Eugenio Olivera no proviene de una familia futbolera. Asimismo tuvo en claro que su gran sueño era transformarse en un obrero de la industria de la pasión popular. En la adolescencia abandonó el estado de confort para trasladarse desde Concordia a Buenos Aires para darle rodaje a la ilusión. Experimentó alegrías y frustraciones. El 18 de diciembre explotó de emoción al obtener el ascenso a la Nueva Nacional con el modesto Sacachispas. “Ingresar en la historia de un club el un hecho que se recordará para siempre”, remarcó, en diálogo con Ovación.
Eugenio Olivera cumple los sueños que proyectó
Por Matías Larraule
Eugenio Olivera, junto a Nélida, su mamá.
Olivera proyectó su aspiración de vida laboral en el club Salto Grande de Concordia. La ilusión se detuvo por un momento. Nélida, su mamá, le remarcó que primero estaba el estudio, después el fútbol. Los horarios de cursado en el colegio industrial no le permitió seguir entrenando.
“Comencé a jugar al tenis porqué un deporte tenía que hacer”, rememoró. Hasta que una tarde un amigo le comentó que a la ciudad llegaba un grupo de entrenadores de Independiente para realizar una evaluación. El delantero se acercó al club Wanderes. “No fui con intención a futuro”, aclaró. No obstante, en su interior el fuego sagrado se encendió nuevamente. Superó la evaluación, pero tenía que trasladarse a Buenos Aires para realizar una prueba final.
“Mamá no quería que viaje. Ella quería que termine la escuela y después apueste por el fútbol. Ahí le dije que si viajaba, no regresaba. El sueño de ella era que termine la escuela. El mío, ser futbolista. Desde chico lo soñé y gracias a Dios lo estoy cumpliendo”, agradeció.
En su derrotero transitó por distintos caminos. Durante dos años formó parte de las formativas de Independiente. Tras quedar libre en el Rojo retornó a Entre Ríos, pero esta vez se afincó en Gualeguaychú para sumarse al plantel de Juventud Unida. En el sur provincial se alejó del ritmo de vida alocado de Buenos Aires. De todos modos, la intención de regresar a la capital del país estuvo presente. Por eso no dudó cuando tuvo la posibilidad de volver a la gran ciudad.
Por intermedio de una amistad que gestó en las inferiores de Independiente tuvo la oportunidad de sumarse a Atlanta, que por ese entonces militaba en la B Metropolitana. Integró la división Reserva, pero al tiempo fue promovido a Primera División. Al poco tiempo el Bohemio ascendió a la B Nacional. Euge debutó en esta divisional. Su estreno fue de película. El 26 de noviembre de 2019 decretó el empate en un gol entre Atlanta y Temperley.
Oli comenzó a ganar terreno, pero la pandemia de Covid-19 modificó el escenario del elenco del barrio porteño de Villa Crespo y del atacante entrerriano. Firmó su primer contrato profesional, pero en busca de mayor rodaje buscó alternativas. “Tuve ofertas de Flandria y de Sacachispas. Elegí Sacachispas por una cuestión de comodidad ya que no tenía que mudarme o viajar todos los días”, explicó.
“En Sacachispas me encontré con un equipo ganador, un equipo asentado y en el que era muy difícil entrar. Comencé a ir al banco, y apoyar desde donde me tocaba porque el equipo venía bien y cuando un equipo gana, habitualmente no se toca la formación”, subrayó Olivera, que jugó 20 encuentros con la camiseta del Lila, pero solamente uno de ellos formando parte del 11 inicial.
Asimismo, aportó su grano de arena para que el conjunto del barrio porteño de Villa Soldati escribiera la página más importante de su historia. “Fue la primera vez que Sacachispas ingresó a un reducido de la B Metro, y el equipo ascendió”, valoró Oli.
“Sacachispas es un club hecho a pulmón y corazón. Lo maneja el presidente junto a su esposa y su hija. Ellos se encarga de hacer todo a nivel institucional. Son contados con los dedos quienes están en el club todos los días, pero hacen un montón”, describió.
El sacrificio que realiza el Lila en el día a día se asemeja al esfuerzo que realizó Eugenio, junto a su la familia, para sostener su carrera. “El sacrificio está por encima de todos. Uno puede tener talento, pero si no le mete ganas en el entrenamientos no sirve lo que haces en las dos, tres horas que uno está en el club. Después hay 21 horas más donde hay que hacer todo bien para esas tres horas en el club resalten más. Cuando era más chica no era tan consciente lo que hacía. Ahora me doy cuenta de lo que hicieron mis viejos por mi. A ellos nadie le regaló nada. Ahora valoro más el sacrificio de ellos cuando estuve en Independiente al pagarme el alquiler. Ellos me dieron todo. Siempre le estaré agradecido a mis viejos”, cerró.















