoNosPonemos explotando en las redes y el "yo te creo" de los movimientos feministas como una respuesta contundente a las reacciones que, con cada avance del feminismo, se dedican a desvirtuar y confundir.
Es entendible que muchos estén aterrados. No son pocos los que están descubriendo hoy que muchas de las conductas que antes eran aceptadas, fueron abusos por el simple hecho de haber ignorado un no. Es entendible, debe ser aterrador descubrirse violador. La ola de escraches en las redes sociales en Paraná aún no cesa. Desde la semana pasada circulan fotos con nombres y detalles y así también los y las que sugieren que las mujeres que denuncian, mienten.
Ayer en la sección de mensajes de este diario se publicó la opinión de un lector que alimenta la idea tan generalizada en algunos sectores de que las mujeres que denuncian lo hacen por despecho. Que buscan fama, que no se puede ensuciar una familia.
La falta de políticas concretas para atacar la problemática hace que en Argentina no haya datos específicos sobre cuántas son las denuncias falsas respecto a agresiones sexuales, sin embargo, estudios realizados en Inglaterra y Estados Unidos sostienen que oscilan entre el 2% y el 8%. Pero no importan las cifras, todavía hay quienes continúan reproduciendo la idea de que las mujeres mienten.
Salen a recordar que en Argentina rige el principio de inocencia incluso para un presunto violador, y es curioso, porque se olvidan de ese principio y piden bala sin mediar palabra para un guachín de gorra que se atreva a correr en la vía pública. También reclaman "con mis hijos no te metas" pero en la mayoría de los casos es la propia familia la que abusa, violenta y revictimiza a la víctima obligándola al silencio, desacreditando sistemáticamente la palabra de las mujeres siempre tildada de emocional o impulsiva.
A las mujeres nos piden que respetemos los tiempos de la Justicia. Una Justicia que, por ejemplo en Entre Ríos benefició con probation al abogado César Bechetti, acusado de abusar sexualmente de 3 niñes en 2007 y que, habiendo evitado la condena con ese recurso, en 2015 estuvo a un paso de ser juez.
La mujer que denuncia siempre encontrará alguien que ponga en duda su relato.
Como explica Diana Maffia, el máximo problema de la violencia de género es que suele producirse sin testigos. La mujer que se atreve a denunciar siempre encontrará quién ponga en duda su palabra y por lo general, será valiéndose de insultos y prejuicios o alguna anécdota incomprobable sobre el hijo del amigo fue escrachado injustamente por una ex que se droga, o algo así. Y sí, seguramente habrá algún escrache injusto, pero la proporción es tan inmensamente menor, que no puede ser la excusa para que las mujeres sigan callando, porque estamos dejando claro que esto es una revolución y las revoluciones son así, desprolijas.
Alimentar el mito de la denuncia falsa no es más que un recurso torpe y desesperado de no soltar ese privilegio que mantenía los abusos impunes y, de hecho, lo que muestran las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que es mayor el número estimativo de casos de violación que no llegan siquiera a ser denunciados, porque la mayoría de los casos que se denuncian no tienen testigos. Por eso, decir "Yo te creo" ante cada historia tiene más sentido que nunca.
Ahora el miedo cambió de bando.

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